Fernando Jáuregui – Enorme jaula de grillos


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

La diversidad de las reacciones ante los anuncios que hace la llamada comisión de verificación sobre el estado de cosas con ETA me recuerda, salvando, claro, todas las distancias, a la multiplicidad de conteos sobre las veces que la infanta Cristina respondió «no sé», «no me acuerdo» a las preguntas del juez Castro. Menudo follón. Son, desde luego, apenas dos ejemplos en lo inmediato, pero que reflejan el lío global en el que se desempeña (¿y se despeña?) este país nuestro.
Lo va usted a comprobar en el inminente debate parlamentario sobre el estado de la nación: hay versiones para todos los gustos sobre todas las cuestiones, incluyendo sobre los datos teóricamente objetivos, y cada cual cuenta la película según su papel en ella, o según la comodidad de la butaca desde la que la contempla. De manera que la película acaba no pareciéndose en casi nada al original. Vamos, que esto, definitivamente, es una jaula de grillos.
Cuando falta la información constatable comienzan el rumor y la especulación. Verá usted: he escuchado hace pocas horas en una tertulia asegurar que es ETA, así, directamente, quien paga a la famosa comisión internacional de verificación. Y hace pocos días leía una «filtración» -en realidad, fueron varias y ni siquiera coincidentes- de las penas que el fiscal Horrach había pedido para Iñaki Urdangarín y para sus socios en el feo asunto Aizoon y compañía.
Pues déjeme, amable lector, que le diga que, en primer lugar, dudo mucho que la banda del horror sea quien paga -si es que alguien paga- a los verificadores. Y, segundo, sé positivamente que el fiscal Horrach no ha hecho petición alguna de penas, porque aún se encuentra comenzando a redactar su escrito. Ya digo: son apenas dos ejemplos recientes, pero habría más, muchos más. Y es que aquí hay mucho apresuramiento, demasiadas tomas de posición «a priori», excesivas banderías, topicazos a manta y pocos análisis objetivos. Podría resumirse diciendo que una de las causas principales de todo ello es, en suma, una grave falta de dirección política palpable en quienes precisamente deberían dirigirnos.
Y es que, voy a repetirlo de nuevo, esto es una jaula de grillos, a cuyo ruido, ocasionalmente ensordecedor, a veces contribuimos también los medios de comunicación, a los que, para colmo, esos mismos que adolecen de falta de dirección política se gozan en señalarnos como culpables. Asumiendo autocríticamente la parte de culpa que me corresponda, tengo que decir que el espectáculo de desorden, confusión de mensajes, ausencia de programa, peleas internas y falta de liderazgo que contemplamos en partidos políticos, sindicatos e instituciones resulta tan preocupante y evidente que lo extraño es que los medios no desbarremos aún más de lo que ya nos pautan para que lo hagamos.
Yo, por mi parte, pido sinceramente perdón por lo que pueda haber incurrido como partícipe en la inmensa barahúnda nacional: seguro que unos gramos de responsabilidad me caben. Pero me parece, y resulta conveniente resaltarlo ahora que viene ese debate sobre el estado de esta nación nuestra, que, entre todos, debemos exigir y exigirnos un poco más de claridad, acuerdo y orden, que es, al fin, el ingrediente básico para la seguridad jurídica y para la buena marcha de eso que hemos dado en llamar «marca España». Que es algo que, entre unos «affaires» y otros, no anda demasiado bien, me temo.

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