OPINIÓN / Afilando columnas

Arcadi Espada, en defensa de Camps: «Es justo preguntarse qué idea tienen la policía y los periodistas del lujo»

Alfonso Ussía se cachondea de Simancas y su "guerra a Coca-Cola": "Se le ha subido el fracaso a la cabeza y no quiere aceptar su condición de secundario"

Los espacios de opinión de la prensa de papel española se presentan muy variados le 6 de febrero de 2013. Hay una amplia gama de temas y cuestiones, desde un rey Juan Carlos presentado con rasgos casi épicos a un Rafael Simancas que declara guerras de tres minutos a multinacionales, pasando por Camps y Zaplana, así como el visto bueno judicial al escrache a la vicepresidenta del Gobierno. No nos alarguemos con los preámbulos, que la casi media hora que hemos estado parados en una estación de la línea 10 del Metro de Madrid por causas no explicadas a través de la megafonía ya nos han retrasado suficiente. Hagamos, por tanto, sonar una vez más nuestra armónica del afilador y pongámonos manos a la obra.

Entendemos que el ABC, fiel a su tradición monárquica, tiene que publicar artículos elogiosos para con Juan Carlos I. Pero creemos que existe un límite que separa la argumentación favorable al Rey para entrar en el cortesanismo más pelotillero. Y este humilde lector de columnas sospecha que Álvaro Martínez ha cruzado la línea con Altavoz de España. Elogia desmesuradamente la intervención del jefe del Estado ante el cuerpo diplomático acreditado en España, y concluye:

Ayer, a tres días de la comparecencia de Doña Cristina ante el juez Castro, ni un leve titubeo al pedir a 140 países su apoyo para que sienten a España en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2015. Con una muleta, sí, pero tirando de España y en plena forma. Porque hace falta bastante más que un «juezcastro» y tres visitas al «taller» para acobardar, afligir y torcer el ánimo a quien paró un golpe de Estado, por ejemplo. Una vez más, fuente de autoridad y altavoz de España en el mundo.

No es mucho mérito que el Rey no titubee en una intervención, por mucho que su hija vaya a declarar ante un juez dos días después. Hablar en público es una parte fundamental de su trabajo, sería como elogiar que carpintero sepa utilizar un martillo. Por eso mismo resultó llamativo, y preocupante para muchos, los problemas que tubo Juan Carlos I en la Pascua Militar. Y qué me dicen, estimados lectores, eso de decir que hace bastante más que un ‘juezcastro’ –menuda sutileza para despreciar a un juez–para doblegar a quien dicen que paró el golpe de Estado del 23-F. Hace ya muchos años de eso, que cambien de argumento, por favor.

Y, tal vez, Álvarez debería plantearse que si la infanta va a declaran ante el juez Castro no es pon una especial pulsión republicana del togado. ¿O es que la hija del rey no tenía ningún papel, aunque fuera meramente figurativo, en Aizoon y Nóos? ¿No se beneficien de los trapicheos de su marido? Normal que la Justicia quiera saber si ella tiene algo que ver o era una mera pardilla incapaz de darse cuenta de lo que hacía Urdangarín.

Y hablando de jueces, Isabel San Sebastián anda muy enfadada con esa decisión del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que considera legal el escrache a la vicepresidenta del gobierno . La columnista del diario madrileño de Vocento titula La calle, de quien la tome.

La ponente de tan estrafalaria doctrina, Isabel Valldecabres, jurista de reconocida proximidad con el PSOE, denomina a esta conducta «mecanismo ordinario de participación democrática de la sociedad civil y expresión del pluralismo de los ciudadanos». Un eufemismo rimbombante para decir «barra libre», en el bien entendido de que los «ciudadanos» que recurren a esos métodos para «expresarse» suelen pertenecer al mismo espectro ideológico que su señoría y rara vez, por no decir nunca, vierten sus «expresiones» contra representantes del partido al que ella ha asesorado en las personas de distintos ministros, como Juan Fernando López Aguilar o Bibiana Aído.

Concluye:

Una democracia minada por los escándalos de corrupción, la crisis económica y de valores, la desaparición acelerada de la clase media y la escasa representatividad de un sistema dominado por oscuros aparatos de partido acaba desmoronándose. Y el vacío que deja ese derrumbamiento es terreno abonado para la agitación y la propaganda, instrumentos que hoy por hoy, en España, maneja con maestría la izquierda.

La calle ha dejado de pertenecer a los contribuyentes de a pie que pretenden transitar por ella libremente. Ahora es de quienes la ocupan.


Salvador Sostres.

No es muy diferente la opinión que exoresa Salvador Sostres en El Mundo. Titula, en catalán, ‘Què volen aquesta gent?’ (‘¿Qué quiere esta gente?’).

Resulta demencial que un sistema judicial ideologizado fomente la barbarie de agitadores y vándalos. Ir a buscar a las personas a sus casas es propio de regímenes totalitarios. ‘Què volen aquesta gent que truquen de matinada?’ La participación democrática nunca será que una banda de descontrolados intenten amedrentar a un cargo electo, ni a nadie.

Lo que garantiza la libertad es el orden y el respeto a los demás. Lo contrario es el caos y cualquier tiranía empieza sembrando el caos para justificar su golpe.

Concluye:

Que a los piquetes se les llame informativos es un escarnio. Que vivamos rodeados de jueces sindicalistas que cualquier despido lo juzgan improcedente es un escándalo. Y es populismo barato llamarle libertad de expresión a un acoso domiciliario. Un sistema judicial que patrocina el vandalismo necesita ser profundamente reformado y la Justicia española es un permanente invitación a cogerte la baja por cualquier chorrada, a ponerte el pasamontañas e ir a intimidar a los que no piensan como tú, sobre todo si son del Partido Popular. Y de fondo, pagándolo todo, el empresario, cautivo, saqueado y sentenciado.


Arcadi Espada.

También en el diario de Unidad Editorial, Arcadi Espada se convierte en el primer periodista que escribe en defensa de Francisco Camps en un periódico de ámbito nacional en mucho tiempo. Titula 54,55.

Y es que se trata de 1.091 euros. 1.091 euros por 4 noches. Es decir, a 272,75 la noche. 272,75 euros repartidos entre 5 personas, el matrimonio y los 3 hijos: lo que da un resultado de 54,55 euros por persona. 54,55 euros por día y persona, ¡incluido el desayuno!, permiten a la Udef y los periodistas titular a grandes voces: «Noches (¡con el pecado y poderío de jazmines implícitos en la palabra) en un hotel de lujo (¡y de Madrid, como si allí hubiera!) para Camps». Es justo preguntarse qué idea tienen la policía y los periodistas del lujo. Pero lo más inquietante es preguntarse, después de cinco años de investigaciones, qué idea tendrán de trama y de Gürtel.

Concluye:

El episodio del lujo se completa y adquiere su infame sentido pleno con el revenido titular: «El PP de Camps pagó a Gürtel casi 300.000 euros en B». De acuerdo. Camps era militante. Camps era presidente de la Generalitat. Y todo por el PP y para el PP. Bien, de acuerdo: ¡que pague su cuota! Pero una de las condiciones inmisericordes de la sinécdoque es asegurarse de que no haya parte más noble para representar el todo. El PP era de Camps, cierto; y de Rajoy, y de Angeleta Burjassot. Pero. Pero. Entre 2002 y 2004, fechas de esos supuestos pagos, el PP valenciano era sobre todo del señor Eduardo Zaplana, que no en vano era el presidente del partido. Naturalmente eso puede no querer decir nada o puede querer decirlo todo. ¡Pero quia: son los peligros de la sinécdoque!

De ahí que yo recomiende al dilecto lector que cada vez que vea en un periódico el nombre de Francisco Camps se autorrecete calma. Luxe, calme et volupté, ¡quién lo diría!

Al final, el afilador de columnas se queda sin saber si el objetivo de Espada es introducir sensatez en el periodismo, defender a Camps o atacar a Zaplana. Sin duda alguna, lo iremos viendo en futuros artículos suyos sobre este mismo asunto.

Pasamos ahora a La Razón, donde Alfonso Ussía escribe un divertido artículo de contraportada titulado El héroe Simancas:

Me admira la arrogancia de Rafael Simancas, el diputado del PSOE que declaró durante tres minutos la guerra a «CocaCola». Tres minutos de admirable batalla contra la mutinacional, que fueron los que tardaron en reaccionar los dirigentes de su partido para desmentir la declaración de guerra. Todo texto de desmentido y desautorización tiene diferentes lecturas. El del PSOE estaba claro: «Bobadas de Simancas. Discúlpenlo. Es así».

A Simancas se le ha subido el fracaso a la cabeza y no quiere aceptar su condición de secundario. Como escribió no se sabe quién, ignoro en qué cuestión empleará actualmente su polifacética incapacidad.

Termina con un perfil del antiguo líder de los socialistas madrileños:

Es uno de esos hombres bajos de estatura con cara de altos. Los socialistas no toleran los fracasos continuados, y lo sustituyeron por Tomás Gómez, el «Invictus» más vencido de la breve historia de la autonomía de Madrid. Y a Simancas le buscaron un acomodo, por aquello de su tenaz persecución de cualquier inconveniente. Un acomodo con la condición de que no hablara, pero a los héroes no se les imponen límites ni fronteras.

Ni más ni menos que el hombre que declaró en solitario la guerra a «CocaCola». Afortunadamente, incruenta.

Lo cierto es que no sabemos cómo eligen en el PSOE de Madrid a sus líderes, pero la realidad es que se lucen. Nos da la impresión que para ocupar el cargo de secretario general del PSM es condición absolutamente necesaria carecer totalmente de sentido de ridículo. Por cierto, algunos seguimos tomando Coca-Cola sin problema alguno.

En su variedad Zero, para más señas.Terminamos en esta ocasión en tierras barcelonesas, en concreto con el periódico del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. Fernando Ónega dedica su Ay, Susana a la presidenta de la Junta de Andalucía:

Se ciñó la corona por un antojo personal de Griñán. Ganó las simpatías con su primer discurso. A partir de ahí, los aspirantes a suceder a Rubalcaba empezaron a peregrinar a su santuario andaluz, y todos salían del templo seducidos. Hubo quien vio en ella la reencarnación de Felipe. Hubo quien detectó una flamante lideresa. Ella no hacía más que sonreír, decir palabras que hipnotizan al socialismo, extender su manto y sobre él caían las lisonjas, generosamente prodigadas. Cuando la transición, los cronistas hacíamos cálculos de cuánto cuesta construir un líder. Susana Díaz no ha costado un euro.

Hace un retrato demoledor:

Es una mezcla de Isabel la Católica y Carmen de Merimée. Es una combinación de desparpajo y filosofía política. Es la osadía sureña y la ambición del profesional de la política. Es no mostrar una aportación ideológica propia, pero saber expresarla como si hubiese inventado la socialdemocracia.

Concluye hablando de su comentada visita a Cataluña:

A lo mejor es que intuye que toda Catalunya es el PSC de Navarro. A lo mejor es que piensa que el soberanismo es una pose. A lo mejor es que pertenece a la mayoría hispana del «esto lo arreglo yo». O a lo mejor es que entre todos le hicimos ensoñar que es la revelación del siglo. Y ella… ella se lo está creyendo y aporta su buena voluntad.

Por fin alguien que, fuera de ABC, El Mundo y La Razón, no se deshace en elogios de Susana Díaz. Es de agradecer.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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