OPINIÓN / Afilando columnas

Pàmies (La Vanguardia) se cachondea del «otro vídeo» de Pedrojota: «Una fisonomía que no rehúye el disfraz de director caricaturesco»

David Gistau: "Me habría encantado asistir a la «brain-storming» en la que se dio forma a la idea de las Femen de emboscar a Rouco Varela"

Es de sobra conocido el dicho popular que compara la capacidad tractor de dos senos femeninos con el la de un par de carretas. Pues si en vez de una pareja de pechos son varias, acompañadas de gritos, eslóganes y lanzamiento de ropa interior pintada de rojo a un obispo, entonces tiran más que dos camiones de ocho ejes. Al menos es lo que ocurre a efectos de columnas periodísticas.

El 5 de febrero de 2014 encontramos nuevos artículos sobre el escrache de las Femen a Rouco Varela, tanto a favor como en contra de las practicantes del topless gritón y reivindicativo. No es el único asunto del día.

Hay quien escribe sobre el vídeo de Pedrojota despidiéndose de la redacción, otros que pretenden que sintamos incluso lástima por la familia real española y quien hace un retrato de Rajoy por sus lecturas periodísticas.

Hagamos, pues, sonar una vez más nuestra armónica de afilador y lancémonos a dar cumplida cuenta de todos esos contenidos de los espacios de opinión de la prensa de papel española.

En el periódico del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán encontramos el análisis de las imágenes de Pedrojota despidiéndose de la redacción de El Mundo. El titulo del artículo de Sergi Pàmes en La Vanguardia tiene, o al menos eso le parece a este humilde lector de columnas, muy mala baba: El otro vídeo de Pedro J. Ramírez. El texto sólo habla de una pieza audiovisual con la que el periodista riojano se despidió tanto de su equipo como de sus lectores —«¡Ay! el día que contemos quien fue nuestra fuente en el ‘caso Bárcenas'»–. Ni una sola mención a ese «otro vídeo», que todos sabemos cuál es pero que a algunos nos parece de pésimo gusto referirse en esta ocasión.

Pero veamos que dice del vídeo que sí comenta:

Como espectáculo audiovisual, el discurso se hace un poco largo, pero este exceso responde a la principal característica de quien lo pronuncia: una locuacidad barroca, capaz de extender las digresiones y las subordinadas con la eficacia de un aspersor atómico, y una tendencia a recrearse en la sonoridad de la propia voz y en un carisma que a veces deriva en una especie de incontinencia de la propia vanidad.

Concluye:

Resulta interesante observar las expresiones de los colegas que lo escuchan. Son, en general, expresiones de emoción, compañerismo, atención e impotencia gremial pero también de fatiga ante la torrencial locuacidad del director. Al mismo tiempo, el documento tiene el aliciente de sumar la fuerza de la palabra -Ramírez se expresa con unos niveles de elocuencia y retórica inusuales-, una fisonomía que no rehúye el disfraz de director caricaturesco y el contexto de una redacción que, para cerrar el círculo, remite a la ambientación que el cine ha creado para acercarse a la verosimilitud de las redacciones de verdad.

Lo dicho, que eso de «el otro vídeo» en el titular logra captar la atención del lector pero después comprobamos que es una triquiñuela un tanto zafia y con un punto marrullero.

Pasamos al auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, donde encontramos un artículo a favor de las FEMEN y su escrache anticlerical. Najat El Hamchi escribe en El Periódico Bragas para el obispo:

Ya era hora de que nuestros pechos sirvieran para algo más que para ilustrar anuncios y vender productos de todo tipo. Los actos de Femen son irreverentes y subversivos, cambian el orden de lo que está establecido porque utilizan los pechos, ese elemento tratado siempre como objeto en las esferas públicas, para reivindicar derechos exclusivamente femeninos.

Concluye:

En mi opinión, las reacciones que provocan son desproporcionadas, sobre todo cuando se dan en esferas religiosas, y demuestran que el machismo no es ni mucho menos una actitud desfasada. Lo deben encontrar obsceno e impúdico, y encima les debe doler que estas muchachas no les tengan el respeto que se merecen. La última acción fue lanzar bragas a Rouco Varela, una acción simple y en cambio genialmente obscena, impúdica e irreverente. Pero por mucho que hagan las de Femen, ningún acto suyo será tanto obsceno, impúdico, irreverente e indignante como el de querer volver a la utilización de la religión para controlar la sexualidad femenina.

Este afilador de columnas disiente totalmente de la columnista de El Perióidico. Considera que tienen derecho a montar un numerito como el que hicieron, pues no hay agresión contra nadie (aunque haya quien crea que sentirse ofendido o turbado por algo que le molesta ya es ser víctima de un agresor). Sin embargo, sus acciones son de pésimo gusto y ofensivas para muchas personas. Mientras no se invada o dañe una propiedad ajena, ni se ataque físicamente a alguien, pueden actuar como lo hacen, pero que nadie nos pida que lo aplaudamos. Recomendamos al respecto este gran artículo de nuestra amiga María Blanco: FEMEN: la libertad del liberticida.

Tomamos el puente aéreo y al aterrizar en Madrid comenzamos con un artículo de David Gistau en ABC que parece una réplica a la columnas más arriba comentada. Titula A calzón quitado:

Las Femen han vuelto para emboscar a un sacerdote anciano y arrojarle a la cabeza bragas manchadas con sangre menstrual. Me habría encantado asistir a la «brain-storming» en la que se dio forma a esta idea, además de a los pareados impresos sobre la piel. Pese a la agresión y a la escatología, hay quienes, como los diputados de Izquierda Plural, han dedicado a las Femen una ovación automática. Cualquier ataque a una expresión de lo institucional, más si hay un componente religioso, recibe de inmediato la aprobación de los gurús de la ira, de los soberanistas de la calle, y éste sí que es un signo de nuestro tiempo.

Ya hemos dicho que no creemos que hubiera agresión, pero el artículo de Gistau nos parece sumamente acertado.

Ignacio Camacho, por su parte, dedica su columna en el diario madrileño de Vocento a comentar la cobertura de la familia andaluza que murió envenenada y de la que se dijo en un primer momento que había fallecido por comer alimentos sacados de contenedores de Basura. Finaliza su texto Fosfina de la siguiente manera:

Fosfina, dicen los análisis. Un letal soplo inadvertido en la rutina ciertamente penosal de una familia en paro cuyo padre se buscaba la subsistencia trapicheando materiales de reciclaje. Una explicación demasiado casual para abrir informativos o acaparar grandes titulares. Una causa científica inutilizable como arma de ideología arrojadiza. Da igual. La sugestiva versión tremendista ya ha quedado cincelada en la primera ola de opinión pública. La mentira da la vuelta al mundo mientras la verdad se ata los cordones de los zapatos. Capitalismo asesino. Gobierno culpable.

Al afilador de columnas le ha gustado especialmente eso de que «la mentira da la vuelta al mundo mientras la verdad se ata los cordones de los zapatos». Le ha recordado una de las frases iniciales de El conocimiento inútil, uno de los mejores libros del siempre brillante Jean François Revel: «La mentira es la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo».

Pasamos ahora al periódico de la ‘disciPPlina’, que en esta ocasión ejerce más de diario del cortesanísmo borbónico en su máximo nivel. De hecho, dos de los columnistas de La Razón se lanzan a defender al Rey y su familia con argumentos que algunos podrían llegar a pensar que cruzan la delgada línea que una vez superada le hace a uno entrar en el terreno del ridículo. Pero es una mera cuestión de opiniones, claro está.

Julián Cabrera titula Pólvora real y es una respuesta preventiva a unas cítricas que tampoco es que se hayan producido de forma masiva, si es que han tenido lugar. En concreto, contra argumenta a los que pudieran mostrar su desagrado por el coste de las operaciones de Juan Carlos I en hospitales privados:

El discurso claro está, no tiene rival en según qué parroquias. Por qué los gobernantes no acuden a la Sanidad Pública. Por qué un presidente no viaja en metro y en esta ocasión, el foco centrado en lo que de presupuesto asignado a la Casa Real han supuesto las operaciones de Don Juan Carlos.

Por eso no está de más regalar algún dato a quienes formulan tan sesudos interrogantes. De entrada, recordar que el Rey no tiene acceso gratuito a la Sanidad ‘universal’. Si acude a un hospital público se extendería, como en uno privado, la correspondiente minuta.

Más tarde explica que no tiene acceso gratuito a la sanidad pública porque esta tampoco es gratuita. Que cuesta dinero, y mucho, que se paga de nuestros impuestos. Precisamente de los mismos impuestos que sale el presupuesto de la Casa Real, podría haber añadido. A este afilador de columnas no le parece ni bien ni mal donde quiera operarse el Rey, pero lo que no le gusta es estos intentos de hacernos creer que su comportamiento es especialmente ejemplar.


José Antonio Gundín.

José Antonio Gundín supera a su compañero de periódico con un artículo titulado Monarquía ‘low cost’.

Así no hay manera de hacerse republicano. Con esos sueldos casi de mileurista que el Rey ha puesto a la familia, es muy difícil competir. ¿Cómo afilar la guillotina si hasta Llamazares, Tardá o Junqueras cobran el doble que la Reina? Se viene abajo el viejo tópico con el que la izquierda enardece a las masas, según el cual la monarquía es un régimen parasitario infinitamente más oneroso que el republicano.

Sin entrar en si la comparación que hace con los sueldos de los políticos responde a la realidad o no, destaquemos que calificar de «mileuristas» los sueldos puestos a la familia del Rey es simplemente indignante. El salario de la Reina es de poco más de 63.000 euros anuales, que dividido en 14 pagas se corresponde a poco más de 4.500 euros mensuales más dos extraordinarias. ¡Cuatro veces y media el sueldo de un mileurista! Y eso sin contar que para gastos de representación tiene asignada una cantidad mayor que su suelo (nos colocamos entonces por encima de los 9.000 euros mensuales en 14 pagas) y que no tiene que pagar vivienda, luz o agua y hasta tiene residencia de veraneo pagada… La princesa de Asturias tiene un sueldo de casi 50.000 euros a los que se suman otros 53.000 en gastos de representación. Más de 100.000 euros anuales con todos los gastos pagados… Muy lejos de un mileurista, de nuevo.

Tras elogiar la nueva política de ‘transparencia’ de la Casa Real española termina de la siguiente manera:

Las mejores casas reales no son las que tienen más fondo de armario, sino más fondo moral.

No se ría usted, estimado lector. Lo dice con elogio, como si no existiera el caso Nóos…

Se olvida, además de que muchos de los que defienden la república (y no nos referimos a la Segunda República española) como forma de estado no lo hacen con razonamientos económicos. Lo hacen por considerar que la jefatura del Estado debe ser electiva, de igual manera que lo es la del Gobierno o el poder legislativo. No es una cuestión de cuentas.


Raúl del Pozo.

Terminamos este ‘afilando columnas’ con dos textos de El Mundo. En la contraportada del diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, Raúl del Pozo titula Mariano lee el ‘Marca’.

Rajoy no mira más que el Marca y El Faro de Vigo. Se reconoce en sus fetiches y lo han pillado con Marca bajo el brazo. ¿Para qué va a leer cuatro diarios? ¿Dos por masoquismo y dos por narcisismo?

Demasiado sabe que Rubalcaba ha declarado que lo peor de la crisis está por llegar, y que los periódicos aún no se han enterado de que los dos están de acuerdo en salvar la Monarquía, Cataluña y el bipartidismo; cuando no haya mítines se quitarán la camisola de eternos rivales y se pondrán levita del Estado.

Comenta la fotografía del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante llevando Marca mientras entra en un coche oficial:

La imagen del Marca debajo del brazo es un gesto simbólico, comunica de manera directa. Óscar Campillo, biógrafo de ZP y director del deportivo, lo ve como un gesto de naturalidad.

El diario une a toda clase de gente, católicos e islamistas, derecha e izquierda, ricos y pobres. «El Marca es -me dice- un poco más del Real Madrid, pero llega a todo mundo. Hay una España que se ve en el diario en el momento de esplendor de nuestro deporte». Eso en el deporte; el esplendor y la popularidad de los políticos mengua en los medios, porque casi nunca salen por buenas razones.

Vamos, que Rajoy prefiere no leer la prensa generalista para no tener que enfrentarse a la realidad… O eso nos parece que quiere decir Del Pozo.

Y concluimos con Carmen Rigalt, que publica un artículo titulado Torquemada. Tras comentar el caso de Woody Allen y los abusos que denuncia haber sufrido su hija adoptiva, así como el cambio de la sociedad ante este tipo de comportamientos por los famosos, pasa a reflexionar sobre los comportamientos sexuales reprobables en la ficción literaria y la libertad de expresión:

Cuando yo era joven leíamos a Nabokov con naturalidad. Ahora, ni se menciona; además, Lolita está bajo la tutela del defensor del menor y los hombres que miran de reojo a las jovencitas son considerados sospechosos de todo. No sé que pasaría hoy con Nabokov. No sé que pasaría con Wilde, Genet, o sin ir más lejos, Umbral.

No pretendo dar la cara por los menoreros como Nabokov, los maltratadores como Verlaine o los chaperos como Genet. Pero me asustan los juicios morales que retransmite la televisión, heredera del espíritu de Torquemada. La moralidad se despacha en los territorios de la conciencia y los comportamientos abominables, en los juzgados. Pero los libros y las películas nunca deben acabar en la hoguera.

Este humilde lector de columnas no puede más que coincidir con Carmen Rigalt en sus conclusiones finales.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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