Andaba el gallo entretenido, de revolcón en revolcón con la feligresía femipija, sin ni siquiera sospechar que la justicia le tenía preparados dos revolcones a precio de putas carísimas: a 15.000 euros por polvareda y con el añadido de haber pillado al muy pícaro en dos faenas de las que cuestan orejas y rabo: recibió 232.000 euros de la justa y benéfica república bolivariana y, para más inri, los recibió en una cuenta de Granadinas (PD, 17 de julio), paraíso fiscal inaccesible para un ciudadano que no lleve la defraudación en el cromosoma adecuado y como tara irremediable. Como Florenci, el bondadoso abuelo del archidefraudador Pujol, que le preparaba al nieto un colchoncito para el caso de que su aventura política tuviera un mal final, que lo tuvo; en fin, algo con lo que arrancar en Granadinas hasta que encontrara un trabajo en las televisiones independentistas locales, si las hubiere, pues siendo más de 600 islas no será de extrañar que un mal día dos kilómetros cuadrados se declaren independientes y a ver si el resto, aplatanados por los rigores caribeños, se meten con alegría en una guerra para traer a carril a los ambiciosos secesionistas, sobre todo si les llega allí con pretensiones de reinar el fugado puchifugas, al que no se le cuece el pan por cambiar de refugio y no dar lugar a verse esposado y bajando de un avión entre dos policías de paisano. ¡Qué imagen! ¡Qué ridículo, este sí, más espantoso! Difícil está la cosa -esa Bélgica errática- y aún así me produce un extraño hormigueo imaginar la escena.
¿Qué ofrece Granadinas como para llamar la atención del rata de la chepa, ese del que hablábamos al principio? Lo que todo buen comunista de diseño: Bajísimos o nulos impuestos, opacidad absoluta, nada de información automática al resto de entidades bancarias, elusión de la fiscalidad española y acceso universal a la pasta mediante cuenta corriente vinculada. Ni el Tío Gilito lo hubiera hecho mejor, pero hablamos de un comunistilla de atrezzo que también los ha de haber -como de putas salen putillas-, al que negar tozudamente los hechos le ha costada 30.000 euros sólo en costas, a falta de que la Hacienda Pública española lo investigue por fraude y blanqueo, que todo dependerá de que los hechos hayan prescrito o no. Si dependiera del miniyó anticorrupción de Murcia encima le deberían pasta por el disgusto que le han dado, pues el juicio se celebraría como se celebró el del alcalde de Ceutí: a tiempo justo de que no entrara en prisión.
Como miembro destacado de la peor Izquierda Reaccionaria, hoy fagocitada y dispersa a dientes de perrosánchez, en el futuro presumirá de haber accedido a la casta avalado por un referéndum -coño, que ni Lenin llegó a tanto- en que todos los borregos y borregas dijeron béeee y él, que va de políglota, entendió que eso significaba sí porque bé, en catalán, parece ser que significa “bien”. Y para cuadrar su inmersión en la casta más ricachona, para actualizarse, sólo le falta organizar un escándalo en La Moraleja haciéndose acompañar de una femipija enseñona de tetas, con la mejor pinta de puta cara, y cuando la selecta audiencia pregunte ¿Quién es esa pelandusca tan sobrada de pezones?, a coro replicará el club de primeras esposas “Esa es la nueva novia del gran marqués de la chepa, que anda de revolcones por mejor poner los cuernos a la que parió ratones”.
¿Ven la falta que nos hacía Muñoz Seca? Sí, ése al que fusiló la justa y benéfica república española una noche, en una saca cualquiera. Con estos mimbres hubiera hecho Muñoz Seca una obra a la altura de La venganza de Don Mendo, elevando así al nieto de Ceaucescu al universo literario de la chirigota, el ripio y la astracanada. Aquella su dramática advertencia sobre «la emergencia antifascista» debida a la entrada de Vox en las listas, luego en las urnas y después en las instituciones; las ridículas lágrimas que echó por Anguita; sus sentidos lamentos por una justicia que no quiere darles la razón a él y a su «sufridora no sabemos qué» en lo del acoso de no recuerdo quién, cuando las más de sesenta llamadas quedaron reducidas (y probadas) a cinco. En juicio, no en opinión de nadie y con el verbo en condicional que ahora tanto se lleva. En inglés es «would» y a los de aquí los tiene encantados: con el would por delante se pueden dar noticias tipo «el chepa se habría (would) ido con el puchi a las islas Granadinas, como pareja de hecho y tras salir de un armario ropero de dos cuerpos». Sin pegas. No he dicho que lo haya hecho ninguno, sólo digo, a título de mera posibilidad, que lo mismo lo han hecho… Y por el mismo precio(un would) cabe publicar que fulano de tal (No se corten, pongan el nombre que más rabia les dé) se habría matado en un accidente aéreo. Por ejemplo, y aprovechando que sólo lleva paracaídas el piloto y la tripulación.
Pero dejémoslo así. Retratar a ese roedor de ideas no merece insistir en la suerte, como no se insiste en lo obvio. Dice la sabiduría añeja: no atiendas a medios días habiendo días enteros.