DERROTA SIN PALIATIVOS

Sudor frío en la dacha de Galapagar: la peor noche electoral de Podemos deja besando la lona a Pablo Iglesias

Si tuviera dignidad, pondría su cargo a disposición del partido.

Pablo Iglesias ha recibido en las elecciones vascas y gallegas un golpe al mentón que lo ha dejado besando la lona.

El síndrome de Estocolmo de la izquierda con el separatismo y los herederos de la ETA comienza a pasarle factura. Han llevado a hombros a la banda de Otegi, han sido sus sacrificados costaleros y lo han acabado pagando. El voto fugado de Podemos se ha instalado mayoritariamente en Bildu y en la abstención.

El PSOE y su socio han pagado cara su estrategia de blanquear a los nacionalismos ya que quiénes resultaron beneficiados del debilitamiento de la izquierda fueron el BNG en Galicia y Bildu en el País Vasco.

En Galicia, Antón Gómez-Reino, un niño bien de La Coruña, se queda fuera del Parlamento gallego y pierde los 14 diputados que su partido ostentaba allí desde 2016. Ser la alfombrilla de baño de los nacionalistas en Moncloa lleva a que el BNG resurja de sus cenizas consiguiendo 19 escaños.

«Podemos enfila su crepúsculo, por su pésima gestión en los ayuntamientos y por los enredos del muy social vicepresidente. Buena noticia para España», escribe el coruñés Luis Ventoso en ABC.

La debacle de Unidas Podemos en el País Vasco no alcanza la cota histórica de Galicia pero se traduce en que perdió prácticamente la mitad de su representación al quedarse en seis diputados desde los once obtenidos en las autonómicas de 2016. Pasa de ser la tercera a la cuarta fuerza en la región.

«El caso Dina pasó una merecida factura y sus sueños de formar un tripartito en Vitoria con los socialistas y los proetarras se desvanecieron ante la nueva victoria acrecentada del PNV, sempiterno ganador en su territorio, que volverá a encontrar en el PSE la muleta dócil en la que apoyarse para administrar su feudo cual dueño y señor del caserío», firma Isabel San Sebastián.

Allí el constitucionalismo se convirtió hace ya años en algo meramente testimonial, irrelevante, tras la traición de los del puño y la rosa y el daño infligido al Partido Popular de Jaime Mayor y María San Gil, que Iturgaiz no fue capaz de reparar.

También le pasa factura el personalismo megalómano de Iglesias y su tendencia a purgar a todo aquel que no le baile el agua.

En Galicia, Podemos rompió con En Marea, la coalición con la que en 2016 logró situarse como segunda fuerza con 14 escaños; y protagonizó una negociación a contrarreloj para armar una nueva coalición, con tensión por los puestos de salida hasta el final. En el País Vasco, Podemos ha tenido 4 líderes en 5 años. Y el último dimitió tras perder las primarias con la candidata de Iglesias.

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