Y que corre mucha prisa – Pedro Calvo Hernando.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Por si no teníamos pruebas suficientes del cerco al que algunos barones y alguna baronesa tienen sometido a Pedro Sánchez, esa filtración en la cadena Ser despeja cualquier duda. También es elocuente Felipe González en la entrevista que concedió a «El País», en la que le animaba a dejar gobernar a Rajoy si él no podía. Es tremendo el aguante del secretario general del PSOE, que además no pierde la sonrisa, al menos en público. Lo que parece mentira es que no entiendan todos o no quieran entender que no hay otra salida que facilitar la investidura de Sánchez, por supuesto aunque sea simplemente por exclusión de cualquier otra. Con todos sus errores o defectos, a mí me parece que Sánchez es el que más se salva del aluvión de broncas generalmente merecidas en este momento. Mucho más que Rajoy, convertido en la esfinge 2.0 de nuestro tiempo, que no dice esta boca es mía pero que descalifica a los demás. Más que Pablo Iglesias, muy majo el chaval y más listo que ni sé, pero que tiene cosas que me hacen mucha gracia pero que debo reconocer que se pasa, como aquello de nombrarse vicepresidente y adjudicar ministerios directamente a sus chicos. Más que Albert Rivera, al que no niego sus habilidades, que lo tiene más fácil porque ya se sabe, y él también, que no puede aspirar a presidente siendo su partido el menos votado de los cuatro principales…
Se supone que ni Sánchez, ni Iglesias, ni Garzón, ni Colau, ni Oltra ni nadie más de la izquierda de las confluencias y mareas de los Podem o non Podem, los Sí que es Pot y los que non es pot, van ser tan tontos de no mirar en serio a su alrededor, incluso de sumar en la cuenta los votos del PNV, con ese Urkullu maestro de gobernante y tan prudente (6 diputados a añadir…) y algún otro pequeño partido. La suma de votos de todos ellos siempre sobrepasará a la que pueda conseguir Rajoy, solo los suyos, ni uno más. Y a la vista del plan, quién asegura que Albert al final no aportaría sus 40 o al menos la abstención. Porque no se duda que Podemos no llevaría hasta el final su decreciente exigencia del referéndum catalán (en el que ellos se han cansado de repetir que votarían no), fácilmente convertible en referéndum en toda España, por ejemplo. Y la buena jugada de Pedro de someter a las bases del partido los términos del pacto que alcance con Pablo, esa propuesta que nadie pudo rechistar, aunque a Susana se la llevaban los demonios. Claro, bien sabemos que estamos metidos en un gran lío, pero sabemos que el PP, ni por votos ni por clima corruptivo, no puede aspirar ni de coña a seguir gobernando este gran país. Ah, y que corre mucha prisa porque el pueblo español y no digamos los simpáticos mercados no es bueno que se impacienten…

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