El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Jamás aconsejaron bien las prisas

JAMÁS ACONSEJARON BIEN LAS PRISAS

A QUIEN TIENE QUE USAR PREPOSICIONES,

AUN SIENDO DUCHO EN DICHO MENESTER

Está claro, cristalino, que todo tejedor o trenzador (vocablo que, por cierto, no recoge el Diccionario de la lengua española, DLE) de textos (algunos de mis primeros escritos en la red de redes se publicaron bajo el marbete de “Con el telar a cuestas”), aun siendo avezado en dicho menester, aun habiendo agavillado muchas horas de lanzadera o vuelo (hasta el mejor literato que conozcas comete errores) puede tener un mal día (en mi caso, como les ocurre a los toreros, sería más apropiado decir y/o escribir una mala tarde), que la urgencia por entregar una crónica (jamás aconsejaron bien las prisas) propicie que el hacedor pase por alto mejoras oportunas en su escrito, porque todo ser humano es falible por naturaleza, y hasta el mejor escribano echa un borrón, o dos, o más.

Puede que contribuyeran a los despistes, evidentes, incontestables, el jet lag, o que no ocurriera lo esperado e hiciera mella en él el chasco, que el agua del lavabo del baño de la habitación del hotel donde estuvo hospedado no desaguara a la izquierda por el efecto descrito por el científico francés Gaspard-Gustave de Coriolis, en dirección opuesta a la forma de hacerlo en el hemisferio norte, al contrario de las agujas del reloj; ahora bien, lo cierto y verdad es que la crónica que firmó Andrea Rizzi el pasado domingo 23 de noviembre de 2025, que salió de las yemas de los dedos de las manos del enviado especial por el diario EL PAÍS a Johannesburgo, titulada “El G-20 exhibe la lucha entre dos visiones del orden mundial”, que apareció publicada en la página 5, nada más llevármela a los ojos, me pidió a voz en cuello (o grito) que admitiera a su autor en el club de los “unierroristas” que fundé otrora, que, al final, acabé denominando, por ser más acertado, de los “plurierroriostas”.

Andrea Rizzi, en dicha crónica, escribió:

“La cumbre del G-20 (…) es el crudo retrato de la cruenta (sic, mejor hubiera sido usar el adjetivo antónimo, incruenta, pues no se vio la sangre por ninguna parte) batalla entre quienes desean mantener en (sic, mejor hubiese sido optar por la preposición con; y aquí a mí, al menos, no me sirve ni vale el socorrido argumento de que en la variedad está o reside el gusto) vida un orden multilateral”.

“Esta es una iniciativa unilateral que replica esquemas transaccionales basados en enorme (sic, mejor, gran) medida en una lógica de provecho material para Washington”.

“Washington, que dejó la silla vacía bajo (sic, mejor, con) el argumento falaz de que en Sudáfrica se está acometiendo (sic, acaso sobre la vocal inicial a, o sea, cometiendo) un genocidio contra los blancos, (…)”.

“(…) ‘La plataforma multilateral no puede ser paralizada sobre la base de la ausencia (sic, mejor, por la ausencia) de alguien que fue invitado (…)’”. El mismo sintagma prepositivo, encabezado por sobre lo había usado Andrea antes, y, asimismo, lo hará después, de inmejorable manera, en “no dejan presagiar grandes avances concretos sobre la base de lo acordado”.

“(…) Sin duda, el pasaje no tuvo que ser de gusto de Rusia (sic, mejor, del gusto de Rusia o de gusto para Rusia), que, sin embargo, no se negó a firmarlo. Es la medida del compromiso —tirando a nulo— de muchos que no llegan a explicitar un (sic, mejor, su) abandono del foro”.

“’Nunca el líder más poderoso del G-20, el presidente de EE UU, había faltado en (sic, mejor, a) la cumbre (…)’. Estados Unidos es el país que asume a partir de después de esta cumbre (sic, mejor, tras clausurar o poner punto final a esta cumbre) la presidencia de turno del G-20”.

Es evidente que Andrea Rizzi, por la pieza de marras, ha sido admitido sin impedimento u óbice alguno en el club de los “plurierroristas”, aun siendo un periodista al que leo los sábados, sobre todo, con sumo gusto, en EL PAÍS, y un escritor interesante, como la copa de un pino enorme, tan alto como el ciprés de Silos, único, irrepetible. Y, tras dedicarle un inmejorable soneto Gerardo Diego, sin parangón.

Reconozco que iba a hacer lo propio con Fernando Vallespín, fabuloso escritor, quien, en las páginas 24-25 de EL PAÍS del mismo domingo 23, en la columna rotulada “De ‘La escopeta nacional’ a los Koldos” (que, por cierto, estos no tienen nada que ver con mis amigos del alma “los Luises”, aunque, en eusquera, los primeros signifiquen los segundos) cabe leer esto: “Cuando se estrenó ‘La escopeta nacional’, en 1978, todos reímos (sic) a pierna suelta porque imaginábamos que era una sátira de un pasado que habíamos abandonado”. ¿Reír a pierna suelta? A mí me cuadran (y suenan) estas dos locuciones adverbiales coloquiales, “reír a carcajada tendida” y/o “a mandíbula batiente”, pero no reír a pierna suelta. Sí lo hacía, asimismo, dormir a pierna suelta, pero no reír de esa guisa. La decisión ha quedado en stand by, en espera o suspense, pues puede ser la traducción del inglés, en el que servidor está pez. Seguiremos leyendo para ver si se hace digno merecedor de ingresar (o no) en dicho club.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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