JUNTÁRONSE SU DON Y SU CONDENA
Habiendo desechado lo imposible,
Cuanto quede e improbable no parezca
Será la verdad neta, aunque apetezca
De lo que conmociona al impasible.
Habrá quien considere incomprensible
Que la felicidad plena anochezca,
Tan raudamente acabe; y no amanezca
Hasta un lustro después. ¡Fénix risible!
Durante esos cinco años, de gran pena,
Anduvo urdiendo aquello que explicara
Por qué el amor huyó sin ser usado.
Consensuaron su don y su condena
Anotar cuanto su estro les dictara
O con lo que él se hubiera engatusado.
Ángel Sáez García