Gresca entre el Gobierno corrupto y la oposición en el Palacio Real durante la recepción de la Fiesta Nacional.
Y de las gordas.
Porque ni Alberto Núñez Feijóo ni Pedro Sánchez se han cortado un pelo.
La verdad es que el asunto venía caliente, a pesar de la chupa de agua que cayó en la calle y que no libró al marido de Begoña, tampoco este año de los pitidos y abucheos durante su asistencia a la tradicional parada militar del 12 de octubre.
El desfile tenía como telón de fondo los escándalos que cercan al Gobierno: el ‘Begoñagate‘, las trapacerías del hermano músico, los diputeros del Tito Berni, la mangancia ministerial de mascarilla y como remata el último informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que concluye que el presidente socialista aprobó la visita ilegal de la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, a España, en enero de 2020.
Y ha estado puntuado por los abucheos y gritos de los centenares de ciudadanos, que desafiando la metereología adversa y la distancia a la que los han colocado, han expresado su rechazo al jefe del PSOE con gritos de «¡dimisión!», «¡ladrones!» y «¡PSOE es Batasuna!».
Después, en la recepción celebrada en el Palacio Real, el asunto ha seguido por los mismo derroteros.
El presidente del PP, Núñez Feijóo, ha subrayado ante los periodistas, que «jamás una trama de corrupción había llegado tan lejos y había estado tan cerca de Moncloa».
El jefe de la oposición subrayó que Sánchez no debería haber participado en los actos del 12 de octubre sin haber dado antes explicaciones acerca de las revelaciones sobre el Caso Koldo conocidas esta semana, a raíz de un informe de la UCO.
«Sánchez debería estar en una rueda de prensa sin límite de preguntas explicando lo que pasa en este país».
«Esto no hay quien lo pare».
Ha hecho hasta mofa, sin alterar el tono o el gesto, de que La Moncloa intente utilizar ahora el exministro Ábalos como chivo expiatorio de la trama:
«El cortafuegos de Ábalos, Sánchez sin Ábalos no es Sánchez. ¿Esto que es? ¿Qué es lo de buscar el cortafuegos con Ábalos?».
El socialista Sánchez, que ha acudido a los actos sin su mujer, investigada por el juez Peinado en un caso de corrupción, también ha charlado con los medios de comunicación tras el besamanos y ha defendido su gestión de la crisis que salpica de arriba a abajo a su partido y tiene en jaque por los menos a siete ministerios y a su propia esposa.
El jefe del PSOE ha dicho que «lo que no hay que olvidar es la respuesta del PSOE»:
«Tardamos cinco días en pedir el acta de diputado de Ábalos».
Según él, lo que es mentira, eso tras conocerse la vinculación de su mano derecha, Koldo, en la trama.
Según Sánchez, el Ejecutivo ha obrado con «contundencia, prontitud y transparencia«.
Ha comparado, sin ponerse colorado, la actitud del PSOE con la del PP en casos similares:
«Así se definen las diferencias».
«Lo que pasaba en un pasado, se trataba escondiendo y no asumiendo«.
Ha cargado tanto contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, como contra el líder de Vox, Santiago Abascal, a los que ha tildado de «Torquemadas» por señalarle con el dedo.
Como remate de la jornada y sin quererlo, Sánchez se ha topado en el salón con la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Maite Araluce, quien le ha afeado a un palmo de su cara la reciente reforma legal que beneficiará a decenas de etarras.
«Nos habéis dejado abandonados».
Igualmente, ha reprochado la falta de respeto del Gobierno a las víctimas de ETA y le ha instado a «rectificar»:
«Tiene un día para hacerlo»
