CUANDO A TAMARA CATO EN LA OFICINA
Cuando verseo de la dopamina,
Que marca el ritmo fijo o repentino
Al que una orquesta ha de tocar con tino
Una pieza, asevero: nos domina.
Cuando a Tamara cato en la oficina,
Siento que se despeja mi destino
Y que hago bien diciendo que un comino
Me importa Iris, si invita a su cocina.
Y luego a otras estancias de su casa,
Donde este menda vuelva a ser un niño
Feliz, al recibir tanto cariño
De quien mujer es que de mí no pasa.
Si el sí me da Tamara, he aquí mi reto,
Trenzarle cada sábado un soneto.
Ángel Sáez García