¿¡QUÉ HARÍA YO, SI NO TUVIERA MIEDO!?
Desde que el infinito erecto, el ocho
De los corrientes mes y año, sí, jueves,
Tu corazón se desbocara, mueves
Con tiento, poco duermes y estás pocho.
Barrer tendrás y que pasar el mocho
A tu alma peregrina; que renueves
Será fundamental; te darán nueves
Cuando vea la luz tu libro, el tocho.
Tras hacérmelo encima, sé que hiedo.
No obstante me he duchado doce veces,
Sin parar de rezar sin cuento preces,
Aunque esté en Tenerife, no en Oviedo,
No me quito ese indócil hedor a heces.
¿¡Qué haría yo, si no tuviera miedo!?
Ángel Sáez García