El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Autor sin parangón, persona odiosa

AUTOR SIN PARANGÓN, PERSONA ODIOSA

(POR NO HABER DOMEÑADO SU SOBERBIA)

“La intuición le dirá a la mente pensante dónde buscar lo siguiente”.

Jonas Edward Salk

Ahora que a varios intelectuales (filósofos, novelistas, poetas, cineastas,…), ellas y ellos, les ha dado por saltar a la arena política, me apetece un montón dejar constancia aquí, en la bitácora que gestiono, el blog de Otramotro, para su consideración, de mi peculiar perspectiva sobre el asunto en cuestión. Tengo para mí que haber escrito páginas inmarcesibles o haber filmado secuencias imperecederas no hace al autor o autora de las mismas un ejemplo de ecuanimidad, ni un espejo de probidad moral, ni un referente de empatía ni de tolerancia ni de solidaridad. Uno/a puede ser padre/madre de prosas/versos inolvidables y haber defendido a ultranza lo indefendible, verbigracia, los mil y un desmanes de un dictador. Uno/a puede ser un/a estupendo/a urdidor/a de verdades/ficciones y dejar mucho que desear como persona.

Como todo aquel (ella o él, Raquel o Abel) que, desde que el mundo es (in)mundo, se ha ocupado y preocupado por profundizar un poco en el tema sabe, nunca hubo, no hay hoy, ni habrá mañana, un solo ser humano que no tenga guardado a buen recaudo, bajo llave, en la caja fuerte de su conciencia un suceso inconfesable. Toda persona ha errado alguna vez en su vida. La causa de dicho yerro cabe hallarla en un pensamiento, en una obra o en una omisión.

Si, como más de un crítico literario sostiene (tras aducir diversas razones incontrovertibles al respecto), otrora hubo un galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura que tuvo un pasado censor y, además, fue acusado con motivo de haber cometido un plagio flagrante, ahora hay por ahí un escritor como la copa de un pino que ha protagonizado un rosario o serie de hechos censurables y ha quedado a los ojos de quien le ha cogido en los mentados renuncios como un vulgar y zafio censor, como un hacedor soberbio que, por no haber rendido, sometido o sujetado, a tiempo, cuando correspondía, su envanecimiento, que no miento, ha devenido en soberbio hacedor.

El sábado 22 de noviembre de 2014, en la página 37 de EL PAÍS, Jordi Soler publicó (o al mencionado le publicaron), bajo el marbete de LA CUARTA PÁGINA, la tribuna abierta titulada “La telaraña”. En el tercer párrafo de la misma se puede leer lo que sigue: “Hoy para hundir a un político, a un empresario o a un futbolista, basta husmear en la cauda informática que va dejando en la Red y, como se trata de una telaraña, es muy difícil borrar todos los rastros. Hay una multitud que tiembla ante la posibilidad de que aparezca una filtración que desvele un fraude, una confidencia comprometida o bochornosa (…)”. Mi propósito, a la hora de ponerme a trenzar este escrito, no ha sido hundir a nadie, pero sí (en el supuesto de que el destinatario señero de este texto pase su vista por el mismo) impartirle la lección que o no le dieron o no aprendió o no asimiló en su momento a quien ha obrado como un burdo censor. Abundo en lo que asevera Soler, “es muy difícil borrar todos los rastros”. Y más si alguien (el menda, en este caso) tuvo la corazonada de que, tras no publicarle el grosero o tosco en los modales y falto de tacto en su proceder un escolio pertinente, cabal, podía acaecer lo que al final ocurrió y, por eso mismo, además de hacer y guardar las capturas de pantalla o “pantallazos” correspondientes, sacó copias de todos los comentarios que hizo (y le fue publicando en su bitácora el autor sin parangón, mas persona odiosa), incluido el indicado (que vetó), para que quedara certeza evidente de los mismos.

Ángel Sáez García
[email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído