Lo sabes, poesía

José Pómez

El truco de la avutarda.

El truco de la avutarda.

Amaneció con un silencio ensordecedor.
Los pájaros ya no cantaban,
las ranas no croaban,
solo el viento silbaba
entre las ramas secas de los árboles.

La gente murmuraba que la avutarda,
una ave legendaria de mal agüero,
había regresado para anunciar
una plaga de oscuridad y desolación.

Astrid, una joven de espíritu libre,
no creía en supersticiones.

Para ella, el silencio era solo una señal
del cambio de estación,
un presagio del frío invierno
que se aproximaba.

Sin embargo, algo en el ambiente la inquietaba. Las miradas esquivas de sus vecinos,
los susurros en las calles,
todo parecía indicar que algo terrible
estaba por ocurrir.

Un día, Astrid encontró un viejo libro
en el desván de su casa.

El libro explicaba el truco de la avutarda,
una criatura mitológica
que se alimentaba del miedo
y la desesperación.

Según la leyenda,
la avutarda podía leer las mentes
y convertir los peores temores en realidad.

Astrid, aterrorizada,
decidió deshacerse del libro,
pero no pudo.

Una fuerza invisible
la obligaba a leerlo
una y otra vez.

Cuanto más leía,
más se convencía
de que la avutarda era
la que estaba detrás
del silencio que reinaba en el pueblo.

Comenzó a tener pesadillas horribles.

En sus sueños, la avutarda la perseguía
por un bosque oscuro,
sus ojos brillaban como brasas
y su pico afilado se acercaba
cada vez más a su cuello.

Astrid despertaba empapada en sudor,
con el corazón palpitando a toda velocidad.

Un día, Astrid vio a la avutarda por primera vez.

Era una criatura enorme,
de plumas negras como la noche
y ojos amarillos que parecían taladrar su alma.

La avutarda la miró fijamente,
y Astrid sintió cómo un terror helado
se apoderaba de ella.

En ese momento, Astrid comprendió
que la avutarda no era solo una leyenda.

Era una criatura existe, y había venido a por ella.

La avutarda se abalanzó sobre Astrid,
y ella gritó con todas sus fuerzas.

Al despertar, Astrid se encontraba en su cama, empapada en sudor.

Era solo una pesadilla,
pero Astrid sabía que la avutarda no se rendiría. Vendría a por ella de nuevo.

Astrid decidió que no se dejaría
vencer por el miedo.

Tomó el libro y lo quemó en la chimenea.
Juró que nunca más volvería
a pensar en la avutarda.

A partir de ese día,
el silencio comenzó a disiparse.

Los pájaros volvieron a cantar,
las ranas volvieron a croar,
y la vida en el pueblo
volvió a la normalidad.

La avutarda nunca más volvió a aparecer,
pero Astrid nunca olvidó el terror que le infligió.

El truco de la avutarda le enseñó a Astrid
que el miedo puede ser la peor de las pesadillas, pero también que la confianza y la valentía son armas muy poderosas para combatirlo.

José Pómez
https://tinyurl.com/3smt2prx
ISBN: 9781008924512

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído