OPINIÓN / Afilando columnas

Rosa Belmonte: «María Antonia Iglesias se convirtió en la Belén Esteban de La noria y El gran debate»

Pilar Rahola, a lo Pablo Iglesias: "La Transición se ha demostrado una gran estafa"

Se queja algún articulista del papel de que no le apetece hablar de Jordi Pujol pero que no le queda más que hacerlo. Eso es algo inherente al periodismo, que la actualidad manda y a veces no nos queda más remedio que tratar ciertos temas o escribir sobre determinados personajes. Y, efectivamente, el doble catalán del Maestro Yoda es uno de los protagonistas indiscutibles de los espacios de opinión de los periódicos de papel el 31 de julio de 2014. Pero en esta ocasión también hay otra persona sobre la que se han escrito un par de artículos destacables. Nos referimos a la polémica y recientemente fallecida María Antonia Iglesias. De hecho, quien fuera uno de sus grandes rivales en la tertulia de María Teresa Campos se deshace en elogios a ella.

Y dicho esto, hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra.

Comenzamos con los artículos dedicados a Iglesias. En La Razón, César Vidal, que debatió con ella y le sacó de sus casillas en más de una ocasión ya hace unos años en el programa de María Teresa Campos, se despide con un Adiós, María Antonia.

Cuenta:

Paloma Barrientos, productora del programa, afirmaba que formábamos pareja artística. No era cierto. Se trataba simplemente de que éramos tan diferentes que nos juntaban para dar espectáculo. Porque no podíamos coincidir menos. Ella, mujer y yo, hombre; ella, de izquierdas y yo, liberal; ella, defensora de los nacionalistas vascos y catalanes y yo, continuo avisador de su verdadera naturaleza; ella, admiradora de monstruos políticos de Arzalluz a Felipe González pasando por Pujol o Fraga, y yo, creyente en una sociedad civil que no tuviera la menor necesidad de sujetos semejantes; ella, de misa diaria y yo de lectura cotidiana de la Biblia. A pesar de más de una zaragata, yo le tenía afecto.

Tras relatar diversas anécdotas, concluye:

La perdí de vista hace años aunque, de vez en cuando, me llegaban noticias de que se encontraba enferma. Ahora la desanudadora de destinos ha venido a llevársela. Espero encontrármela algún día al otro lado de este velo que lleva a muchos a pensar que hay otra vida cuando, en realidad, es sólo una continuación de la presente.

Es cierto que había algo que les unía mucho, si bien al mismo tiempo les separaba. A los dos les caracteriza una alta religiosidad, si bien uno es protestante y la otra era católica, por mucho que vendiera la imagen de ‘comecuras’.

Pasamos ahora a ABC, donde Rosa Belmonte dedica a la que durante años pareció inseparable de Enric Sopena una columna titulada Contertulia. Resulta llamativo que arranca refiriéndose a una personaje al que ya apuntaba César Vidal:

La culpa es de María Teresa Campos. A ella se le ocurrieron las tertulias políticas en televisión y se llevó a María Antonia Iglesias a «Día a día», justo después de dejar esta la dirección de los Servicios Informativos de TVE. Empezaba entonces, en 1996, su carrera como habladora y «tocaballs» de platós. Llegó a su máximo con «La noria» y «El gran debate». María Antonia Iglesias se convirtió en la Belén Esteban de estos programas. Lo digo porque cuando se iba, por motivos de salud, volvía con una gran entrevista deluxe que le hacía Jordi González.

Finaliza:

De pequeña, fantaseaba con una película bélica donde lucharan nazis contra japoneses. De mayor me he quedado con las ganas de una lucha entre María Antonia Iglesias y Pablo ídem.

Este humilde lector de columnas también se pregunta cómo sería dicho cara a cara. Lo cierto es que nos da la impresión de que María Antonia Iglesias no sería tan complaciente con el líder trotsko-boilivariano español como lo son otros tertulianos de izquierdas. Su fidelidad al PSOE, en especial a la figura de Felipe González, era demasiado fuerte.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde entramos en materia ‘pujoliana’ de la mano de Ignacio Camacho. Escribe sobre cómo se trató el tema de Pujol en la reunión entre Mariano Rajoy y Artur Mas. Le dedica a este asunto una columna titulada Nada personal.

En realidad, el caso Pujol estará ya siempre detrás de cada paso que dé Artur Mas i Gavarró. Porque cuando hable del referéndum le preguntarán por Pujol. Porque cuando ordene recortes financieros le invocarán el dinero que se llevó Pujol. Porque cuando aluda al expolio fiscal le confrontarán el fraude fiscal de Pujol. Porque cuando presuma de patriotismo le pondrán delante las cuentas en paraísos fiscales de Pujol. Porque cuando reivindique su liderazgo le recordarán que lo nombró Pujol y que fue consejero ¡de Hacienda! de Pujol. Porque allá donde vaya será siempre el heredero de Pujol. Y la palabra herencia se ha vuelto muy polisémica en el contexto reciente de la Cataluña soberanista.

Por todo eso tal vez no hizo falta que ayer se hablara de ello en La Moncloa. Los caballeros no hacen alusiones incómodas. No se trataba de nada personal, sólo negocios. Los negocios del poder.

El nacionalismo catalán está tratando, desde la política y los medios, de ‘despujolizar’ a Mas, a CiU y al reto independentista. Y por lo que se ve, siguiendo el acertado dictamen de Camacho, el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante no va a hacer nada para recordar el papel del ex presidente de la Generalitat, y lo que le debe quien ahora ocupa ese cargo.

Pasamos ahora a la contraportada de El País, donde Jorge M. Reverte le dedica a Pujol una columna titulada Intocable. Arranca con una confesión de parte:

Todos los que hemos estado cerca de la política durante décadas sabíamos que algo pasaba con Jordi Pujol. Unos más, por ejemplo los periodistas que informaban de economía o de tribunales, y otros menos; pero todos estábamos al queo de que había muchos puntos oscuros en su biografía. Desde que saltó el feo asunto de Banca Catalana, que se resolvió de forma poco airosa por tribunales superiores.

Este tipo de argumentos nos llama poderosamente la atención. Si todo el mundo sabía que algo olía mal, ¿por qué se optó por ponerse pinzas en la nariz y hacer como que el aroma que llegaba era el rosas y azahar? Es más, ¿por qué se machacaba al que optaba por decir que había trapos sucios y osaba a intentar airearlos. La complicidad de medios y políticos es evidente.

Concluye:

Lo que se ha desplomado no es la honorabilidad, que muchos dábamos por inexistente, sino la intocabilidad. Artur Mas tiene derecho a sentir compasión por Pujol, pero él y muchos cientos de sus compatriotas tienen el deber de sentir lástima por sí mismos. Porque primero le convirtieron en intocable para hacerle después honorable.

Tres décadas de ser intocable. No está mal.

No, no está nada mal. Sobre todo si se tiene en cuenta que El País también contribuyó de manera evidente a esa insociabilidad. Al menos no hizo como el ABC de Anson en 1984 y evitó nombrarle ‘Español del año’.

Y de contraportada a contraportada, ahora a la de El Mundo. Raúl del Pozo titula Mas: pacto a Meidan.

El caudillo de una multitud que se ha encendido como la hierba seca por una bandera ha hecho un negocio ridículo: eran España y ahora se conformarían con ser Puerto Rico. No es que ese nacionalismo represente el instinto de los lobos, es que han pasado de la lógica a la epilepsia, que diría Cioran. Enterraron a Marx, asesinaron a Hegel, colgaron a Keynes. Pero de la derrota del pensamiento brotó la cizaña de un relato: el populismo, extrema derecha y nacionalismo identitario.

Con todo el respeto a Del Pozo, igual enterraron (para fortuna de millones de seres humanos que se vieron liberados de las dictaduras comunistas del Este y el Centro de Europa) a Marx, pero el siniestro personaje ha resucitado de la mano de determinados grupos como Podemos. Y en cuanto a Keynes, igual lo colgarían, pero nunca dejaron de hacerle caso. Excepto en algún breve periodo concreto en determinado país, sus ideas son las que han dominado en mayor o menor medida la acción de casi todos los gobiernos democráticos, privándonos de mayores cuotas de prosperidad.

Para terminar este afilando columnas tomamos el puente aéreo y nada más aterrizar en Barcelona nos asomamos al periódico del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo. En La Vanguardia, Pilar Rahola cuelga el cartel de Cerrado por vacaciones, eso sí, cargando contra la herencia política de las últimas décadas:

En cualquier caso, tanto la etapa de la transición como la del pujolismo han muerto definitivamente y no dejan bellos cadáveres. La primera, porque se ha demostrado una grande estafa; y la segunda, porque ha explotado en un gran engaño. En cualquier caso, la construcción de un mapa político nuevo, una narrativa nueva, unos anhelos nuevos y, en definitiva, un país nuevo marcan las preguntas, pero también animan y emocionan las respuestas. De manera que, aunque todo será complejo e incierto, se prevén meses intensos y emocionantes. La política tendrá, en los próximos meses, un sentido mucho más profundo de lo que había tenido desde hacía mucho tiempo.

Al afilador de columnas le ha llamado algo poderosamente la atención, que describa la transición como «una grande estafa» mientras que del nacionalismo sólo condena el pujolismo (como si se pudieran separar uno del otro) y se limita a considerarlo «un gran engaño», que es menos doloso para el ciudadano que la estafa. En cuanto a la transición, Rahola también se ha sumado al ‘Pablo Iglesias Style’.

Y con esto, se despide de los lectores el afilador de columnas. Podremos volver a encontrarnos en estas mismas páginas a partir de septiembre, disfruten hasta entonces.

 

Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.

Te puede interesar

Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído