OPINIÓN / Afilando columnas

Alfonso Ussía: «El nuevo ‘Prestige’, el nuevo 11-M, se llama Excalibur»

Ernest Folch (El Periódico) recomienda calentarse con la estelada contra el "invierno" de las corrupciones "españolas" de Pujol y Millet

Ruiz-Quintano: "El 'proletariado' de Podemos se reduce a los platós de Berlusconi, a la Complutense de Carrillo y a la adolescencia pija que antes juraba por Snoopy"

Las imágenes de quienes se concentraron frente a la casa de la auxiliar de enfermería enferma de ébola para protestar contra tratar de evitar el sacrificio del perro excálibur son estremecedoras. Ver a un tipo fuera de sí gritar «muerte a vosotros» a los policías y a los bomberos le convence a uno de que la degradación moral a la que estamos llegando es realmente profunda. Lo mismo ocurre con los que, como Pérez Reverte y muchos otros, piden que se «sacrifique» a la ministra Mato y se deje vivo al can. Que se pueda sentir esa empatía por un animal al tiempo que se desea el fin de la vida de un ser humano es simplemente repulsivo.

Los espacios de opinión de la prensa de papel española están dominados el 9 de octubre de 2014 por el primer contagio de ébola producido en España y diversos derivados de este asunto, como el caso del perro con nombre de espada artúrica. Hay quien se lamenta de la suerte del cánido y quienes se indignan ante esa pasión animalista unida al desprecio por la suerte de seres humanos en nuestro país y en África. Tenemos también, aunque poco, un hueco para temas políticos clásicos, como el nacionalismo catalán o el auge de los trotsko-bolivarianos españoles.

Una vez más hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos lanzamos a comentar estas cuestiones.

Arrancamos en Barcelona con la columna estupefaciente del día, publicada en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. El autor del texto surrealista en El Periódico no podía ser otro que el hombre que comparaba a Pedrojota Ramírez con un dragón y expresaba su esperanza de que llegara un San Jorge que nos librara de la bestia escupe fuegos. Ernest Folch titula Invierno en Madrid. Hace un retrato de España como un país donde sólo hay corrupción, y dice:

Y una prueba más, como ya habíamos descubierto con los negocios transversales y muy hispánicos de la familia Pujol, de que el encaje de Catalunya y España fue también posible gracias al pegamento corrupto que unía dos oligarquías que en realidad eran una sola, grande y libre.


Ernest Folch.

Ahí es nada eso de los «muy hispánicos» negocios de los Pujol, toda una descatalanización del doble catalán del Maestro Yoda y su familia. Ahora va a ser que trincaban por culpa de ‘Madrit’. Ahora resulta que el famoso 3 por ciento, que a veces llegaba a un 20 por cierto, nada tiene que ver con el nacionalismo catalán. Tiene otra parecida:

Y es cierto, en la España de Bárcenas y Millet hace cada vez más frío, a la espera de la siguiente glaciación corrupta que nos deje definitivamente tiesos.

Esto también es genial, Félix Millet al final nada va a tener que ver con el CiU y con Cataluña. Este humilde lector de columnas debe de ser muy tonto, pues nunca habría imaginado que financiaba a un partido de, por ejemplo, Burgos o Segovia en vez de a la principal fuerza nacionalista catalana.

Concluye Folch:

Parece mentira que algunos aún no se hayan dado cuenta de que la forma más rápida y eficaz para abrigarse del frío estatal es una cálida y prohibida ‘estelada’. 

¿Prohibida la ‘estelada’? Otra nueva negación de la realidad en un alucinante texto donde se culpa a otros de los pecados propios del nacionalismo y se saca un victimismo absurdo.

Pasamos ahora al director del periódico del conde de Godó y Grande de España que ha reculado en su apuesta por el independentismo catalán. El director de La Vanguardia, Màrius Carol se pone sensible con los perros y rinde un Último homenaje a Excalibur.

Lo más inteligente habría sido mantener a Excalibur bajo vigilancia veterinaria y observar si desarrollaba o no la enfermedad. La actuación del juez, por indicación de las autoridades sanitarias, parece poco acorde con el tiempo en que vivimos. La muerte de un animal por el hecho de haber estado en contacto con su dueña enferma de ébola sería impensable en otros países europeos, que han desarrollado leyes para proteger a los animales. En Catalunya, sin ir más lejos, existe una legislación que es la más avanzada del Estado, mientras que la vigente en Madrid tiene veinticinco años.

No deja de sorprendernos afirmaciones tan contundentes en el sentido de que había que dejar vivir al perro. Algunos hemos escuchado y leído a expertos defender una cosa y la contraria, con lo que no sabemos cuál es la mejor. Eso sí, también creemos que si existe el riesgo de que animal infecte a un sólo ser humanos debe ser sacrificado. Es más, si para salvar la vida al impresentable que, en defensa de Excalibur’, gritaba a los policías eso de «muerte a vosotros» es necesario matar diez perros y 20 gatitos, nos parecería perfecto que se hubiera. Y bueno, sobre esa presunción de superioridad moral de la legislación catalana sobre la madrileña, nada vamos a decir.

Concluye Carol:

Immanuel Kant escribió que podemos juzgar a las personas por la manera que tratan a los animales. Si hacemos caso al filósofo, quienes han intervenido en el episodio de Excalibur son seres humanos que no hacen honor a este calificativo.

El director de La Vanguardia no parece darse cuenta que hasta el más inteligente de los seres humanos puede decir la mayor de las idioteces, por muy filósofo que sea. Si hacemos caso, como pretende hacer Carol, a Kant, concluiríamos que entre las mejores personas que han pisado la tierra están Calígula, que quería tanto a su caballo Inciatatus que le nombró cónsul, Mussolini, que prohibió las corridas de toros en 1940, o Hitler. Este último, responsable del asesinato industrial de millones de seres humanos, además de todos las muertes causadas por sus invasiones a casi toda Europa y parte del norte de África, amaba a los perros e prohibió cosas como la experimentación quirúrgica con animales vivas (mientras en los campos de la muerte de experimentaba con judíos o eslavos vivos), las cacerías y hasta que se cocinara vivas a las langostas.

¿Quiere decir esto que el amor a los animales le convierte a uno en mala persona? En absoluto. Pero sí que se les puede querer mucho y ser un ser detestable. Por cierto, que los dos españoles y los miles de africanos muertos no han merecido para Carol una mínima mención en su artículo. Qué triste.

Al llegar a Madrid seguimos centrados en asuntos que tienen que ver con la enfermedad llegada del corazón de África. En El País, el crítico televisivo que suele escribir sobre casi todo menos sobre televisión, comenta la presencia del ébola en España en un artículo titulado U.S.E. Hemos destacar que David Trueba, por una vez no aprovecha para cargar contra el Gobierno, aunque sí tiene críticas para los medios de comunicación en general:

Pero, aunque el estallido de la situación conlleve la histeria colectiva y los medios no hagan nada por atenuarla, es conveniente dejar espacio para una reflexión algo más ambiciosa.

Razón no le falta.

Concluye:

Sería bueno, ahora que la noticia nos ha colocado en portada, conocer nuestras limitaciones y entender que los problemas ocultos se hacen realidad con una terquedad irrebatible. El ideal sería aceptar que vivimos en los Estados Unidos del Ébola, y, por lo tanto, la lucha es global o no es lucha, solo parche. Y de parcheo e improvisaciones dramáticas sabemos demasiado los españoles.

Y tras este buen artículo de Trueba, saltamos a La Razón. Alfonso Ussía, en la contraportada del periódico dirigido por Francisco Marhuenda, titula con el nombre del perro que más lágrimas ha hecho correr por las mejillas de muchos que son incapaces de compadecerse de la muerte de seres humanos: Excalibur.

La izquierda más radical, histérica y aparentemente buenista, tiene un nuevo frente de lucha. El perro Excalibur. El ébola es una excusa para acusar al Gobierno, que hizo muy bien en repatriar a los dos misioneros españoles contagiados, precisamente, por su entrega y amor al prójimo desheredado durante toda la vida.

Sostiene:

Muy pocos de los que protestan por el posible sacrificio de Excalibur, han lamentado el fallecimiento de dos españoles que dedicaron toda su vida a socorrer a los más afligidos en zonas deprimidas y de alto riesgo de África. El nuevo «Prestige», el nuevo 11-M, se llama Excalibur. Un precioso y simpático perro que ignora su protagonismo político.

Lamentaría la muerte de Excalibur, en el caso de que se produjera. Me preocupa infinitamente más -y lo siento-, la vida de Teresa Romero, y la de posibles contagiados, entre ellos, el señor Limón.

Nos da la impresión de que Ussía escribió el artículo por la mañana, puesto que el animal ya había sido sacrificado cuando se cerró la edición de La Razón. Concluye:

Otra cosa es que Ana Mato esté obligada a dimitir. Que lo está. Con o sin Excalibur.

Siempre se agradece que haya quien se atreva desde La Razón la dimisión de un miembro del Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante. Sobre todo si es una señora que quiere convencer al mundo de que ella era incapaz de ver un coche de lujo aparcado en el garaje de su casa.

Y de contraportada a contraportada, ahora a la de El Mundo. Raúl del Pozo titula Ébola: ladra Cerbero.

Sólo hay que tener miedo al canguelo, pero díganme ustedes qué puede hacer el Gobierno sino equivocarse. No pueden vigilar los medios porque sabemos muy bien que para vender periódicos, ahora que se venden tan mal, nada hay que pueda igualar a la foto en primera de un niño, un perro o una epidemia. En este caso, sólo falta el niño, que llegará, si es que no ha llegado ya.

Esperemos que se equivoque en lo del niño. Nos referimos a España, claro está, porque desgraciadamente en África ya ha ocurrido y en muchos casos. Concluye:

En Alcorcón ha estallado un brote de anarquismo verde y perrero para impedir que se llevaran al sacrificio a Excálibur. Gritaban que la peste la transmiten las ratas, no los perros. Arturo Pérez-Reverte ha sacado un tuit como una navaja: «Propongo poner el perro en observación y sacrificar a Ana Mato. No hay color». En las redes, el grito es: Habrá que matar a las aves migratorias, a los de las pateras y a todos los perros de Alcorcón y de Madrid.

¿Y cuál es la opinión de Del Pozo sobre el perro de Alcorcón? Al afilador de columnas le gustaría conocerla.

En ABC, Isabel San Sebastián titula Noticia de España un artículo en el que critica con dureza al Gobierno de Rajoy tanto por la gestión de la crisis sanitaria como por su política de comunicación en lo referido a la enfermedad.

Muy mal de reflejos anda el Gobierno para no haber producido ya un argumentario solvente, avalado por científicos y explicado por expertos, capaz de calmar a la ciudadanía aquí y fuera de aquí.

Es fácil matar al mensajero y culpar a los periodistas de difundir irresponsablemente el pánico. Se trata de un recurso tan viejo como socorrido cuando no hay otra estrategia mejor con la que hacer frente a una crisis de esta envergadura ni liderazgo susceptible de transmitir seguridad.

Concluye:

Titulares alarmantes referidos a graves fallos de seguridad en los sistemas de control sanitario. Crónicas de corresponsales que se olvidan, por un día, de la ración cotidiana de corrupción o la algarada separatista de turno, para señalarnos como un territorio en el que la salud pública corre peligro. Esa es, hoy por hoy, la noticia de España. Y España, afortunadamente, no es eso.

Cierto es que España no es sólo eso, pero sí es lo que consiguen hacer creer sus gobiernos.

Ponemos punto y final a este ‘Afilando columnas’ sin salir del diario madrileño de Vocento pero sí cambiando de asunto. Ignacio Ruiz-Quintano habla de corrupción y el auge de Podemos en un artículo titulado El vuelco.

Hombre, si la tarjeta de Pablo Abejas justifica una República Bolivariana, con los eres de Juan Lanzas estaríamos hablando por lo menos de un IV Reich, y no es ningún disparate, si tenemos en cuenta que la formación ciudadana en España corre a cargo de los canales culturales de Berlusconi. El vuelco, pues, es mediático.

Concluye contando que unos días antes fue a Fuenlabrada a ver un combate de boxeo donde un español, Rubén Nieto, peleaba por el título de europeo:

Como choca con la socialdemocracia, el boxeo es espectáculo clandestino: carece de publicidad. Pero a la una el pabellón estaba hasta los topes de currantes que se levantan cada día a las cinco. Vi muchas banderas nacionales y ninguna de Podemos, cuyo «proletariado» se reduce a los platós de Berlusconi, a la Complutense de Carrillo y a esa adolescencia pija que antes te lo juraba por Snoopy, y ahora, por Macumba.

Ojalá tenga razón el Ruiz-Quintano, pero nos tememos que los de Pablo Iglesias y Monedero van a captar muchos más votos.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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