El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Pizarra que soporta toda tiza

PIZARRA QUE SOPORTA TODA TIZA

“—Señoría, si lo que usted acaba de aseverar es verdad irrefutable, que todos los ciudadanos, ellas y ellos, como así se afirma en el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, somos iguales ante la ley, ¿por qué usted, antes incluso de redactar el fallo o tras firmar la sentencia de este procedimiento judicial, puede suicidarse y yo no? ¿Acaso usted tiene más derecho que yo a gozar de ese privilegio?”.

   Edurne Gotor, “Metonimia”, en “Proceso judicial a la eutanasia”.

La memoria es una pizarra que soporta toda tiza. Cuando esta atiza a los otros, los contrarios, partidarios de propagar y/o hacer más duradero el erebo, mejor la aguanta. Todo quisque usa el pasado a su conveniencia, o sea, con la clara pretensión o propósito de sacarle el máximo beneficio o provecho, ora para defender sus ideas, las que sean, ora para incrementar sus intereses, que, por ser suyos, suelen ser, amén de legítimos, lícitos. Así las cosas, ¿qué hacemos hoy con el presente, cuando este carece de futuro?

Vivir puede ser una experiencia maravillosa y a nadie le extraña que haya quienes la identifiquen con días de vino y rosas, como miento (del verbo mentar). Ahora bien, vivir puede ser, asimismo, una experiencia infernal, y a nadie tampoco le extraña que no falten cuantas/os la identifiquen con días de un dolor insoportable, de horrible sufrimiento. Y no miento (del verbo mentir).

No hay hombre (hembra o varón) que no se aferre al hierro candente de la vida, siempre que halle un motivo o haya una razón por el/la que vivir.

Cuando la vida se reduce a una existencia carcelaria, en la que el diuturno dolor ya no lo logra mitigar una dosis mayor de morfina; cuando, rememorando el celebérrimo microrrelato del escritor guatemalteco Augusto Monterroso, tras soñar y despertar, uno vuelve a sentirse poseído por el mismo demonio de la esclerosis múltiple, ¿no debería ser libre para proceder, verbigracia, de esta guisa: despedirse de sus seres más allegados y liberarlos de la condena que injustamente, velis nolis, les había impuesto, del bacilo que les había inoculado de estar pendientes de él por una torticera operación transitiva?

Teniendo en cuenta que Albert Camus arranca su ensayo “El mito de Sísifo” así, “no hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”, ¿qué juez (ella o él), si este es honesto, se negará a admitir que cualquier ciudadano (hembra o varón, enfermo o no) debe tener la misma capacidad que dispone él para poder poner fin cuándo y dónde sea a su vida?

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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