El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Migrar, para alcanzar la cornucopia

MIGRAR, PARA ALCANZAR LA CORNUCOPIA

¿Acaso tú, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario) de los siguientes renglones torcidos, no harías, en idénticas o parecidas circunstancias o condiciones, tres cuartos de lo propio, aspirar al máximo?

Me he dado cuenta, porque me he estudiado a conciencia, de que aquí hay mucho presunto devoto de la Virgen de Lourdes que, ante el peligroso brete que se avecina o el trance que acaba de surgir, deja de pedir con insistencia el milagro y se conforma con solicitar una mediación rebajada, un favor menor, quedarse uno como está en la actualidad.

Veo claro, cristalino, que el otro (ella, él o no binario; el extranjero, el que huyó de su país en guerra, o porque era perseguido por el motivo o las razones que fueran, o de la inopia, con el propósito de alcanzar la cornucopia, en el que tendemos a ver a nuestro enemigo) no es tan malo, como, a veces, creemos, ni nosotros tan buenos como nos consideramos.

Ellos y nosotros somos personas, seres humanos, y nada de lo humano nos es ajeno, ni la maldad ni la bondad, ni el crimen más nefando, ni la gesta o el gesto más loable. Hay quien vive hoy mejor que hace tres meses, gracias a un inmigrante (en puridad, a las/os hermanas/os de ese joven, verdaderas/os heroínas/héroes que, con la pena prendida aún en la piel, a ras de poro, mostraron su generosidad a raudales, al dar su consentimiento o permiso para que, una vez determinada la muerte cerebral de su deudo, los cirujanos, ellas y/o ellos, procedieran a extraer varios de sus órganos viables para trasplantárselos a las personas que los necesitaban), que murió, tras sufrir un ictus, verbigracia; y quienes tienen la inmensa suerte de poder disfrutar de unas mejores condiciones de vida, porque los dos riñones de ese joven magrebí fueron trasplantados a dos enfermos crónicos renales que, a partir de ahora, si todo va bien, no tendrán que someterse, dos veces por semana, a sendas sesiones de diálisis en un hospital para sobrevivir.

A partir de ese encomiástico gesto altruista, me ha nacido trenzar los catorce versos endecasílabos del soneto que sigue:

 

AQUÍ HALLAR LA ESPERANZA ES EL TROFEO

 

Conviene preguntar por las razones

Que tiene a quien juzgamos adversario,

Que es nuestro semejante, no un contrario,

Y también por sus propias emociones.

 

Si en su lugar ponemos y atenciones

Prestamos, su relato extraordinario

Parecerá y su empeño temerario,

Plagado de arriesgadas sensaciones.

 

Aquí aspiramos todos al trofeo

Que es hallar, donde sea, la esperanza.

Nos consta que, al osado, aun siendo feo,

 

Puede llegar la suerte y la alabanza,

Jugando, por ejemplo, en un equipo,

O siendo un buen actor, que quita el hipo.

 

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído