COMPADREO CON LOS GOLPISTAS CATALANES

TVE cita a los golpistas como «presos políticos» y Ana Pastor les agasaja con un desayuno

La socialista Meritxell Batet intenta censurar a Albert Rivera cuando el de Ciudadanos muestra su indignación por el escarnio a España

TVE cita a los golpistas como "presos políticos" y Ana Pastor les agasaja con un desayuno

Para echarse a llorar (Episodios nacionales: el ‘circo’ indepe ya está en el Congreso y Batet corta a Rivera por protestar por el juramento no valido de los golpistas).

Y no son sólo el presidente Sánchez y un montón diputados los que se han puesto de felpudo al paso de los separatistas catalanes, encarcelados por intentar un golpe de Estado contra EspañaTVE, la soviética que dirige Rosa María Mateo, ha vuelto a referirse como «presos políticos» a los golpistas catalanes que en 2017 protagonizaron un desafío a la legalidad (El colmo del esperpento es cuando el mayor bufón del Congreso lloriquea porque los de VOX aporrearon para silenciar a los golpistas ).

En esta ocasión, ha sido en una información referente a la presencia de los dirigentes separatistas, en prisión preventiva, en el Congreso para asumir sus cargos como diputados (El ‘golpista’ Junqueras a Sánchez: «Tenemos que hablar»… y el socialista responde: «No te preocupes»).

Los diputados presos que este martes se han estrenado en el Congreso de los Diputados han estado alrededor de seis horas en las instalaciones de la Carrera de San Jerónimo.

El Tribunal Supremo les había autorizado a acudir para recoger su acta como representantes de los catalanes y acto seguido volver a la prisión de Soto Del Real.

Pero en esas seis horas, gracias a gestos de la presidenta saliente, An

a Pastor ,y de la entrante, Meritxell Batet, su estancia ha sido un lujo, donde sólo ha faltado un masaje ‘body to body’ con final feliz.

Los presos, procesados por intentar un golpe de estado contra España, han llegado alrededor de las nueve y media de la mañana al Congreso de los Diputados conducidos por la Guardia Civil.

Tras pasar a ser custodiados por la Policía, se les ha dirigido a una sala donde les esperaba un desayuno ofrecido por la ex presidenta de la Cámara, en ese momento máxima responsable del dispositivo, Ana Pastor.

 De ahí, sin estar esposados, han sido introducidos de forma discreta en el hemiciclo, donde se les ha recibido con aplausos por parte de independentistas y diputados de Podemos.

Dentro el hemiciclo han podido hacer prácticamente de todo. Con los teléfonos móviles de sus compañeros, se han podido comunicar con familiares y amigos, incluso con el ex presidente Carles Puigdemont.

Desde Waterloo, el líder de JXCat ha llamado al móvil de la portavoz en el Congreso Laura Borràs, con una funda roja, que ha ido pasando de oreja a oreja entre Josep Rull, Jordi Turull y Jordi Sánchez. Los cuatro presos también se han movido entre bancadas para ir a hablar con diputados de EH Bildu, Podemos, el PNV, Ciudadanos o el PSOE. Todos han ido a saludar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El idioma español dispone de un amplio surtido de calificativos para describir las dos jornadas vividas en el Congreso: bufonada, esperpento o astracanada son tres palabras que vienen muy al cuento.

El Supremo, en su afán garantista con la mirada puesta en Estrasburgo, ha permitido a los golpistas acudir a la sesión de investidura estando en prisión preventiva. A partir de ahí, todo ha terminado como se esperaba: mal para el Estado de Derecho y bien para alimentar el ego de los secesionistas.

El más reciente, el caso del juez Llarena que denegó a los mismos protagonistas del circo de este martes acudir a la sesión de investidura en el Parlament, en enero de 2018, forzando a que emitieran su voto por delegación.

Por otro lado, Marchena y el resto de jueces de la sala habrán recordado el antecedente del etarra Juan Carlos Yoldi, al que hace 30 años la Audiencia de Pamplona permitió acudir a la sesión de investidura en el Parlamento Vasco ya que se postulaba como lehendakari.

Un Estado de Derecho, si no quiere traicionar su propia esencia, no debe ceder a esta suerte de escenificaciones. La gravedad de los delitos que están siendo juzgados exige un tratamiento acorde con los hechos que se quiere dirimir ante un tribunal.

Un tratamiento así de liberal para con los presos trasmite la idea de que, en realidad, nada de esto es asunto tan serio como pudiera pensarse y -aquí viene lo más preocupante- esta percepción pública luego puede acabar cuajando en la sentencia. En cuanto al mundo independentista, lejos de interpretar estas dos jornadas como un gesto de misericordia, lo verán como síntoma de debilidad e inseguridad por parte de las instituciones. Tomarán buena nota de ello.

Cualquier preso en espera de sentencia que tuviera que salir de la cárcel para ir a realizar una revisión médica a un hospital, probablemente estaría en todo momento vigilado y esposado, y desde luego no tendría acceso a ningún dispositivo de comunicación.

Aquí hemos visto todo lo contrario, al punto de que la tercera autoridad del Estado -la ex presidenta del Congreso, Ana Pastor- ha agasajado a Junqueras y compañía con un desayuno. Estos señores ni vienen ni regresan al gulag; su alimentación cotidiana es óptima. Un mínimo de severidad hubiera sido lo correcto.

Juramentos estrafalarios «por la república», encarcelados golpistas saludando al Presidente del Gobierno y quedando para seguir hablando luego, la propia TVE retransmitiendo el acto hablando de «políticos presos»… Estas dos jornadas, más que parecer el comienzo de una nueva legislatura, semejaban el comienzo de una verbena.

La democracia tiene una liturgia que debe ser respetada, porque ello expresa el respeto a la democracia misma y a la comunidad política que representa, que en este caso es España. Bajo tanto relajo y tanto aire distendido, ya sabemos lo que se está urdiendo: pacto con los independentistas e indulto a sus presos.

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