MIGRAR, PARA ALCANZAR LA CORNUCOPIA
¿Acaso tú, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario) de los siguientes renglones torcidos, no harías, en idénticas o parecidas circunstancias o condiciones, tres cuartos de lo propio, aspirar al máximo?
Me he dado cuenta, porque me he estudiado a conciencia, de que aquí hay mucho presunto devoto de la Virgen de Lourdes que, ante el peligroso brete que se avecina o el trance que acaba de surgir, deja de pedir con insistencia el milagro y se conforma con solicitar una mediación rebajada, un favor menor, quedarse uno como está en la actualidad.
Veo claro, cristalino, que el otro (ella, él o no binario; el extranjero, el que huyó de su país en guerra, o porque era perseguido por el motivo o las razones que fueran, o de la inopia, con el propósito de alcanzar la cornucopia, en el que tendemos a ver a nuestro enemigo) no es tan malo, como, a veces, creemos, ni nosotros tan buenos como nos consideramos.
Ellos y nosotros somos personas, seres humanos, y nada de lo humano nos es ajeno, ni la maldad ni la bondad, ni el crimen más nefando, ni la gesta o el gesto más loable. Hay quien vive hoy mejor que hace tres meses, gracias a un inmigrante (en puridad, a las/os hermanas/os de ese joven, verdaderas/os heroínas/héroes que, con la pena prendida aún en la piel, a ras de poro, mostraron su generosidad a raudales, al dar su consentimiento o permiso para que, una vez determinada la muerte cerebral de su deudo, los cirujanos, ellas y/o ellos, procedieran a extraer varios de sus órganos viables para trasplantárselos a las personas que los necesitaban), que murió, tras sufrir un ictus, verbigracia; y quienes tienen la inmensa suerte de poder disfrutar de unas mejores condiciones de vida, porque los dos riñones de ese joven magrebí fueron trasplantados a dos enfermos crónicos renales que, a partir de ahora, si todo va bien, no tendrán que someterse, dos veces por semana, a sendas sesiones de diálisis en un hospital para sobrevivir.
A partir de ese encomiástico gesto altruista, me ha nacido trenzar los catorce versos endecasílabos del soneto que sigue:
AQUÍ HALLAR LA ESPERANZA ES EL TROFEO
Conviene preguntar por las razones
Que tiene a quien juzgamos adversario,
Que es nuestro semejante, no un contrario,
Y también por sus propias emociones.
Si en su lugar ponemos y atenciones
Prestamos, su relato extraordinario
Parecerá y su empeño temerario,
Plagado de arriesgadas sensaciones.
Aquí aspiramos todos al trofeo
Que es hallar, donde sea, la esperanza.
Nos consta que, al osado, aun siendo feo,
Puede llegar la suerte y la alabanza,
Jugando, por ejemplo, en un equipo,
O siendo un buen actor, que quita el hipo.
Ángel Sáez García