Rafael Torres – Al margen – Huelga de jueces.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Los jueces se sienten como una especie de «cobradores del frac» de los bancos, cuando no como esos otros que al que no paga le rompen las piernas, que en el caso de las hipotecas es la vida, mediante el procedimiento del desahucio cruel, injusto e infame. Los bancos se sirven de los jueces, en efecto, como la señora Cifuentes de la Policía, para hacer lo que quieren y quebrar toda oposición a sus designios, mas como quiera que los que quedan como los malos de la película son ellos, pues son los que sentencian y firman las órdenes de lanzamiento, y que los bancos saturan los juzgados con sus demandas antisociales (¡350.000 desahucios en cuatro años!), los jueces han dicho que hasta aquí hemos llegado, y que ellos no consagraron profesionalmente su vida a la Justicia y al Derecho para acabar sirviendo de ejecutores de la monumental estafa que la banca ha perpetrado, en sus diversas modalidades, contra la sociedad española. Por si faltara algo, las «reformas» de Gallardón, asombrosamente ¡ministro de Justicia!, han terminado de indignarles, particularmente la del incremento descomunal del precio de la Justicia precisamente, que queda más lejos que nunca del alcance y de las posibilidades de la mayoría.

Jueces y fiscales de todas las asociaciones profesionales, conservadores y progresistas, denuncian las malas prácticas bancarias que fuerzan su indeseada complicidad o cooperación necesaria. Los jueces dictan los desahucios, pero lo hacen aplicando la Ley, que data de hace más de un siglo, que desprotege absolutamente a las víctimas, y que el Gobierno, el encargado de reformarla o de dictar otra por su mayoría absoluta en el Congreso, ha mantenido y mantiene para mayor lustre de los bancos y de los banqueros. El mismo Gobierno que los rescata mientras hace recaer el pago sobre los ciudadanos empobrecidos y mediante la incautación de los ahorros y los patrimonios de los trabajadores. Los jueces, que sienten que lo que están haciendo no se compagina con la función para la que se formaron, ni con la que la sociedad espera de ellos, se plantan, y dan con ello algún respiro a los amenazados de ser arrojados de sus hogares.

Otro respiro, que afecta a las vidas de cientos de miles de españoles, se espera en breve de ellos: el alud de demandas por la estafa de las Preferentes, otra de las más sangrantes y viles del ramo.

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