El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Las dos paletas de Isis, jarrón chino

LAS DOS PALETAS DE ISIS, JARRÓN CHINO

Hoy, esta tarde, durante la siesta, ha vuelto a gravitar sobre mi “cronotopo” el eterno retorno, quiero decir, que ha vuelto a suceder lo acostumbrado, porque también he soñado con Isis, en concreto, con sus dos paletas (me refiero, por supuesto, a sus incisivos, los dos dientes situados en la parte central y delantera del paladar superior de su boca) blanquísimas.

Habrá quien, aunque no la conozca, por lo inferido de lo urdido por servidor (y leído por ella o él, el lector elector, selector), acaso juzgue que estas serán prominentes, pronunciadas, como las de un conejo, vaya; pues no; lamento tener que enmendarle la plana y comentarle que marra morrocotudamente. Quien sigue narrando asegura que, si hay dos paletas perfectas, estas son las de Isis y las de cualesquiera otras personas que las tengan como ella, claro. Ignoro si hay quien ha empezado a pensar que Isis podría ser una chica Playboy. Con todo, he decidido mojarme y, por tanto, aseveraré que podría pasar por una conejita tal, sí, pero sin serlo, en sentido estricto.

Sigmund Freud ya hubiera resuelto el acertijo o enigma. ¿Dos paletas de conejo? Quien se quede con el vocablo postrero, conejo, sea joven o viejo, acierta.

Isis es el jarrón chino de dos asas que no quiere hacer añicos o trizas y, por eso, no va beodo, viendo doble o haciendo eses, el abajo firmante, servidor. Puede que la comparación con un jarrón chino, de incalculable valor, símil que comparte con los expresidentes del Gobierno de España, no sea la más justa o cabal, pero he vuelto a constatar que la dicha cuadra o encaja perfectamente, como alianza en el dedo anular, con la susodicha.

Calculo que al talentoso Freud le hubiera dado tiempo a proponer una segunda solución válida a las dos paletas refulgentes de Isis. Estas acaban de darle el primer mordisco a una manzana del árbol prohibido, o sea, de caer en el pozo del pecado, tras abrirle la puerta, de par en par, a la tentación, al echar mano o poner en marcha o práctica el método Wilde, pues, según este, la única manera de librarse de la tentación es caer en ella.

Acaso haya otra plausible y posible exégesis o explicación a las dos paletas esplendorosas de Isis. Estas son el espejo y el reflejo de las gafas de sol que usa mi musa. Cuando se las quita, deja a la intemperie sus ojos, que, oh, pura coincidencia, parecen los de una fémina china, que nos lleva o retrotrae, directa y precisamente, a la imagen valiosa, valiosísima, anterior. Y esto, lo juro por Tutatis, no es un cuento chino.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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