Palpito Digital

José Muñoz Clares

Laminar al bocazas

El pobre Willy Toledo no abre la boca si no es para propagar que tiene en la cabeza alguna pieza suelta, cables cruzados o, peor, que sufrió un calvario de insuperables abusos que le tornan hoy el carácter insufrible. Y lo peor es que esa parte dañada en la cabeza – que apenas utiliza más que para sostener el pelo – está directamente conectada con la boca, y ha dado en ser tan proclive al despropósito como ese pobre hombre que hemos terminado viendo que es Donald Trump (él no lo sabe pero el muro se lo va a meter por donde le digamos los demás). A última hora el pobre Willy ha creado escuela de gente dada al exabrupto compulsivo. El alumno distinguido es ese Sánchez que se la tiene jurada a Rajoy y, por lo visto, también a España. Dos veces se ha echado el mozo al ruedo y en las dos ocasiones le ha dado D. Mariano un revolcón memorable con fuga de votos y todo, y esa afrenta se le ha grabado a fuego – como al pobre Willy lo que fuera que le pasó de pequeño – y pretende conjurar la pesadilla a base de insultar a Rajoy, una vez asimilado que es incapaz de ganarle en las urnas. Primero le dijo indecente, y ni siquiera lo hizo de frente sino de forma torcida: necesitamos una persona decente y usted no lo es. Sabe él, porque se lo hemos dicho en todos los idiomas, que esa frase era el tapón que sellaba su destino: fracaso en lo personal e insignificancia para su partido, ese al que tantos votamos en 1982. Por eso esta vez ha centrdo mejor la suerte y le ha endilgado a Rajoy un bajonazo de los que espantan a la afición. No le ha dicho que no se fíe de él sino que le ha soltado un “usted no es de fiar”, que se juntará con el perro de la indecencia para seguir persiguiéndolo allá donde vaya.
¿Hay forma de hacerle saber al botarate que eso mismo se lo está diciendo a los casi 8 millones de personas que votaron al PP? ¿Entenderá alguna vez que le han bastado dos calentones de chulería para autoexcluirse de la historia menor de España? Porque a menos que haya que votar otra vez, que espero que no se atrevan, el nombre de Pedro Sánchez quedará enterrado en lodo de la peor especie, y habrá encaminado a su partido hacia una travesía del desierto más larga que la de los israelitas. Dos golpes de vara por parte de Moisés llevaron el eternamente enojado Yahveh a tener a su pueblo cuarenta años vagando y pasando penurias por un desierto que una caravana cruzaba tranquilamente en cinco o seis semanas. Allí los tuvo, hasta que murieron todos los rescatados de Egipto, ese dios justo y bondadoso. Y ahora dos golpes de voz parece que serán bastantes para hundir en la miseria al PSOE, que no sólo se arriesga al sorpasso en forma de bofetada electoral a mano abierta por parte de Podemos sino a un desprestigio que le puede durar más o menos el tiempo – unos 30 años – con el que se venían midiendo las generaciones.
Estos mentecatos nos están llevando de la oreja a unas terceras elecciones y no son conscientes de que eso nos conduce a un bipartidismo simplificado en que, muerto el PSOE – cuyos frutos recogerá Podemos -, iremos, votaremos y puede que Rajoy y Rivera sumen una mayoría absoluta que les permita laminar a Sánchez, a Iglesias y a los nacionalistas vascos y catalanes. Y una vez laminados, se les pega un imán en la espalda y a sujetar notas en el frigorífico.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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