OPINIÓN / Afilando columnas

Alfonso Ussía: «Del ‘Air Force One’ presidencial americano al ‘Chapuzas Uno’ que utiliza el Príncipe, media largo trecho»

Rahola 'llora' por Rajoy: "Su imagen es secuestrada por los micrófonos que, desde el Madrid irredento, monopolizan la opinión española"

A Mariano Rajoy le crecen los enanos en forma de Vox, UPyD, Cuidadanos y otros partidos del montón, aunque parece que no le ponen al borde de un ataque de nervios. Mientras, al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante se le aparece quien llora por él. Claro que, un apoyo así más que ayudarle podría perjudicarle. Si el PP marianista no sufriera un complejo que le hace desear los cariños de la izquierda y los nacionalistas, el inquilino de La Moncloa podría ponerse en plan Evita Perón de musical y lanzarse a cantar: «No llores por mí, Pilarcita». Imaginamos que ya supone, querido lector, quién es la suelta unas lagrimitas periodísticas por el presidente del Gobierno.

El 28 de enero de 2014 Vox, Alejo Vidal-Quadras y el euro-tocata y fuga de Mayor Oreja, así como todo lo que esto significa para el PP, protagonizan gran parte de los espacios de opinión de la prensa de papel española. Encontramos también algún texto interesante, y hasta divertido, sobre el Príncipe de Asturias y la siempre interesante visión del nacionalismo catalán que ofrece Salvador Sostres. Como es nuestra costumbre, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra.

Pilar Rahola publica en el diario del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán un artículo en el, que es cierto, termina atacando el discurso de Rajoy en Barcelona el fin de semana previo, como si fuera de esperar que un presidente del Gobierno no se opusiera al secesionista. Pero antes dedicar todo el texto de El estadista a lamentarse por él por estar cautivo de unos personajes malvados.

Entiendo las enormes dificultades que puede tener Rajoy a la hora de tomar decisiones valientes, porque es evidente que le crecen los enanos en la pista central de su circo. Por un lado su imagen es secuestrada por los micrófonos que, desde el Madrid irredento, monopolizan la opinión española. Solo cabe leer las portadas de los diarios que le dan apoyo, o escuchar las tertulias amigas, para entender hasta qué punto intentan marcarle a fuego el guión político. Incluso cuando viene a Barcelona con aires de conquistador, lejos de aplaudirlo, aún le afean que no nos haya atizado con más dureza. Es una opinión publicada en trinchera permanente, sin ningún atisbo de apertura a los puentes de diálogo, con la única voluntad de imponer la España una y grande a las colonias díscolas. Hay muchos aprendices de Pizarro emboscados en esos micrófonos, unos Pizarro que crucificarían a Rajoy en la plaza pública si su «no a todo» variara un simple acento.


Pilar Rahola.

Además del secuestro mediático de esa España retrógrada y ultranacionalista, a Rajoy le surgen partiditos por los laterales, todos ellos con conspicuos ex del PP que gritan su dolor ideológico cual Agustinas de Aragón en pleno sacrificio.

Suponer que Rajoy está secuestrado por unos medios que a Rahola no le gustan, de ahí los apelativos nada simpáticos que ella les dedica, ya es mucho suponer. Pero, además, la columnistas debería plantearse otra cosa. Si ella imagina a un político rehén e los medios, haría bien en mirar a Cataluña, donde desde hace mucho la norma es que los medios estén directa o indirectamente (vía subvenciones) controlados por el Gobierno de turno de la Generalitat. Lo cierto es que el modelo se parece mucho a eso que en los Ecuador y Venezuela bolivarianos llaman «democratización de los medios», que es todo lo contrario a la democracia y a la libertad de expresión.

Sin salir de La Vanguardia nos encontramos con que publica Enric Juliana UPyD, Ciudadans y Vox, un taladro:

UPyD, Ciutadans y Vox no son lo mismo pero coinciden en la pesca en las costas de Génova: el elector del PP golpeado por la crisis, perjudicado en sus ahorros (preferentes), muy desilusionado con las instituciones, irritado por la corrupción (caso Bárcenas) y soliviantado -muy soliviantado- ante el «desafío catalán». Vox se coloca a la derecha de la derecha: ninguna flexibilidad con ETA, suspensión inmediata de la Generalitat si Artur Mas no recula. UPyD y Ciutadans se ofrecen a públicos más amplios: el regeneracionista pendiente, el joven desilusionado al que no le gusta Izquierda Unida, el socialista templado, urbano y español que huyó de Zapatero y se inflama ante el «órdago soberanista». Hay caladero: la fidelidad de voto a los dos grandes partidos no alcanza en estos momentos el 50%.

Parece que ha calado con fuerza eso de que Vox va a capturar los votos de la rama más derechista del PP, pero realmente deberíamos plantearnos si eso es así (al menos en términos absolutos, no decimos que no haya quienes se pasen a ese partido desde los sectores más conservadores del partido de Rajoy. En ese sentido resulta interesante la columna del vicepresidente de Metroscopia, José Pablo Ferrándiz, en El País. Se titula Lo que tienen que cuidar es el centro.

El voto [que el PP] que está perdiendo o que en estos momentos, al menos, no le guarda fidelidad, no es el situado más a la derecha sino el que ocupa posiciones más cercanas al centro sociológico y político. Los votantes que ahora permanecen fieles al PP, es decir, quienes le votaron en 2011 y volverían a hacerlo ahora, se ubican, en promedio, en el 6.3. Y quienes votaron al PP en 2011 y dicen ahora que votarían a otro partido o que no votarían o que no lo tienen decidido (es decir, el sector del electorado que traería más cuenta tratar de contentar) se posicionan, en promedio, en el 5.5.

Al final vamos a tener razón los que, como el afilador de columnas, pensamos que el PP debería temer más a unos Ciudadanos que presentaran a un candidato medianamente potentes que a Vox, y eso que cada vez tenemos más claro que este partido sí puede restar uno o dos eurodiputados a los de Génova. Claro que no podemos descartar una alianza entre ambas formaciones. El propio Alejo Vidal-Quadras no lo hace —Alejo Vidal-Quadras: «No se ha hablado de una posible alianza, pero la afinidad entre Vox y Ciudadanos es muy notable»–.

Pasamos ahora a ABC, donde Ignacio Camacho comenta la situación del PP con el título de La factura del pragmatismo.

Al desconcierto de la militancia se une la desafección de los simpatizantes: unos repugnados por la corrupción, otros irritados por la pésima gestión del escenario post-terrorista o por los titubeos frente al separatismo catalán y la mayoría asfixiados por una crecida fiscal que esquilma con impuestos a las clases medias. Se trata del coste de la política sin empatía y sin explicaciones, del olvido de la comunicación emocional capaz de mantener el vínculo representativo con las masas de votantes.

Lo que no se plantea Camacho en su texto es que, posiblemente, desde el Partido Popular olvidan la «comunicación emocional capaz de mantener el vínculo representativo con las masas de votantes» por el simple motivo de que en Génova sienten un profundo desprecio por quienes les han vota. Al menos eso es lo que demuestran con sus hechos.


Jaime González.

El máximo responsable de la opinión del diario madrileño de Vocento, Jaime González, escribe sobre la euro-espantá de Jaime Mayor Oreja y titula Catedrales góticas. Tras recordar la anécdota de Heinrich Heine, que dijo que ahora no se hacen catedrales góticas porque quienes las levantaron tenían convicciones»y nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones», añade:

Las opiniones de Jaime Mayor Oreja podrán ser discutibles, pero es de los pocos políticos capaces de construir una catedral gótica. Tal vez sea esa la razón de su adiós: la convicción de que si Mariano Rajoy se decidía finalmente a tirar de su persona iba a ser más por conveniencia -para tratar de arreglar los desperfectos de la irrupción de Vox, escisión del PP a la que se ha sumado también Alejo VidalQuadras- que por verdadera devoción. A estas alturas, Mayor Oreja no está para tapar vías de agua. Y si el presidente tenía antes un problema, ya tiene dos sobre la mesa.

Este humilde lector de columnas se plantea si González será de esos periodistas que, según Rahola, tienen secuestrado a Rajoy. Lo dudamos, pues la catalana no debe de tener simpatía alguna por el ex ministro del Interior.

Al igual que tiene quién llore por él desde el nacionalismo, Rajoy también cuenta con quien apela al miedo para que al final se vote al PP. Nos referimos al antaño director de columnas. Luis María Anson publica en El Mundo El rebaño flanqueado por mastines tras el pastor. Es cierto que arranca con una crítica, mezclada con un punto de elogio, al hombre que se hizo fotografiar en las calles de Nueva York fumando un puro:

Al acceder al poder, Mariano Rajoy decidió ocuparse solo de la crisis menos importante pero más acuciante. Acertó en el tratamiento. La durísima terapia administrada ha permitido salir del túnel y ver la luz económica. Pero Rajoy se equivocó al relegar la gravísima crisis política que le legó Zapatero. La fórmula arriólica del aquí no pasa nada, el tiempo todo lo arregla, lo mejor es esperar, se ha convertido en el gran error del bienio Rajoy.

Sí pasa. Claro que pasa. Oriol Junqueras y su narigante escudero Arturo Mas han lanzado el órdago secesionista con fecha y todo. Se pudo evitar pero el arriolismo de los tres monos de Nikko -no ver nada, no oír nada, no decir nada- ha provocado la situación límite.

Pero no nos engañemos, al final apela al voto del miedo y al mal menor:

Si los votos que arañe Vox impiden la mayoría absoluta del PP, la alternativa en estos momentos, según las encuestas, no es el PSOE sino un Frente Popular ampliado en el que dominaría el Partido Comunista enmascarado en IU, junto a ERC y el BNG.

¡Cómo recuerda este Ansón a aquel Alfonso Guerra que, desde la zurda, apelaba la voto del miedo gritando aquello de «¡qué viene la dereshonaaaaa


Salvador Sostres.

Dejamos de lado todo relacionado a la situación del PP y los enanos que le crecen a diestro y siniestro en forma de partidos que luchan por quitarles votos para ver una de las siempre interesantes columnas de Salvador Sostres sobre el nacionalismo catalán. En esta ocasión titula En secreto y en privado y ofrece una teoría que a bastantes les puede resultar muy llamativa:

Los catalanes somos también unos yonquis del reconocimiento. Mas no quiere la independencia de Cataluña: quiere que España nos entienda y nos dé la razón. Lo que subyace en el fondo del «España nos roba» no es el montante, sino la falta de amor. Mas no quiere la independencia, sino que España le posea con ternura. El sábado le reprochó a Rajoy que no nos «mimara», que no nos «cuidara» y que no nos reconociera el esfuerzo y el liderazgo para salir de la crisis.

Mas quiere que Rajoy le acaricie y le llame «papi» mientras dulcemente le toma. «Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal. ¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?». Para contentar a Mas, y a buena parte de los independentistas de última hora, bastaría con que Rajoy les organizara un acto de adhesión y homenaje, loara sus virtudes, hablara en catalán un rato, y luego les llevara a cenar a un restaurante romántico.

Concluye:

Supongo que nadie se habrá creído que Mas es independentista. Mas es una adolescente de casa buena a la que el chico que le gusta le está dando calabazas. Su consulta es su anorexia y su bulimia, su intento a la desesperada de que su príncipe le haga caso.

Por eso insiste tanto en verse con Rajoy en secreto y en privado.

Al final va a resultar que CiU y PP se parecen mucho más de lo que creíamos. Lo que unos y otros desean son las caricias y carantoñas de los otros. Y si no, ¿por qué tantos lagos cargos de Génova firman artículos en El País y tantos ministros de Rajoy se desviven por ponerse ante los micrófonos de la SER? Igual se podía hacer un nuevo reality show protagonizado por políticos que recuperara aquel nombre de ‘Lo que necesitas es amor’.


Raúl del Pozo.

Desengrasemos de tanta política pura y dura con algo de cotilleo e ingenio sobre la Casa Real. En concreto, sobre el Príncipe Felipe y Letizia. Raúl del Pozo publica Avería de los príncipes, donde se hace eco de los constantes rumores sobre la mala relación dentro del matrimonio, dice tener testigo directos de ello, y dice, no sin gracia:

La avería del Airbus de las Fuerzas Armadas coincide con la avería matrimonial de los Príncipes de Asturias. He hablado con, por lo menos, tres altas autoridades del Estado que en los últimos tiempos han sido testigos de broncas entre Don Felipe y Doña Letizia. Una alta dirigente política de Madrid me contó cómo Doña Letizia se burló en público y de forma ruidosa el otro día de la falta de ingenio de su marido cuando éste dijo «Nosotros somos unos mandados» porque el protocolo les hizo esperar.

Cada día resulta más evidente que, al fin, se ha roto el tabú de hablar de los asuntos conyugales (y otros) de la monarquía. Aunque a algunos les pueda parecer mal la libertad de expresión para informar y opinar sobre el Rey y sus familiares, a este humilde lector de columnas le parece fenomenal. Y quienes creen que perjudica a la institución y a la estabilidad, tal vez deberían mirar al Reino Unido. Su familia real es objeto de contantes publicaciones de escándalos, y no está más en entredicho que aquí.

Ya entrados en materia principesca con toque aeronáutico cerramos este ‘afilando columnas’ con un artículo de la contraportada de La Razón de la mano de Alfonso Ussía. Titula Dos avisos:

La figura del Príncipe es fundamental para el futuro de España y lo llevan de un sitio a otro en un avión que siempre se estropea. Ni «Marca España» ni naranjas de la China. No podemos pretender tener un chisme similar al «Air Force One», pero del avión presidencial americano al «Chapuzas Uno» que utiliza el Príncipe, media largo trecho. Se sustituyeron los ancianos DC-8 por una pareja de «Airbus A310» casi tan viejos como los sustituídos, y en la actualidad han alcanzado una edad altamente peligrosa. Tan cierto es lo que digo, que si algún día lo tuviera que utilizar Bolinaga para efectuar un viaje oficial en nombre del oprimido pueblo vasco, se lo avisaría antes de embarcar. «Bolinaga, no subas ahí, que lo que el cáncer no puede, este avión lo consigue en un segundo».

Concluye:

La vida de un ser humano nacido y por nacer es sagrada. Pero además, la del Príncipe es fundamental. Hay que comprar otro avión inmediatamente.

Qué vamos a decir. Pues que a estas alturas, lo que ocurre con los aviones de marras es para ponerse a temblar. No sólo por el príncipe, sino también por las tripulaciones de vuelo.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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