El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Una y no más, santo Tomás (de aquí no)

UNA Y NO MÁS, SANTO TOMÁS (DE AQUÍ NO)

La primera y única vez que accedí (acaso sea también la última que me avenga a coparticipar en otra charlotada) a que me hicieran una entrevista radiofónica, el cobarde locutor, mitad gusano, mitad “sacarrisas” (más que humorista) que me la hizo, era, además, tan vago que me formuló las mismas preguntas que obraban o contenía un supuesto cuestionario que fue pergeñado, según unos, por Paz, Octavio, y, según otros, por Proust, Marcel.

Como había leído en algún sitio (no sabría decir aquí y ahora, a ciencia cierta, ni dónde ni cuándo) que alguien, un redactor, se había acercado a la casa bonaerense de Jorge Luis Borges y le había dejado el mismo cuestionario para que un alma caritativa, fautora, le echara una mano y le ayudara a poner por escrito sus respuestas (el susodicho u otra persona del semanario se pasaría, unos días después, a recogerlo); y recordaba, por aguda, cortante, e irónica, la contestación que, según el o la amanuense o copista, había dado el ciego sabio a esta concreta cuestión (¿Qué opinión le merecen los viajes espaciales?): “Bueno, todos los viajes lo son, ¿no?”, pretendí completar o complementar la sutileza del maestro y agregué esto: “La misma que tengo para los temporales. Porque, para que haya desplazamiento, viaje, más corto o más largo, debe haber, necesariamente, cambio de lugar y, asimismo, cambio de tiempo, salvo que uno sea Dios y, por tanto, ubicuo, o, en su defecto, santo, capaz de bilocarse, o sea, estar en dos sitios a la vez. Confío, deseo y espero que usted abunde conmigo, al menos, en este parecer específico; aunque he de reconocer lo obvio, que algunos viajes son, ciertamente, más especiales que otros; como algunos licenciados (ellas y ellos) cuentan, por ejemplo, que fue su paso del ecuador, que coronaron en el extranjero (seguramente), tras superar el tercer curso de (la) carrera; o como narran quienes matrimoniaron y fue el que culminaron, tras la boda, recién casados (y no ‘de novios’, como suele decir y repetir, cual papagayo, la gente que no piensa lo que dice, cometiendo un error de bulto, aunque, como descargo, acaso convenga apuntar y quepa aseverar, asimismo, por pertinente, sin faltar por ello una pizca a la verdad, que lo diseñaron mientras sí eran tales, novios)”.

Recuerdo que, mientras subía, sin aparente esfuerzo, los escalones que me acercaban al segundo piso, donde tenía su sede la emisora, me brotaba o surgía la sensación de estar escalando, sin faltarme el oxígeno, el Everest. Sin embargo, cuando acabó la atormentada astracanada, mientras huía del infierno, bajando de dos en dos esos mismos peldaños, con el orgullo arrugado, chamuscado, solidificado y roto, mitad hecho añicos, mitad hecho trizas, recordé la patria chica de un filósofo, Aquino, repitiéndome para mis adentros, ya acertando, ya errando, una y otra vez, la proverbial lamentación que suele precederle y acompañarle (cual pareja de baile): “Una y no más, santo Tomás (de aquí tampoco)”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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