OPINIÓN / Afilando columnas

Del Pozo: «Rubalcaba se fuma cada vez más puros con Rajoy»

Rahola: "Es la España de la Contrarreforma la que gobierna, y gobierna contra la ilustración"

Al leer la noticia de la desarticulación de la banda de ladrones que hacía de las suyas en los autobuses de Madrid nos hemos quedado helados, y no por las frías temperaturas que estamos viviendo en la capital de España. El afilador de columnas es viajero habitual, si bien no a diario, de dos de las tres líneas de la EMT en las que actúan más carteristas. Hemos tenido suerte y nuestro dinero no ha terminado en manos de esos amigos de lo ajeno. Y menos mal, que ya nos sustraen demasiado con las constantes subidas de impuestos de Rajoy y Montoro. Y esto último tiene mucho que ver con la libertad económica, asunto que es tratado en un artículo que nos ofrece unos datos que pueden resultar sorprendentes. Pero no adelantemos acontecimientos.

El 23 de enero de 2014 viene cargado de columnas interesantes o, al menos, llamativas en la prensa de papel de Madrid y Barcelona. Y sobre temas muy dispares. Ya les adelantamos que muchos de estos textos no dejarán indiferentes a nadie. Todas las columnas dedicadas al gran maestro Manu Leguineche, que suman decenas, las dejamos de lado. Eso sí, les recomendamos que lean los tres testimonios que ha publicado Periodista Digital. El de su amigo y «pariente por parte de perro» Antonio Pérez HenaresPérez-Henares habla de su amigo Manu Leguineche: «Era el mejor periodista porque era la mejor persona»–, el de nuestro director, Alfonso RojoAlfonso Rojo: «Tengo una enorme deuda con Manu Leguineche y se ha ido sin que se la pagara»— y el de ese gran columnista que es Ignacio CamachoIgnacio Camacho recuerda a Leguineche: «Si no fue el jefe de ‘La Tribu’, fue el hechicero»–.

Ahora, como cada jornada, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y empezamos a contar lo que nos ofrecen los espacios de opinión.

Arrancamos en Barcelona, con el periódico del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. A pesar del giro que se ha pretendido dar alejándose de la apuesta independentista de Mas, La Vanguardia mantiene dos de los columnistas más identificados con el presidente de la Generalitat y con sus proclamas por la independencia. Pilar Rahola titula El plan, un artículo en el que tira de Leyenda Negra –a los seguidores de Gustavo Bueno seguro que les gusta que este humilde lector de columnas se refiera a la misma– y prejuicios anti españoles para atacar al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante:

Por ello no es de extrañar que Rajoy tenga un plan para los catalanes sin… los catalanes. Es la mentalidad del blanco que llega a tierras apaches y usa su derecho de conquista. En esta España del respeto a los otros no ha cuajado como identidad, incluso la democracia puede tener visos despóticos. El problema es que además de despóticos, nunca son ilustrados. Muy al contrario, es la España de la Contrarreforma la que gobierna, y gobierna contra la ilustración.

Dado que el día anterior fue generoso en citas bíblicas en el Congreso de los Diputados, nosotros podrías recordar eso de ver la paja en el ojo ajeno… ¿Acaso hay un gobierno más despótico que el catalán entre todos los elegidos democráticamente en España? Impone una ideología oficial, prepara informes contra medios y periodistas críticos con Mas y los suyos…


Francesc-Marc Álvaro.

Francesc-Marc Álvaro escribe un artículo titulado Racismo, odio y olvido. La mayor parte del texto es impecable, dedicado a comentar el antisemitismo en Francia y el espectáculo del destestable humorista Dieudonné (ese que deseaba a un periodista judío morir en las cámaras de gas y que termina sus espectáculos con un saludo nazi). Pero la cabra tira al monte, y al final se apunta contra quienes se oponen al nacionalismo catalán:

Hoy hablamos de París pero se podría aplicar el mismo esquema a ciertos políticos, más próximos, que se dedican a impedir, por ejemplo, que una emisora de radio se pueda escuchar en un territorio vecino. El fanático, como también señala Oz, puede ser cualquiera y por eso hay que vigilar. La superioridad moral conduce a prescindir de la verdad y se fundamenta en el prejuicio y la mentira. Por eso, el fanático desprecia el conocimiento del pasado y no tiene ningún problema en decir que las cámaras de gas, o el tráfico de esclavos, o la destrucción militar de una ciudad no existieron. El olvido de la historia es el campo abonado del fanatismo. Al fanático siempre le da pereza salir del presente. Por lo tanto, no descartemos que, ahora que aparecen nuevos partidos ultras en España, Dieudonné acabe actuando un 20 de noviembre en el Valle de los Caídos. Tendría un gran éxito.

Los que se dedican a impedir que una emisora de radio no se pueda escuchar no son otros que el gobierno valenciano, que impide que la radio pública catalana se escuche en su comunidad autónoma. Por cierto, que la ley impone que las radios y televisiones autonómicas donde deben escucharse es en las propias regiones. Francesc-Marc Álvaro obvia que Cataluña es la región donde se deniegan licencias a radios o televisiones críticas con el nacionalismo, o incluso se le retiran, y se piden millonarias sanciones contra medios y periodistas anti nacionalistas. Ciertamente, como dice el propio columnista: «la superioridad moral conduce a prescindir de la verdad y se fundamenta en el prejuicio y la mentira».

Mucho nos tememos que uno de los «nuevos partidos ultras» que aparecen por España es Vox, puesto que su anti nacionalismo le convierte en casi fascista desde la óptica de los independentistas. Pues bien, difícilmente va a promover un espectáculo de Dieudonné. Desde aquí les podemos decir que Santiago Abascal no es más sospechoso de judeofobia que Francesc-Marc Álvaro. Y damos fe de ello. El afilador de columnas estuvo en el pasado con uno y con otro en Israel, en viajes diferentes, y les puede asegurar que ninguno de ellos mostró antipatía por ese país ni por los judíos. Más bien al contrario.


Joan Tapia.

Seguimos en Barcelona, ahora con el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, que no monárquica. Joan Tapia comenta en El Periódico la situación política española en un artículo titulado Y ahora, Valenciano contra Mayor Oreja. Sostiene el ex de El País y antiguo director de La Vanguardia:

Ahora la batalla del semestre es Europa. Rajoy va a ir a las elecciones de mayo gritando que la economía va mucho mejor de lo que va, buscando que sus electores cafeteros no vayan a la abstención o a Vox, y con Jaime Mayor Oreja de candidato (no le gusta cambiar nada). Rubalcaba pregonará que la población nota poco la mejora (cierto) y que se debe a Draghi (verdad parcial) y recalcará que la ley del aborto sitúa a España fuera de Europa. Y con la feminista e incisiva Elena Valenciano abriendo fuego. Si Rajoy gana, habrá liquidado a Rubalcaba (y al PSOE para el 2015). Si Rubalcaba gana, Rajoy tendrá problemas internos y…

La verdad es que no hace falta ser profeta para intuir que si gana el PP las cosas se le pondrán muy mal a Rubalcaba, y que si el vencedor es el PSOE, quien las va a pasar canutas será Rajoy. Pero eso no es lo más curioso. Al margen del poco respetuoso apelativo de «cafeteros» dedicado a los electores que podrían pasarse a Vox, lo curioso es que ahora dé por seguro que Jaime Mayor Oreja vaya a ser el cabeza de lista del Partido Popular en las elecciones europeas.

Exactamente una semana antes —Para Rajoy, lo primero es el 25-M–, Tapia aseguraba que ese mismo Mayor Oreja podría ser «el tapado» de la nueva formación creada por Santiago Abascal y Ortega Lara. No explica por qué de este cambio de opinión. Eso sí, desde aquí mismo le dijimos entonces que seguramente él se equivocaba del todo —A Cebrián se le rebelan en El País con un varapalo a Felipe González–.

Tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Madrid leemos La Razón. En este diario nos quedamos con el artículo de César Vidal titulado Bipartidismo (I), donde argumenta que, en contra de lo que se dice, no hay tal en España. Sostiene el historiador y periodista:

El gran problema del sistema político español no reside en que exista una especie de dictadura bipartidista sino, por el contrario, en que todo el entramado constitucional se ha visto asaltado casi desde los inicios por formaciones que carecen de la representatividad que se atribuyen y se convierten, por definición, el bipartidismo en imposible. Para colmo, todo parece apuntar no al final de ese bipartidismo que nunca existió sino a una agudización de la autorización política cuyas consecuencias podrían convertir el sistema en tan inestable como el que padeció España en las décadas regias a la proclamación de la Segunda República o Italia antes de que Berlusconi se alzara con el santo y la limosna.

Una visión muy pesimista, sin duda alguna.

 

Pasamos El Mundo. En la contraportada de este periódico, Raúl del Pozo comenta la sesión parlamentaria de la jornada anterior con el título de ‘Pulp Fiction’ en el Congreso.

Los diputados españoles, que volvían de las vacaciones de invierno como los aristócratas, no hablaron de Europa, sino de sus problemas domésticos y aspiraciones. Los partidos aún no han elaborado las listas. Mariano Rajoy no habló de los carteles ni en Toledo ni en ninguna parte. Un sector del PP quiere quitarse de encima a Javier Arenas mandándolo a Bruselas, pero quitar a Oreja, también cristiano, iba a provocar más contratiempos que soluciones.

 

 

Si Del Pozo, generalmente muy bien informado, apuesta por Mayor, es que seguramente este sea el elegido por Rajoy para encabezar las listas. Después comenta el intercambio de citas bíblicas en el Hemiciclo, y dice:

Como escribió Erasmo: «Está comúnmente aceptado el privilegio de los teólogos de retorcer los cielos -esto es, las Escrituras- como los curtidores hacen con el cuero». Este privilegio ha sido heredado por los políticos, incluidos los ateos. Alfredo Pérez Rubalcaba provocó a Rajoy, con el que cada vez fuma más puros, diciéndole que la mejoría de la prima de riesgo era consecuencia, no de su acierto, sino del Banco Central Europeo y de Draghi. Para reforzar su tesis, citó irónicamente el Evangelio: «Una palabra tuya bastará para sanarme». Mariano Rajoy improvisó sarcásticamente: «Si la prima sube y baja por la palabra de Draghi, en vez de venir aquí y decir que una palabra suya me sanará, debería venir y decir: ‘El que esté libre de pecado que tire la primera piedra’».

A este humilde lector de columnas le ha llamado poderosamente la atención algo que Del Pozo cita de pasada, eso de los puros que companten con cada vez mayor frecuencia el apparátchik que creyó que siendo secretario general se convertiría en un líder socialista y el inquilino de La Moncloa. ¿De qué hablaran? ¿Del interés general del país o simplemente de cómo intentar de que todo cambie lo menos posible para seguir manteniendo sus privilegios y los de miles de personas que viven de la mamandurria política? No lo sabemos.

También en el diario de Unidad Editorial, uno de los grandes periodistas económicos de España, ‘importado’ de tierras chilenas, nos ofrece un artículo que sorprende por su título. John Müller firma La España más liberal, la de Zapatero, en el que analiza la evolución de España en el prestigioso ranking de libertad económica que elaboran anualmente The Heritage Foundation y The Wall Steet Journal —2014 Index of Economic Freedom–. Afirma algo que llama la atención:

El mejor resultado en cuanto a libertad económica lo obtiene la España de Zapatero, tanto en términos del ranking como del índice ponderado. Su promedio en términos de posición relativa es impresionante: situó a España en el lugar 33º. Aunque después de alcanzar su mejor posición -la 29ª en 2009-, el índice se deterioró en 2010 y 2012. En cuanto a la nota, su media es de 69,04.

Claro que, inmediatamente lo explica:

Pero si bien Zapatero exhibe el mejor promedio en cuanto a libertades económicas, no fue él quien las trajo a España, sino su predecesor, José María Aznar. El ex presidente popular cogió el país en la posición 67ª y lo entregó en la 29ª.

(…)

El momento de mayor libertad económica de la España moderna es precisamente cuando Zapatero recibe el legado de Aznar.

La conclusión es demoledora para el actual inquilino de La Moncloa:

Del hombre que Aznar había escogido para sucederle, Mariano Rajoy, sólo hay indicadores de sus dos primeros años. Y estos ya recogen las decisiones de su Gobierno que pesan en el índice: las fuertes subidas de impuestos, la creación de una banca pública, el aumento explosivo de la deuda que pone de manifiesto la debilidad de la consolidación fiscal. Si bien en términos del índice compuesto la caída no es muy significativa -su nota pasa de 69,1 a 67,2- en cuanto a la posición relativa es muy fuerte bajando a los lugares 46º y 49º desde la posición 36º. Eso significa no sólo que perdemos libertades, sino que marchamos en dirección contraria al resto del mundo.

Y después se indignan muchos del PP cuando se les dice que el Gobierno del PP es socialista. Buen momento para recordar la dedicatoria que incluyó el gran F.A. Hayek en su fundamental Camino de Servidumbre:

A los socialistas de todos los partidos.


Jorge M. Reverte.

De vez en cuando la contraportada de El País da una alegría a este humilde lector de columnas, y suponemos que a algún disgusto a los máximos responsables del propio diario de PRISA. Este día es una de esas ocasiones. Jorge M. Reverte ofrece un artículo titulado Paz, que es todo un alegato contra el buenismo imperante en círculos políticos y gran parte de los medios con respecto al llamado ‘proceso de paz’ con ETA.

Paz es una de esas palabras que le acaban a uno quitando los argumentos. Si alguien la pide, o la ofrece, los brazos se abren instintivamente para conseguir que unos corazones antes enfrentados puedan comenzar a latir al unísono.

Tras explicar lo que se exige al Estado y a las víctimas para alcanzar «la paz», concluye de forma magistral:

Hermoso proceso, hermosa intención. O sea, que los que han sufrido el terrorismo se tienen que arrepentir, tienen que abrazar a los que mataron a su padre y aguantar el chorreo de bondadosos mediadores que les expliquen que todo ello ha sido para alcanzar un buen fin. De forma esquemática el proceso es: yo comencé a matar para obtener una serie de ventajas políticas y ahora lo dejo; o sea, que dame las ventajas políticas. Es un razonamiento impecable.

La verdad es que debo de ser un canalla, porque yo no quiero la paz, sino la derrota, como la de los nazis en 1945. No quiero la paz, sino la libertad. Cuando oigo la palabra paz en relación con Euskadi, me meto debajo de la cama.

En esta ocasión Reverte, con el que el afilador de columnas suele ser muy crítico, se merece nuestro aplauso. No sólo por lo que dice, sino por osar hacerlo en un periódico en el que la tónica general es atacar a quienes se oponen a las cesiones ante los terroristas.

Terminamos nuestro repaso diario a los espacios de opinión con dos artículos en ABC sobre el independentismo catalán. El primero de ellos nos llega de la mano de Gabriel Albiac y se titula Golpes de Estado:

¿Puede abolirse una Constitución y abrir el camino para crear otra? Sí. Sin ningún problema. Basta atenerse al procedimiento que la Constitución vigente establece para su reforma, y que es una de las claves ineludibles de cualquier texto constitucional. De no ser así, de hacerse eso al margen de ley y norma, no estaríamos ante una reforma constitucional, sino ante un acto de fuerza. Frente al cual el Estado sólo podría reaccionar con un acto de fuerza más potente.

Nadie juegue a engañarse. El independentismo posee una vía legal. Sólo una. Desarrollar en el Parlamento español las hipótesis de reforma que contiene la Constitución del 78. Hacer que toda España vote una Constitución nueva que contemple la secesión posible de territorios. Y ejercerla luego. Legalmente. Es largo. Puede. Pero, al menos, no es trágico.

Por su parte, Isabel San Sebastián escribe sobre El Plan de Rajoy contra el proyecto independentista de Artur Mas:

La buena intención se presupone; la determinación está por demostrar. Y mientras no quede probada por encima de toda duda razonable, como acreditado ha quedado el empeño de los separatistas en romper España, no les llegará un mensaje que les lleve a perder la esperanza.

Hasta la fecha ha sucedido justo lo contrario. La política de hechos consumados practicada por el nacionalismo ha supuesto para su causa una apuesta siempre ganadora. Exigiendo lo imposible han obtenido lo impensable, sin arriesgarse a perder. Cada amenaza rupturista ha encontrado comprensión y recompensa en forma de nuevas competencias, nuevas transferencias y mejor financiación, a costa de quienes nunca han dejado de ser leales. La estrategia del chantaje les ha dado excelentes resultados. ¿Por qué iban a renunciar a ella?

Concluye:

Es demasiado tarde para enviar ministros a hacer discursos patrióticos o desgranar cifras reales. El Estado perdió esa batalla hace años, cuando renunció a librarla. A estas alturas no hay más «plan» válido que la protección efectiva del interés general, con los instrumentos que hagan falta. Todo lo demás es nada.

En definitiva, en las páginas del diario madrileño de Vocento son pocos los columnistas que confían en la capacidad del Gobierno de Rajoy para hacer frente a los planes de Artur Mas.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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