El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Cuántas razones de peso contiene el primero de los párrafos de tu último escolio, pleno de palabras sensatas, reflexivas.

Coincido con la idea que subyace en lo que aduces o sostienes: de poco sirven la inteligencia y la memoria si no van acompañadas por la fuerza de voluntad.

Te agradezco la muestra de honestidad (quiero decir, que te guardes la piedra en el bolsillo), porque aquí nadie está libre de culpa.

¡Mira si eres un eremita coñón! ¡Has venido a coincidir con la tesis que irradia mi décima, a cerrar el círculo o completar el bucle!

Todos los días, por razones varias, mueren seres humanos. Como sabes, cada vez que tengo conocimiento de un nuevo óbito no puedo dejar de rememorar los clásicos versos de John Donne, de los que echó mano el premio Nobel Ernest Hemingway para titular una de sus novelas, “Por quién doblan las campanas”.

Hoy, tras conocer las muertes, por diversas causas o motivos, del sacerdote Miguel Pajares y el actor Robin Williams, me apetece recordar una frase que el último dice en la película por la que mereció el Oscar, “El indomable Will Hunting”: “Nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro”.

Somos legión los que, poco antes o después de estrenar nuestra mayoría de edad, debido a nuestro brío o ímpetu, nos vimos empujados o impelidos a confesar que nos íbamos a comer el mundo. Unos antes, otros después, nos hemos dado cuenta de esta verdad: a pesar de nuestra mayor o menor oposición, todos, sin excepción, fuimos devorados por él.

Con la décima que comentas, he querido dar a entender que, una vez tuve noticia del último barómetro o encuesta del CIS, volví a mis rutinas, a coger mi libreta y mi pluma para dar mi parecer sobre alguno de los diversos resultados que suministraba la muestra.

Volví a comprobar la vigencia de la idea que un día leí en el Eclesiastés: “Nihil novum sub sole” (“No hay nada nuevo bajo el sol”). Hasta a la nueva formación política o partido que ha brotado con potencia, Podemos, cabe hallarle canas. Quien haya leído “El gatopardo”, de Guiseppe Tomasi di Lampedusa entenderá qué tesis he pretendido rememorar: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Como ves, no has ido en tu escolio tan desencaminado.

Te saluda, aprecia y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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