El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Erijo un monumento con palabras?

¿ERIJO UN MONUMENTO CON PALABRAS?

ENSALZO LA EXCELENCIA DONDE LA HALLO

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.

Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Bertolt Brecht

   No miento (del verbo mentir) cuando miento (del verbo mentar) que me dispongo a meter las manos en la masa, o sea, a dar cuenta (no es un cuento, aunque lo parezca) de las cuatro patas que acaba de suministrarme (inspirarme lo llamarán otros, seguramente) mi hermosa musa (que, como gusta exhibir la gama completa de los colores, a nadie le extraña que la llame por su gracia de pila, Iris), para probar si la mesa cojea, porque, como no lo haga, lo tendré claro, cristalino, y esta será digna de ir a misa.

Desde que era un crío (antes, en Tudela, usábamos más la voz “muete”), desde que adquirí algunas nociones básicas sobre cómo ha de usarse la razón, a distintos educadores les he escuchado aducir o leído la misma o parecida y aleccionadora recomendación: se puede airear el nombre del pecado, pero se debe callar el nombre del pecador. Conjeturo meridianamente el porqué (no pongas el rostro de nadie dentro de una diana y nadie colocará tu cara en el disparadero). Así pues, conviene sacar a la luz la actitud o el comportamiento que hay que corregir, pues merece oportuna enmienda, pero sin señalar con el dedo índice ni con ningún otro, ni con la tinta azul del BIC ni con la negra de las teclas del ordenador/impresora que uses, a quien metió la gamba, cometió la falta o incurrió en el error. Los ciudadanos romanos, que veintitantos siglos antes habían llegado a idéntica conclusión y verdad, la concentraron en este latinajo: Errare humanum est, sed perseverare diabolicum (“Errar es humano, pero obstinarse en errar es diabólico”). Ahora bien, de esta verdad incontestable, irrefutable, he colegido o deducido otra del mismo jaez, pero de recorrido opuesto: ensalza la excelencia donde la halles.

No se sabe a ciencia cierta (al menos, servidor —confiesa, sin ambages, su ignorancia— lo desconoce) quién fue la primera persona sobre la faz de La Tierra, un genio, sin duda, que tuvo el gesto (“el gesto es lo que cuenta” es, traducida, frase que suelen iterar los franceses), una gesta, de dar las gracias, esto es, que hizo el descubrimiento o el hallazgo inmarchitable de mostrarse agradecido con quien lo benefició.

Sí se sabe que fue un sueco (que, al parecer, mientras andaba ideando el impecable, imperecedero e implacable pensamiento que sigue —como acarreaba una certeza como un templo, con el lento trascurso del tiempo, devino en adagio—, no se hizo el tal, el sueco) quien se sacó del magín esta sentencia apodíctica: una alegría compartida es una alegría doble; una pena compartida, la mitad de una pena.

Don Santiago Ramón y Cajal, en “Charlas de café” (1920), escribió que “hay tres clases de ingratos: los que callan el favor, los que lo cobran y los que lo vengan”. Así las cosas, como el abajo firmante de estos renglones torcidos detesta (y por eso huye de) comportarse como uno de los tres tipos de desagradecidos que advirtió el Premio Nobel de Medicina de 1906 entre sus congéneres, a todas las persona que acudieron (y a cuantas, por diversos motivos, no pudieron desplazarse físicamente, pero estuvieron allí en espíritu —deseo mencionar entre estos guiones largos a los cuatro componentes del grupo “Las gafas de Mike”, Javi, Txetxu, Jon y Mikel, que amenizaron el acto con sus guitarras y voces y demostraron admirar a mi sobrino Jorge tanto como él los admira a ellos; a los tebanos Sergio Iturre, “Pucherico”, presidente de la Peña; Jesús Manuel García, “Fitín”; Alfredo Sarnago, “Purillo”; y Pablo Mugueta, “el Flaco”, coorganizadores del fiestón que le prepararon al imprescindible y “Supertebano”; a mi cuñada Elena y a mi hermano Jesús María, “el Chichas”, progenitores de la criatura; a su hermano Íñigo, que lloró como una Magdalena de emoción; a sus tíos y primos; a sus amigos, a los padres de sus amigos y a los amigos de sus padres—), a todos, sin excepción, los que el sábado pasado, 14 de los corrientes, se dieron cita en la sede de la Peña “La Teba”, a fin de felicitar a mi sobrino Jorge, que hoy, precisamente, 18, llega a la mayoridad, cumple los dieciocho, mediante estas líneas, les doy, de corazón, mis gracias más sentidas y sinceras, y con las palabras que he usado en este texto intento erigirles, por habérselo ganado a pulso, un emotivo y metafórico monumento.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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