El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Qué casualidad, qué causalidad

QUÉ CASUALIDAD, QUÉ CAUSALIDAD

Estos días estoy leyendo “Un amor”, de Sara Mesa. Hace algunas jornadas, pasé mi vista por una crítica elogiosa que sobre dicha novela había aparecido publicada en Babelia, el suplemento literario de los sábados de EL PAÍS, y se la solicité con especial encarecimiento a Pilar, la diligente y servicial responsable que, a la sazón, a esa hora precisa de ese día concreto, atendía amablemente a los usuarios de la zona de adultos de la biblioteca pública de Tudela, mi segunda casa, antes incluso de que la citada obra hubiera llegado a las librerías. He dado feliz remate a la primera parte (de las tres en las que ha dividido su autora la misma).

Reconozco que no me había llevado a los ojos ninguno de los varios trabajos que había editado (mejor, le habían editado) con anterioridad; ni sus novelas, ni su colección de relatos “Mala hierba”, ni su ensayo “Silencio administrativo”. Pero sí leí el sábado pasado, 3 de los corrientes mes y año, en la página 11 del diario EL PAÍS su tribuna, titulada “Escribir a pesar de todo”, que me petó (agradó), en la que subrayé algunos renglones, los que consideré interesantes, precipuos, lo usual en mi modo de proceder cuando leo, y rodeé la preposición “a” que usa al inicio del segundo de los parágrafos que contiene su extenso artículo. Me llamó la atención que echara mano de la “a” en la expresión “lo que subyace a todas estas preguntas es (…)”. Este menda hubiera usado, por más pertinentes para el caso, según su particular modo de ver y parecer las cosas, las preposiciones bajo, en o tras. Está claro, cristalino, que cada quien es cada cual o, como releí recientemente en el capítulo XXXVI y final del “Quijote” de Avellaneda, “cada loco con su tema” (expresión, por lo visto y leído, de rancio abolengo).

Confieso que no suelo ver (y escuchar, se sobreentiende) “Saber y ganar”, el decano de los concursos televisivos, en la 2 de TVE. Pero ayer, jueves, 8 de octubre de 2020, por la tarde, mientras zapeaba, me di de bruces con él. En ese preciso momento, el presentador, Jordi Hurtado, para quien parece que no pasan los años (no me extraña que alguien, de forma malintencionada, haya hecho circular la mala nueva o especie de que ha rubricado un pacto con el diablo), le hacía a una de las dos concursantes en pantalla esta pregunta: ¿Qué es una permuta? Y ella acertó al contestar que un intercambio. Bueno, pues, he recordado ambas, pregunta y respuesta, nada más acabar de leer, una hora larga después, la página 69, que pone fin a la primera parte de la susodicha novela de Mesa.

Ignoro si el hecho ha sido una mera casualidad o una pura causalidad, pero, para no destriparle al atento y desocupado lector (ella o él) el disfrute que le aguarda, si decide decantarse por remedar lo que viene haciendo servidor, leer “Un amor”, me limitaré a señalar la original y sutil manera que se ha sacado de la manga de su camisa o de su chistera (es una forma metafórica de llamar así a su magín) y se la ha cedido generosamente a uno de sus egos experimentales (por usar la misma locución que utilizó Milan Kundera para referirse a los personajes literarios), el alemán, que ha propuesto a Nat cierto trueque, permuta o intercambio indecente, que esta ha rechazado, aunque el excremento del diablo, el dinero contante y sonante, no hubiera mediado entre ellos.

Y, como queda escrito arriba cuanto había previsto y proyectado teclear, me dispongo a coronar este texto con el consabido punto final y mi habitual firma electrónica.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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