EL CORO O CORTEJO NO DEJA VER AL SOLISTA
(DE “EL SOLITARIO” A “EL ACOMPAÑADO”)
“Todo verdadero artista que ha cubierto más de la mitad de su trayectoria ha aprendido, al menos, esto, que toda persona como él, en sus mismas, parecidas o semejantes circunstancias, o sea, todo virtuoso profesional que se precie de serlo, siempre lleva prendida en el alma su independencia de criterio, quiero decir, que no anda prendado más que de su discernimiento o juicio propio”.
Florentina Baldamero
Hoy, jueves, 17 de enero de 2008, después de dar las 14 horas en el reloj de la Plaza de los Fueros o Nueva y dejar atrás las muy queridas y frecuentadas instalaciones de la biblioteca pública de Tudela, sita en la calle Herrerías, he encaminado mis pasos hacia el domicilio que comparto con mi señera y señora madre, Iluminada, a fin de comer, como hago habitualmente, en su grata compañía.
Habiendo dejado a unos cien metros, a mis espaldas, el quiosco y mediada la subida de Miguel Eza, he echado un vistazo hacia mi izquierda, en concreto, a la sede del Palacio de Justicia, ubicado en la calle Pablo Sarasate, y a la acera de enfrente, donde, como era de prever, bajo los soportales, si no lo ha visto usted, desocupado lector, por televisión, se lo narra de buen grado el menda lerenda, había bastante gente y no menos de una decena de trípodes donde suelen colocarse y encajar las cámaras televisivas.
Supongo que, desde que le echaron el guante en Portugal, a Jaime Giménez Arbe, cuando no está entre rejas, donde la soledad acaso siga siendo su asidua compañera de viaje, el mote que le pusieron los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, “El Solitario”, su alias de delincuente, que, en verdad, le venía como alianza al anular o le cuadraba, la fama (“la popularidad es la gloria en calderilla”, sentenció Victor Hugo) y la opinión pública y la publicada se lo han mudado por su contrario u opuesto, “El Acompañado”.
Ángel Sáez García
[email protected]