'ESTADO DE ALARMA'

Alfonso Rojo: «La infame agenda del Gobierno la marca el PSOE de Sánchez, no Pablo Iglesias»

La clave política del Gobierno de Pedro Sánchez está determinada por el precio que esté dispuesto a pagar a los nacionalistas por mantenerse en el poder.

Y al tenor de los acontecimientos, Sánchez puja alto.

La memoria histórica, la eutanasia, la eliminación del castellano, la suelta de golpistas o la inmigración ilegal son capítulos de la política de agitación ideológica con los que el Partido Socialista quiere tener alimentado el revanchismo y el intervencionismo social de la izquierda y mantener desconcertada a una derecha en busca de liderazgo.

El Gobierno Sánchez ha aceptado negociar la agenda de prioridades del PNV sobre la transferencia de más competencias, entre las que se encuentran la Seguridad Social y las prisiones; el acercamiento de presos etarras y la revisión del modelo territorial, que es el eufemismo del derecho a la autodeterminación.

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, se desmarca de aquellos que opinan que la agenda la marca el podemita y socio de Gobierno Pablo Iglesias: «La agenda es la del propio PSOE».

El mal, la enfermedad que corroe España, está en las tripas del PSOE

No hay que confundirse, ni apuntar a Pablo Iglesias y sus compinches, que en sus obsesiones de revolucionarios de salón siempre han estado fascinados por ETA y sus asesinos.

La clave de este espanto son Pedro Sánchez y ese PSOE emasculado, que se postra ante el jefe y donde todos, desde el último alcalde al primer presidente autonómico, dicen amen.

Que nadie se deje engañar por las protestas de Vara o por lo que salga diciendo Page o cualquier otro tramposo como Bono. A la hora de la verdad, tragan porque quieren seguir en el sillón.

Provoca náuseas comprobar hasta qué punto ha llegado la degradación moral del PSOE.

Si a los socialistas a los que ETA descerrajó un tiro en la nuca les hubieran dicho que años después un presidente del Gobierno, que además es su jefe de filas, pactaría con Bildu para mantenerse en el poder, se les habría helado la sangre.

Ahora se estarán removiendo en sus tumbas.

El apoyo de los facinerosos de Bildu a los Presupuestos Generales del Estado tiene su lógica, porque hace ya tiempo que opera en España la alianza entre socialcomunistas y proetarra.

Sánchez siempre ha tenido muy claro que su permanencia en La Moncloa depende de los herederos políticos de ETA y de los golpistas catalanes.

Y fiel a eso, apoyándose en la RTVE cautiva, en ese diario El País que no es ni sombra de lo que fue, en la Cadena SER, LaSexta y sus legión de tertulianos a sueldo trabaja con esmero para borrar hasta la memoria de ese millar de españoles que fueron asesinados porque defendían la dignidad, la libertad, el honor y la democracia.

Importante subrayar que, en el desesperado manoteo de Sánchez, se incluirá, cuando se aproximen elecciones generales, ofrecer a los siempre codiciosos directivos del IBEX deshacerse de los ‘comunistas de Podemos‘. Y resucitará la mentiras de la anterior campaña electoral.

Y que los del dinero, que no ven un burro político a tres palmos, se pondrán a presionar a Pablo Casado, arropados por ‘El País‘, la mayor parte de los medios de comunicación y todos los periodistas y tertulianos de la Brunete Pedrete.

No se equivoquen. El peligro no está en el cursi Iglesias, el bocazas Monedero, el desquiciado Echenique o el indigente Garzón.

Y no porque los podemitas no sean malos. Si estuviéramos en sus manos, nos hundirían para siempre con Cheka y cartillas de racionamiento incluidas, sino porque no cuentan a la hora de la verdad.

A Iglesias, Monedero, Garzón y compañía no les fallan las ganas, sino las fuerzas.

Son excesivamente livianos, ridículos, esquemáticos y sectarios y están demasiado preocupados por dar titulares, como para controlar el curso de los acontecimientos.

Ni se les pasa por la cabeza romper su acuerdo con el PSOE, salir del Gobierno de coalición y postularse como alternativa de izquierdas.

Estos, después de haberse comprado mansiones en la Sierra, trasladarse a áticos del centro de Madrid y probar los escoltas, los sueldazos, los criados y las tarjetas de crédito oficiales, no salen de sus cargos ni con disolvente. Los van a tener que echar.

Y eso es algo que ya planifica Sánchez, asesorado por Iván Redondo y con el aplauso de los García-Page, Fernández Vara y el resto de la cuadrilla, que se ha tragado sin pestañear que su jefe haga apaños con quienes asesinaron a Enrique Casas, Vicente Gajate, Fernando Múgica, Fernando Buesa, Juan M. Jáuregui, Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede, Joseba Pagazaurtundúa, Isaías Carrasco y un montón de militantes del PSOE.

Como lo han digerido y seguirán haciendo los Grande-Marlaska, Carmen Calvo o Nadia Calviño.

El mal, la enfermedad que corroe España, está en las tripas del PSOE.

Lo hemos visto muchas veces en Cataluña y lo comprobamos cada poco en el País Vasco, por citar un par de sitios.

Ahora sólo resta esperar a que ese nutrido grupo los españoles, que en su infinita ingenuidad, abismal desmemoria o descarnado fanatismo, siguen pensando que Sánchez ha gestionado bien una crisis que nos ha colocado a la cabeza del ranking funerario mundial, recuperen la cordura… o la decencia.

De los dirigentes del PSOE, sin excepciones, no esperamos nada.

ALFONSO ROJO

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