TRES MOCOSAS ACOSADORAS, TRES
A mi dilecta prima María José, porque hoy, sábado, 17 de noviembre de 2007, cumple años; ergo, recibe, “Fina”, con cariño y de corazón, mis muchas, sentidas y sinceras ¡felicidades!
“Y fueme peor, como vuesa merced verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.
Francisco de Quevedo y Villegas
Leo y releo la noticia y no salgo de mi asombro. Como sigamos transitando por los derroteros que frecuentamos, no sé adónde vamos a ir a parar. Dentro de nada, los acosados (si no lo han sido ya –suceso que no me extrañaría un pelo que hubiera acaecido-) pasarán a ser los propios padres de las tres mocosas, tres, macarras.
Esta semana la Fiscalía solicitó un régimen de libertad vigilada, eso sí, con la preceptiva e inexcusable orden de alejamiento, para las tres menores malhechoras, de 14 y 15 años, de Benamocarra (Málaga), que el pretérito 28 de septiembre dieron una presunta somanta (resulta complejo incluir la tunda en los contornos del término “chiquillada”) a una compañera de colegio, de 13 primaveras, que grabaron con el teléfono móvil de una de ellas; y cuarenta días después, el jueves pasado, 8 de noviembre, le quemaron la mochila.
En torno a la denuncia que presentó el colegio Eduardo Ocón, donde estudian las menores mencionadas segundo curso de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), ante la Benemérita, debido a los dos hechos arriba reseñados, las niñatas han tenido que declarar ante la Fiscalía, que les imputa los delitos de acoso escolar, lesiones e injurias, y comparecer ante la titular del Juzgado de Menores, número 2, de Málaga.
Tras la agresión de finales de septiembre, las tres adolescentes-verdugos fueron expulsadas del colegio durante un mes. A la semana de haberse reincorporado, han protagonizado el segundo de los lamentables episodios.
Con irrebatible e irreprochable criterio, Micaela Navarro, la responsable de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, habiendo sido preguntada al respecto, acertó al reconocer y argumentar que las administraciones públicas están obligadas a erradicar los comportamientos reprensibles de las tres mocosas acosadoras, tres, pero no menos lo están los padres de las tres contumaces, mentadas y mentecatas, tres, menores macarras.
Ángel Sáez García
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