El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Usaré la variante susodicha?

¿USARÉ LA VARIANTE SUSODICHA?

Está y veo claro, cristalino, que cada quien contará la feria (fuera esta del jaez que fuera) según le fue en ella. Imaginemos una feria del libro normal, no una en tiempo de pandemia, que pudo no celebrarse (por razones obvias) o posponerse, tal vez, unos meses (para cuando, según cálculos prudentes, la inmunidad de rebaño fuese una realidad palpable, tangible), verbigracia. Cada responsable de cada grupo editorial y cada autor, ella o él, con caseta o puesto en la misma, la narrará según las expectativas que hubiera hecho en lo tocante a firmas y venta de ejemplares. Si estas fueron altas y se consiguieron, seguramente, sentenciará: “Miel sobre hojuelas”. Si fueron altas, pero no se lograron ni rozaron, acaso haya gravitado sobre su caletre la idea de haber fracaso con estrépito. Si fueron moderadas y se cumplieron, juzgará que el caso o la cosa fue bien; si las firmas y las ventas las sobrepasaron o superaron con creces, el adjetivo que escogerá será el notable o incluso el sobresaliente para calificar el hecho. Y si fueron inferiores, tal vez le haya brotado al hacedor (hembra o varón) una decepción, más o menos (in)esperada. Si fueron bajas, el autor casi casi rayó el éxito, en su diversa o variopinta gradación.

En tales casos, acaso convenga adoptar o compartir la teoría de mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, que acostumbra a defender la tesis de que hay que ser ambiciosos, pero no confesarlo nunca, u ocultarlo (siguiendo el “ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”, que adujo André Maurois). O proclamar solo una esperanza moderada, para no llevarse luego un chasco morrocotudo.

Los dos párrafos precedentes vienen a cuento de algo que me ha llamado la atención, que ocurre, ordinaria o regularmente, en esta nuestra vida; que, unas veces, un aspecto o una parcela de la verdad de las ficciones puede o viene a corresponderse con otro aspecto u otra parcela de la verdad de la realidad pura y dura; y, otras veces, a contradecirla, a contestarla, a contrarrestarla, a complementarla o completarla.

Casi todos los ciudadanos del orbe me(ri)dianamente (in)formados saben que George Orwell, seudónimo literario de Eric Arthur Blair, escribió su novela “1984”, en 1948. Bueno, pues hoy he caído en la cuenta (no en la cuneta, como había escrito al principio; no es la primera vez que me pasa) de lo que Camilo José Cela escribió en el primer parágrafo de la dedicatoria (de los dos de que consta la susodicha) que antepuso a su novela “San Camilo, 1936”: “A los mozos del reemplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia”.

No, no ocurrió durante el verano del 73, sino un año más tarde, en 1974. Durante quince días de dicho estío, los que disfruté a tope en Navarrete (La Rioja), a pesar de que yo fui el único aspirante del cursillo propedéutico o preparatorio que no recibió una sola carta de su familia (de luto, pues mi abuela paterna Gregoria, “Goya”, falleció al día siguiente de desplazarme en autobús al seminario menor San Camilo, hoy hotel), podría escribir sin faltar un ápice o pizca a la verdad la misma dedicatoria “camiliana” o “celiana”, mudando unas pocas palabras: “A los cursillistas camilianos del 74, todos ganadores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia”.

Puede que, cuando trence la novela sobre los tres cursos académicos, de Sexto a Octavo de Educación General Básica, EGB, que gocé allí, mi cielo o el mismo paraíso en el planeta Tierra, utilice esa misma dedicatoria (con las mudanzas evidentes, claro).

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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