Luis del Val – Los golpes de Estado no se anuncian


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

De la misma manera que las monarquías no anuncian noviazgos, sino matrimonios, una regla no escrita y tradicional dictamina que los golpes de estado no se anuncian, sino que se llevan a cabo con la menor publicidad posible. Cuando Miguel Primo de Rivera da el golpe de Estado, aclamado por Cambó y la totalidad de las clases medias catalanas, el 13 de septiembre de 1923, no lo anuncia meses antes, ni semanas antes, sino que lo lleva a cabo, y a las 48 horas era presidente del Directorio Militar. De la misma manera, Companys no se pasa días y días anunciando que a lo mejor, un día de estos, igual da un golpe de Estado, sino que tras las elecciones municipales del 34, el 6 de octubre proclama el Estado Catalán, que duraría unas horas, por que otro catalán, el general Batet, lo detuvo y lo llevó a un barco convertido en prisión, como casi todo el mundo sabe. Y el general Franco no se pasó meses y meses, en Canarias o en Marruecos, diciendo, «Pues, no sé, cualquier día cojo una avioneta y me planto en la península y doy un golpe de Estado». Hubiera sido estúpido para lograr sus fines.
Por eso, no entiendo que una pandilla de secesionistas, que ahora les da por amenazar a funcionarios y contribuyentes, anuncien el día en que van a dar el golpe de Estado como si se tratara de una corrida de toros, por cierto tan prohibidas en Cataluña como los referéndums parciales en toda España.
Esta avalancha de divulgación, de advertencias, anuncio de preparativos y comunicación de tareas previas es lo más insólito y estúpido que puede rodear a un pretendido golpe de Estado. O se hace o no se hace. O calculan que lo puede llevar a cabo y lo cometen, o no hagan el ridículo, porque lo peor de un golpe e estado es que los ciudadanos se lo lleguen a tomar a risa.

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