EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Ya sabes qué adujo y/o escribió en letras de molde Oscar Wilde: “La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella”.
Espero tres cuartos de lo que deseo: que mañana te encuentres inspirado y, tras aliarse tu intuición con tus conocimientos, los pronósticos de la quiniela escaseen. Me consta que no vas tan mal preparado como aquí, con tu apostilla, has pretendido dar a entender.
No obstante, como el factor “suerte», en ciertas ocasiones, es determinante, que no te falte.
Aprovecha las horas que te quedan para dar un último repaso a la materia y memorizar lo precipuo.
A veces, solo a veces, la literatura tiene carácter profético. Lamento tener que asegurar que en el día de la fecha no es el caso. Hoy, verbigracia, tú has aprovechado que el Pisuerga pasaba por Valladolid para entrar en combate “en buena lid” (locución adverbial encerrada claramente entre comillas irónicas) o que el Guadiana volvía a aparecer para hacer en uno de sus Ojos o guas diana.
“Roque” aquí, más que torre o carro de guerra, significa, según la segunda entrada que también admite y/o recoge el DRAE, que está dormido o anda “RIPando”, o sea, descansando en paz. El apellido Cruz se lo adjudiqué, porque el sujeto al que anda sujeto este menda, quiero decir, yo, solía tener en la boca la expresión habitual (proverbial en él) “¡qué cruz!”.
Como asevera con aplomo (significando aquí “circunspección” o “prudencia”) mi amigo Emilio González, “Metomentodo”, está claro, cristalino, que, mutatis mutantis, yo debería hacer ahora lo que otrora hiciera Gustave Flaubert en lo concerniente o tocante a su personaje de Emma Bovary, esto es, que reconociera que Roque Cruz soy yo. Ergo, por mor de ser coherente, salto al coso y tal cosa hago.
Cuando muera, que algún día lo haré, no me enteraré de nada. Pero hoy, en puridad, el día que urdí la espinela en cuestión, reparé en esto, en que me molestaría un montón que el día de mi óbito (“ennichamiento” o enterramiento, que no miento, o incineración) quien no me hubiera tratado me retratara, o aún peor, que quien me hubiera ninguneado a machamartillo durante toda mi vida trenzara mi necrológica.
Te agradece, como siempre, el comentario (dividido en dos) quien aprovecha la ocasión para saludarte y con aprecio y arte abrazarte,
Ángel Saéz García
[email protected]