OPINIÓN / Afilando columnas

Antonio Burgos: «Pedro Sánchez parecía un jefe de planta del Corteinglés cuando fue a engañar a Rajoy a domicilio»

De Carreras describe en El País el 'pujolismo': "De Pujol ni se podían contar chistes, se hubiera enterado"

Victoria Prego: "Su clase política ha estado limpiando a los españoles los bolsillos sin piedad durante muchos años"

Existe un mundo más allá del doble catalán del Maestro Yoda y sus nada sorprendentes confesiones, aunque revisando los espacios de opinión de la prensa de papel española del 30 de julio de 2014 cueste imaginarlo. Y decimos que cuesta y no que resulta imposible porque sí hay algunas columnas interesantes sobre otros temas distintos, y de esas también vamos a dar cumplida cuenta. Por supuesto, la actualidad (y la necesidad de dejar constancia de más de dos o tres textos) manda y también vamos a repasar algunos de los artículos dedicados a Jordi Pujol y su vía catalana a los paraísos fiscales.

Como cada día, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos lanzamos a dar cumplida cuenta de los más jugoso del columnismo español del penúltimo día de este julio que, por obra y gracia del ‘calentamiento global’ está resultando muy fresquito.

Comenzamos en esta ocasión en ABC, donde encontramos un buen artículo de Antonio Burgos dedicado al baloncestista transmutado en supuesto líder socialista. El periodista sevillano se referid a Pedro Sánchez como El encamisado.

La camisa blanca, impoluta, de anuncio de detergente, de Sánchez es el símbolo de que en el PSOE han dejado de mandar los camisas viejas. Porque aunque va en mangas de camisa es todo lo contrario de aquellos descamisados en cuyo nombre hacía demagogia Alfonso Guerra cuando vicegobernaba. Este Pedro Sánchez es todo lo contrario a un descamisado: es un encamisado.

Concluye:

Tú le abotonas el cuello a Sánchez, le pones una chaqueta y una corbata roja y es un ejecutivo del Santander. Con traje tiene planta de jefe de ídem del Cortinglés, como Suárez. Tal parecía cuando fue a engañar a Rajoy a domicilio. A lo mejor se pone la camisa blanca porque es camisa vieja de sí mismo, vieja guardia de la renovación. Porque no quiero ni pensar que todo sea modelo Isabel la Católica y toma de Granada, que el gachó haya hecho promesa de no cambiarse de camisa hasta que conquiste La Moncloa, ¡menudo olor a zorruno! Como no soy tertuliano (ni Dios lo permita), desconozco si con el encamisado les llega la camisa al cuerpo o no a los del PP.

Parece que desde un punto de vista puramente estético a Burgos le gusta el sucesor del hombre que fracasó al intentar protagonizar ‘El milagro de Pe Punto’. Pero da la impresión de que todavía no tiene claro de qué pie cojea en realidad. Al menos no sufre la pasión por él que tiene, por ejemplo , Francisco Marhuenda.

Eso sí, cualquiera que lea a Burgos (qué apellido tan castellano para un periodista tan andaluz) se dará cuenta de que aprovecha la mínima ocasión para lanzar una pullita contra determinado sector de la profesión, en concreto contra los tertulianos. Y eso, este humilde lector de columas está seguro de que va a encajar bien el apunte, él lo fue en el pasado. Algunos todavía recordamos sus intervenciones en el radiofónico ‘Protagonistas’ y el televisivo ‘Este país necesita un repaso’ (donde, por cierto, ofrecía junto a Ussía unas ingeniosas ‘habaneras’.


Beatriz Manjón.

También en el diario madrileño de Vocento encontramos que Beatriz Manjón dedica al María Escario y su apartamiento de la pantalla de TVE Cambiar por cambiar. Se deshace en elogios a la hasta ahora presentadora:

La naturalidad, la simpatía, la telegenia y la correcta locución son fácilmente sustituibles, ahora bien, la confianza que ha depositado el público en Escario, pese a haber destrozado «Tani» en «Telepasión» -en casto presagio de las polacas eurovisivas-, no se puede traspasar.

Algunos no le dábamos tanta credibilidad, el afilador de columnas todavía recuerda el ridículo que ella y sus compañeros de micro hicieron durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de 2013. Al margen de que se refería a muchos abanderados hombres en femenino, y viceversa, dieron especial vergüenza cuando salió cierta delegación de Europa Central. Estuvieron varios minutos hablando de que en la división de Checoslovaquia le había «tocado la peor parte» a ¡Eslovenia!» Y claro, cuando acto seguido salieron los eslovacos, el silencio fue bastante incómodo.

Pero sigamos con la opinión de Manjón:

A la comunicadora no le ha beneficiado ni la invitación al Mundial ni aquella crítica a TVE por obviar su Ondas, tras la que la cadena rectificó. ¿Puede una crítica a tu empresa pesar más que décadas dedicadas a ella? No debería, pero todos conocemos rebeldías pagadas con destierro. Con lo de Pino y lo de Escario una concluye que lo óptimo sería lo contrario que en «El Gatopardo»: que todo siguiera igual para que algo cambie.

Lo que pudo perjudicar a Escario no fue «la invitación al Mundial». En todo caso fue el hecho de aceptarla y, para ir a Brasil, faltar a su puesto de trabajo cuando tenía que acudir a él y no cumplir con sus obligaciones. En una televisión privada ese escaqueo le habría valido un más que justificado despido. Nos parece que lo de los Ondas es lo de menos, pero queda más bonito presentarla como víctima.

Y una tercera entrega de ABC, para entrar en materia ‘pujoliana’. David Gistau nos habla de una Inocencia robada. Ante los que ahora dicen que durante años se supo el asunto de los dineros ‘fugados’ de Pujol, el columnista se plante:

Si de verdad todo se sabía y durante tres décadas hubo impunidad para Pujol, la última pregunta que me hago hoy es la más incómoda. ¿Por qué ahora sí? Es decir, aun asumiendo la independencia judicial, y más con un juez como Ruz que la tiene demostrada, ¿por qué a Pujol no le sucedió nada cuando era un personaje vertebral de la Transición con prestigio de estadista clave, y en cambio le sucede todo ahora que en la vejez se ha propuesto demoler la Constitución? ¿A esto se referían los que avisaron a Mas de que, tarde o temprano, el Estado cae con todo su peso encima de los que lo desafían? Conste que no me extraña que lo investiguen ahora, sino que no lo hicieran antes, que dispusiera de una patente de corso para robar mientras fuera útil en el cotarro.

Nos parece especialmente interesante el último apunte. Realmente da la impresión de que a Pujol, y no sólo a él, se le permitía hacer lo que quisiera mientras resultara útil. ¿Acaso no ha pasado lo mismo con muchos otros corruptos de diversos partidos y sindicatos.

Y pasamos ahora La Razón, en concreto a su contraportada. Allí nos topamos con un Alfonso Ussía que titula Los Dalton, en referencia al apellido de los famosos y divertidos bandoleros del Oeste de los tebeos a los que siempre les amargaba la existencia el solitario Lucky Luke.

No hay paralelismo posible. La madre de los Dalton es genial, y la de los Pujol no tiene gracia. Lo de la herencia es el chocolate del loro. La Policía estima en tres mil millones de euros el botín reunido e invertido en paraísos fiscales por los Pujol. Ninguno de ellos ha tenido detrás a Lucky Luke para detenerlos y llevarlos ante el juez. Es más. En Madrid siempre se ha mirado hacia otro lado para no alimentar el victimismo catalanista. «Espanya ens roba», mientras los Pujol, presumiblemente, se llevaban todo lo que podían a los paraísos fiscales y mantenían una severa política fiscal en Cataluña.

Efectivamente, lo de mirar a otro lado ha sido una característica de todos y cada uno de los gobiernos españoles desde la Transición. Concluye:

He iniciado el artículo con la intención del humor y me ha salido un texto cabreado. El paralelismo y la comparación entre los Dalton y los Pujol es un ejercicio de pésimo gusto. Y el señor Mas, consejero de Hacienda del Gobierno de la Generalidad. Qué tiempos aquellos.

En El País encontramos un largo, pero interesante, artículo de Francesc de Carreras donde se describe el ambiente, con elementos propios (aunque sin llegar a serlo) de régimen de terror, que logró imponer el doble catalán del Maestro Yoda cuando era presidente autonómico. Titula Contar chistes sobre Pujol.

Hace algo más de una década, un conocido financiero catalán, recientemente fallecido, me espetó en el transcurso de una conversación: «Oye, es que estamos peor que en la época de Franco». Muy sorprendido le respondí: «¡Venga, no exageres!». Impasible, continuó: «A ver, ¿cuántos chistes sabes sobre Pujol, verdad que ninguno? Antes no parábamos de contar chistes contra Franco». Recordé que era cierto. Y añadió: «¿Y sabes por qué ahora no se cuentan chistes contra Pujol? Porque si lo hiciéramos, él se enteraría enseguida y pasaríamos a figurar en su lista negra. Esta es una sociedad asustada, hay un miedo difuso a la Generalitat, es el inconveniente de tener un poder tan cercano».

Siempre he recordado esta anécdota y es oportuno contarla ahora. Naturalmente, lo que decía mi amigo respecto a la comparación con Franco era exagerado, pero en algo tenía razón: la cercanía del poder dificulta la crítica, obstaculiza los controles, fomenta el clientelismo y facilita la corrupción.

El retrato de una sociedad en la que ni se pueden contar chistes para no ofender al poderoso (no digamos entonces hacer críticas) resulta aterrador. Pero nos tememos que es cierto.

Concluye:

En estos días, ciertos personajes públicos se muestran sorprendidos por las revelaciones de Pujol. Pura hipocresía, no ha habido sorpresa alguna, los miembros del establishment catalán, y algunos más, conocían perfectamente lo que estaba sucediendo y en muchos casos, incluso, se beneficiaban de ello. En privado se murmuraba, en público se callaba, nadie se atrevía a interponer denuncias, había miedo a las represalias.

Han sido la Audiencia Nacional, la Agencia Tributaria y la UDEF de la policía española, todos ellos poderes externos a la Cataluña autónoma, quienes, tras la denuncia de una novia despechada y la filtración de un empleado de la banca andorrana, han forzado a los falsos patriotas a salir de su cómodo refugio. Las instituciones catalanas de autogobierno nunca han contribuido a poner a los suyos contra las cuerdas, estaban bien controladas. Tenía razón mi amigo financiero: de Pujol ni se podían contar chistes, se hubiera enterado.

Bien pensado, un lugar donde no se pueden contar chistes del gobernante, donde los medios están sometidos en buena medida a control político y en el que quienes mandan están a salvo de investigaciones judiciales tiene un serio problema de déficit democrático. Eso sí, es un ‘oasis’, según decían algunos.

El último periódico que visitamos en esta ocasión es El Mundo. Manuel Jabois también se fija en la figura del ex ‘molt honorable’. Lo hace en una columna titulada Un país en el bolsillo. Reivindica, y con razón, el trabajo del periódico en el que escribe:

Cuando ‘El Mundo’ empezó a informar de la fortuna de la familia en los paraísos fiscales un suspiro de alivio se escuchó desde todos los rincones: la caverna contra el soberanismo. Se dijo, y era cierto, que las exclusivas eran un ataque a Cataluña: a la Cataluña de las fantasías de Pujol y Mas, virgen y sin mácula, de seres de altos ideales superiores y más antiguos que los de cualquier nación.

A este respecto, nos ha sorprendido muy positivamente que Pilar Rahola reconozca que ‘El Mundo’ tenía razón.

 

Pero sigamos con Jabois:

Los estafados por Pujol, o sea el nacionalismo catalán, lo ha hecho [reaccionar] con la ternura («siempre serás mi amado presidente», le escribía una ex concejala en plan tiradme al hoyo que voy con él, que es el más grande y si mató fue porque eran fiestas) que sólo aparece bajo las más finas de las dictaduras. La dictadura de la opinión pública atenta a sensibilidades equivocadamente progresistas como la de Pujol: evasor fiscal de derechas, casado con una mujer de divertidas declaraciones racistas, protegido de la clase económica y periodística y conseguidor oficial de sus hijos gracias al gobierno de todos. Pero independentista ya, al final del viaje, y por tanto inmerso en la salvación moral.

Un buen retrato de la figura de Pujol y su familia, sin duda alguna.

Y ponemos punto y final con Victoria Prego y su Paganos de fiestas ajenas. Habla de los Pujol, pero también de la Gürtel o de los ERE de Andalucía, pare concluir:

No podemos sorprendernos de que los españoles estén tan hartos de su clase política. Su clase política les ha estado limpiando los bolsillos sin piedad durante muchos años para embolsarse el dinero de todos en sus cuentas particulares. Lo asombroso es que una parte de los ciudadanos de este país todavía acuda a las urnas. Luis de Guindos nos ha dado una buena noticia [los datos de crecimiento económico], pero ya se hacen imprescindibles y urgentes otras iniciativas si se quiere devolver al pueblo la esperanza o, por lo menos, suavizar su sensación de que está siendo el eterno y esforzado pagano de fiestas ajenas.

El problema de todo esto no es que muchos españoles dejen de votar, es que muchos deciden hacerlo por un partido populista.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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