¿Mario o Mariano? Tanto Monti, Monti tanto
¿Qué les decía? Después de la enésima caída en picado de la Bolsa, subida alarmante de la prima, llega la enésima cumbre definitiva que lo arregla todo.
En el papel, ya tan viejo por la tarde, lo veíamos prefigurado: «España e Italia alertan del peligro de demorar el rescate de su deuda», alerta, a su vez, ‘El País’ en su primera.
«España e Italia plantan cara en la UE por la deuda», repite la portada de ‘El Periódico de Catalunya’.
Pero ahora el buque insignia de Prisa exulta en su versión de Internet:
«La Bolsa recibe con euforia el pacto en la UE para ayudar a España».
¡Albricias, el Séptimo de Caballería comunitario ha llegado y ha salvado el día!
Me pregunto quién ha encargado el guión de la actualidad a Harold Ramis, autor de ‘El día de la marmota’: con leves diferencias en datos numéricos, uno podría haber comprado un juego de periódicos hace unos meses y le servirían para esta última semana: derrumbe, cumbre, sucesión.
La varita mágica
Y, ya puestos, también me pregunto porqué seguimos creyendo cada vez que todo está resuelto. Porque, vamos a ser serios.
El juguetito prisaico de Montserrat Domínguez, ese ‘Bluffington Post’ que tantas alegrías me está dando, lo da así:
«Rajoy presenta el rescate como un ‘triunfo’ sin condiciones… Logra, junto con Mario Monti, concesiones para frenar la especulación contra España e Italia…».
Lo que no me aclara mucho, y la atribulada SER: «La Eurozona acuerda la ayuda directa a la Banca».
Y el sufrido lector -sufrido como contribuyente y doblemente sufrido como lector de la Prensa de izquierdas- se queda con una idea asaz extraña: de repente han dado con un botón que nos salva del marasmo sin contraprestación alguna.
Lo raro, de ser así, es que no lo hayan apretado antes. ¿O es que querían dar emoción al asunto?
Ahora, las cosas, sencillamente, no son así. Estos triunfos pueden llegar con un pacto que evite una guerra inminente, con la inesperada salvación de unos mineros que parecían condenados, con el rescate de unos náufragos que se daban por perdidos.
Todas estas son circunstancias que pueden resolverse triunfalmente en un día, en unas horas, justificando una eufórica primera plana.
La economía es otra cosa. La riqueza se gesta despacio, con ingenio, tiempo y trabajo, gastando menos de los que se crea.
El dinero, esos fondos inagotables que van a salvarnos, tiene que salir de alguna parte. No es probable que Draghi haya encontrado el Tesoro de Rackham el Rojo en el fondo del Mediterráneo. Y de algún modo hay que devolverlo.
Me van a perdonar, pero en este caso me quedo con las portadas de la izquierda dura, que, si bien por razones perfectamente equivocadas, enfría un poco el entusiasmo de tanto ingenuo.
Me quedo, por ejemplo, con el titular de Enrique Negueruela en ‘Nuevatribuna.es‘:
«El rescate de nuestra sociedad lo tenemos que hacer nosotros».
Con el titular, claro, que el texto, además de infumable, desbarra y cae en la ‘estasis’ económica propia de la izquierda.
Así, afirma en su conclusión:
«Lo que es más urgente, incluso más que proyectos de inversión, es reducir drásticamente el volumen de paro. La disminución que necesitamos para estabilizar nuestra sociedad se sitúa alrededor de dos millones. La única forma posible de crearlos es por medio de una regulación de empleo de país: disminuyamos la jornada de trabajo en un 20% para incorporar a dos millones de parados».
Es decir: la riqueza es una cosa que está ahí, tan campante e igual a sí misma y que, como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.
Y, como la riqueza, los empleos: basta con reducir la cantidad de trabajo de cada uno para que haya trabajo para más.
Que les pregunten a los franceses y su semana de 35 horas, que la aprobaron entre hosannas y ovaciones y la abolieron en luctuoso y avergonzado silencio.
«La única forma de crear empleos», don Enrique, es permitir la creación de riqueza.
Es así como funciona. Viene haciéndolo desde que el mundo es mundo, así que me resulta raro que no lo haya notado todavía.
Pero resulta desesperante tener que repetir lo obvio hasta la saciedad, cuando no sólo se desprende de la lógica más pedestre, del sentido común al alcance del más zote, sino que lo vemos repetirse una y otra vez. Paciencia…
El orden de los factores…
Y tampoco es cuestión de descender al titular de ‘Público.es’ -«A los mercados siempre les va bien: la Bolsa se dispara»-, una falsedad bastante obvia cuando hemos vivido sucesivos descalabros bursátiles y que más parece un pataleo que un titular.
Juan Carlos Escudier, uno de los columnistas de progreso que más me gustan (antes en el papel, ahora en la web) ironiza en «¿Mario o Mariano? Tanto Monti, Monti tanto» sobre el mérito de lo conseguido:
«Con más razón que el pasado 10 de junio, cuando Rajoy anunció que después de solucionar el problema de la Banca española se iba al fútbol, el presidente se dispone a presenciar en directo la final de la Eurocopa. Allí debería encontrarse con el primer ministro italiano, en lo que puede ser el principio de una gran amistad, sabiendo que nadie es perfecto. ¿Que a quién hay que atribuir el éxito de la cumbre europea? ¿Que en qué pechera presidencial debemos colgar la medalla? Tanto Monti, Monti tanto».
NOTA.- LEER ARTÍCULO ORIGINAL EN ‘LA GACETA’



