Clave Editorial

Hugo Pereira ante la España empobrecida de Sánchez: “¡Salgamos en masa a la calle a protestar!”

España está en peligro. Y no es una ocurrencia mía, por desgracia. Ni tampoco lo digo por ser pesimista. Que estamos iniciando una grave crisis económica y, también, una etapa de decadencia democrática (palpable en el decaimiento de libertades, derechos y, sobre todo, en el sometimiento del Poder Ejecutivo sobre el Poder Judicial), pues, yo creo, que es evidente, notorio y palpable por cada uno de nosotros. Y es algo que, además, ratifican los expertos: tanto los economistas como los juristas.

Fíjense que a lo largo de los últimos meses hemos traído a Periodista Digital a expertos en materia macroeconómica, como Fran Simón o Xavier Horcajo, que han puesto de manifiesto que el impostado optimismo económico del Gobierno de Pedro Sánchez no es más que eso: una infame estrategia para engañar a los españoles, inflando los datos y aludiendo a un supuesto crecimiento que, comparado con la caída, es realmente un síntoma de lo que se conoce como estaflación, esto es, la aceleración de la inflación coexistiendo con tasas de desempleo elevadas.

No hay nadie serio que pueda validar los datos que aporta Pedro Sánchez. Ni el FMI, ni el Banco de España, ni la Airef, ni las grandes firmas, ni los grandes Bancos, ni los más prestigiosos ThinkTanks, ni, más recientemente, Bruselas o el prestigioso medio británico de información económica, Financial Times. Unos más optimistas que los otros pero todos coinciden en dos cuestiones básicas y fundamentales: 1) que es imposible, insisto, imposible, ese crecimiento del casi 7% que asegura el Ejecutivo y que, atención, en base a esa falsa previsión se han conformado los presupuestos del próximo año 2022. Y esto no es moco de pavo. La Ley de Presupuestos es la que rige la estructura económica de un país: las políticas públicas deben respetar los gastos y acercarse a los ingresos que limitan los Presupuestos. Entonces, imagínense, si la base está mal, la estructura que se asienta sobre ella nunca podrá estar cuadrada. Y 2) España, a diferencia del resto de países desarrollados de la Unión Europea, no ha salido ni empezado a salir de la crisis pandémica: es un país rezagado. Y cuando todos lo países van en una dirección y tan solo uno en la contraria, el que está equivocado es, evidentemente, el que va en la contraria y no el resto. O dicho en otras palabras, España va a contracorriente en comparación con los países desarrollados de nuestro entorno. Sí, España, como dice Pedro Sánches, está creciendo pero el problema es que hemos caído y seguimos cayendo mucho más que ese crecimiento y la diferencia, por tanto, es negativa.

Y no hace falta irnos a los informes de las grandes firmas ni leer las publicaciones de los medios económicos más prestigiosos. Tan solo hace falta que ustedes salga de casa y vayan a comprar, echar gasolina o comenzar a comprar los regalos de Navidad. Y, estoy seguro, que notarán en sus bolsillos esto que les estoy diciendo. Ustedes ganan lo mismo pero la vida les cuesta más. La inflación, también llamada ‘impuesto de los pobres’, está subiendo al mismo tiempo que mantemos varios máximos históricos: el de la factura de la luz, el del desempleo juvenil, el del desempleo estructural, el de la deuda y el del déficit. Y a estos máximos históricos, como decía, se le suma el del IPC, que ya está en el aberrante 5,4%.

Y no solamente la economía está en peligro. Luego que no digan que ‘no se podía saber’. Estamos en estos momentos en el mismo punto que antes de la crisis del 2008 cuando Zapatero decía no iba a haber ninguna crisis y que España estaba creciendo. Estamos exactamente repitiendo la Historia. Pero no solamente la economía, como decía. También la propia democracia está en crisis.

Montesquieu argumentaba que «todo hombre que tiene poder se inclina por abusar del mismo; hasta que encuentra límites. Y Para que no se pueda abusar de éste hace falta que por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder». Montesquieu, uno de los fundamentales teóricos de la división de poderes exigible en una democracia. En esta misma línea el politólogo Robert Dahl, teórico de las poliarquías, un concepto hacia el que deben tender las democracias, insistía en la separación de poderes y en las libertades sociales para que una democracia se consolide y exista. Y es evidente que el pastelo político que estamos viendo para renovar el TC y, también, aunque de momento sigue bloqueado, la renovación del CGPJ. O, dicho de otra forma, las altas esferas del Poder Judicial son renovadas en base a criterios políticos. Y en vez de tender a mejorar esto, que por cierto, Europa ya tiró al Gobierno de Pedro Sánchez de las orejas hasta en dos ocasiones por no tender hacia una férrea separación de poderes, pues en vez de mejorar esto, vamos de mal en peor. Como nos dijo el abogado Agustín Martínez, España no es una democracia es una partitocracia, en donde los delincuentes, los pateapolicías y los asesinos tienen más derechos y libertados que no, por ejemplo, nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que con la nueva Ley de Seguridad los han convertido hasta en taxistas.

Que Dios nos coja confesados, amigos míos.

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