MIENTRAS DESCANSABAS, MI ÁNGEL
Anoche pedí a un arcángel
Que fuera tu guardaespaldas;
Que protegiera tus caldas,
Mientras descansabas, mi ángel.
Volvió al instante el arcángel.
Yo le pregunté, muy serio:
“¿Por qué sí en broma y no en serio
Te has tomado hoy tú mi ruego?”.
Me objetó: “¿Juega con fuego,
O no, quien arma un tiberio?
No necesita un arcángel
Que lo proteja otro arcángel”.
Ángel Sáez García
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