¡FELIZ NAVIDAD 2015!
Por Jesús Arteaga Romero
Os anuncio con gran gozo
que ha plantado aquí su tienda
el que manda allá en el Cielo
y obedece aquí en la tierra.
Es un hijo de David
a quien doy la enhorabuena
porque de Él salió el retoño
que alargó su descendencia.
Es la LUZ que tiempo ha
prometieron los Profetas;
es la LUZ que resplandece
en los pueblos que la esperan
con respeto y reverencia
para ser siempre la FUERZA
de los pobres que mantienen
la ilusión en su pobreza.
De una Virgen ha nacido
ese Niño de otra esfera
y así Dios se nos encarna
en el humus de la tierra
cobijándose en las pajas
esparcidas de una cueva,
vislumbrada en la penumbra
de las noches de Judea.
Por el Niño que ha nacido
hoy los Ángeles se alegran;
y se alegra el refugiado
que va huyendo de su tierra
con la lógica esperanza
de encontrar su casa nueva,
olvidando la amargura
que en su propia tierra deja.
Es el Niño que nos trae
cosas buenas en su cesta:
trae PAZ para los hombres
pero algunos la desprecian;
trae AMOR que, con ternura,
siempre sale bien la mezcla,
pero están los yihadistas
empeñados en romperla.
Es un año en que las crisis
van minando y dejan huellas:
No va bien la economía,
los parados no se quejan;
y la gente se confunde
al surgir tantas ideas
que nos crean “Movimientos”,
pero nada nos arreglan.
Hoy mirar hacia Belén
sí sería buena idea:
compartir las esperanzas,
compartir las mismas sendas;
compartir las ilusiones,
compartir las mismas metas
y mirar siempre de frente
a ese Niño de la Cueva.
Esa puerta de Belén
para todos queda abierta:
Queda abierta para el pobre,
habituado a su pobreza;
queda abierta para el rico
que ya duda en su conciencia;
queda abierta a los creyentes
y al que tiene otras creencias.
Queda abierta al egoísta
que ganar tiene por meta.
Queda abierta al que mantiene
sus orgullos con firmeza;
queda abierta a los yihadistas
que, empeñados en su guerra,
para dar miedo a las gentes
que conviven en sus tierras.
¡Hoy mirar hacia Belén
no sería mala idea…!
Pues las cosas cambiarían
más por dentro que por fuera.
Estaríamos los hombres
más cercanos a la Cueva
respirando de ese Niño
esa Paz que trajo a tierra.
Jesús Arteaga Romero