"NO EL CAOS DE SUS FAMILIAS, SINO DE LAS NUESTRAS"

Alfonso Ussía: «Yo, yo y el caos»

Tomaban una copa en “Mansard”, calle de Alcalá junto a la plaza de la Independencia, Luis Calvo y César González-Ruano.

Con ellos se sentaba también el poeta Rafael de Penagos, hijo del gran ilustrador. La conversación se convirtió en un toma y daca de mutuas adulaciones.

Luis Calvo era, en aquel momento, el Director de ABC.

– Eres un Director extraordinario, Luis-;
– Con colaboradores como tú, todo es más sencillo, César-:
– Yo no sería capaz de dirigir un periódico como lo haces tú-;
– Yo no escribo mal, pero tu pluma es de oro, César-.

A medida que se renovaban los whiskys, la pomada adquiría proporciones de escándalo. Finalmente, César, en un alarde de modestia, y ante la expresión de hastío de Penagos, le dijo a Luis Calvo.

–Luis, creo que estamos aburriendo a Rafael hablando de nosotros. Con la cantidad de cosas que hay para hablar. A propósito, ¿te están gustando mis últimos artículos?-.

La vanidad, con talento, cuenta siempre con la amnistía. La vanidad del memo, desasosiega, aunque en ocasiones, por tristes y dramáticas que sean, provocan la carcajada.

Un tipo capaz de decir “Yo, mi persona, el presidente”, o “los líderes mundiales nos hemos reunido”, es, en principio,un cirro sin recorrido serio.

“Su Mismidad”, le ha motejado Juan Carlos Girauta.

Pero lo último es de traca final de fuegos artificiales. Debatía “yo, mi persona, el presidente” con el líder de la supuesta Oposición Pablo Casado en el Congreso de los Diputados.

La presidente del Congreso, le concedió la palabra al presidente del Gobierno, y como es norma de estilo, Sánchez agradeció el uso de la palabra. “Muchas gracias, señora “presidenta”, muchas gracias, señor Sánchez”. Se dio las gracias a sí mismo.

El ego invadió su pequeña mente de mediocre, y se agradeció el turno de intervención. Cuando le presentaron a un joven escritor al gran Bernard Shaw, el discípulo no pudo controlar su emoción.

“Maestro, estrecharle mano es lo más importante que he hecho en mi vida”. Y Shaw respondió condescendiente: “ Lo entiendo a la perfección”.

A Napoleón se lo podría perdonar una aurora boreal. Pero a este chisgarabís derrochador del dinero público, no.

Se trata de un mentiroso tan desencuadernado que termina por creerse sus mentiras. Y su alforja política e intelectual resulta estremecedora.

Este pobre hombre se ha creído que aprobó limpiamente una tesis doctoral que le plagiaron sus zurupetos.

Este pobre hombre se ha creído autor de un libro que sí cobró sin haber escrito una línea. Su autora, hoy Secretaria de Estado para el Deporte, fue su amiga Irene Lozano, una planta trepadora del periodismo.

Este pobre hombre, es presidente del Gobierno con la ayuda de los separatistas, los golpistas, los comunistas y los borregos del PSOE. Este pobre hombre se gasta el dinero público de una sociedad arruinada por él en viajes, vacaciones, familia política, amigos de sus hijas y demás chollos familiares.

Este pobre hombre, ha incrementado mientras derrocha el dinero en 20.000 millones de euros la deuda pública española. Este pobre hombre no oculta sus mentiras ni desvergüenzas, y subvenciona a la empresa privada que ha contratado a su mujer por no ir a trabajar.

Viaja en Falcon a conciertos veraniegos y bodas de cuñados. Este pobre hombre ha sido calificado por la prensa internacional, incluída la prensa amiga, como el peor gestor del mundo contra la pandemia china. Quiere terminar con la independencia del Poder Judicial.

Este pobre hombre, se ha entregado a los que quieren romper España o convertirla en una cárcel comunista. ¿De qué sería capaz este pobre hombre si hiciera algo bien? Mientras tanto, es Yo, Yo, y el caos. Más de 30.000 muertos escondidos. El caos.

No su caos, el nuestro. No el caos de sus colaboradores, el nuestro. No el caos de sus familias, sino de las nuestras. Caos de la economía, de la libertad, de la decencia y honestidad democráticas. Una pesadilla.

Pasará un feliz puente en Doñana o en los Quintos de Mora.

Llevará a los amigos de las niñas.

Y a sus suegros.

Y a pesar de su poder, es un pobre hombre.

Gracias, señor Sánchez.

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Autor

Alfonso Ussía

Columnista de opinión en las más prestigiosas cabeceras nacionales, ha obtenido, entre otros, los premios González Ruano y Mariano de Cavia de periodismo, el Jaime de Foxá de literatura cinegética, el Baltasar Ibán de periodismo taurino, el Fíes y la Pluma de Oro del Club de la Escritura.

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