Eric Drexler alertó sobre los riesgos de la utilización de la nanotecnología si la ciencia no trabaja a la par con la ética

Operación cambio climático (IV) Cuando la ciencia se utiliza para el mal, hay que echarse a temblar. ¡Temblemos!

Operación cambio climático (IV) Cuando la ciencia se utiliza para el mal, hay que echarse a temblar. ¡Temblemos!

¿Polímeros autoensamblables, nanotubos, polvo inteligente? Son términos que seguramente se nos escapan. Por ello, para entender algunos de los extremos que estamos exponiendo, es necesario dar unas pinceladas sobre la nanotecnología. El término fue empleado por vez primera por Norio Taniguchi en 1974, aunque ya en 1959 el futuro Premio Nobel, Richard Feinman, hacía alusión a sus posibilidades en una conferencia en el Instituto Tecnológico de California. Sin embargo, fue Eric Drexler quien realizó las aportaciones más importantes a la nanotecnología molecular. En su libro “Engines of creation”, publicado en 1986, expone los pormenores de esta ciencia maravillosa, capaz de fabricar nanomáquinas hechas de átomos, y capaces a su vez de construir ellas mismas otros componentes moleculares. Se define esta ciencia como “el estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a nanoescala, y la explotación de fenómenos y propiedades de la materia a nanoescala. Cuando se manipula la materia a escala tan minúscula, presenta fenómenos y propiedades totalmente nuevas. Por lo tanto, los científicos utilizan la nanotecnología para crear materiales, aparatos y sistemas novedosos y poco costosos, con propiedades únicas”.

Un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro. Hablamos de dimensiones imposibles hace apenas unas décadas, y que aún hoy nos cuesta trabajo imaginar. Una bacteria del género Micoplasma, la forma de vida celular más pequeña, tiene un diámetro de 200 nm de largo. Se trata, en definitiva, de fabricar productos invisibles al ojo humano, por sus dimensiones. Dicho esto, al lector le será más fácil entender el alcance de algunos de los componentes de las estelas químicas. No estamos diciendo que la nanotecnología sea algo negativo per se, sino su empleo. Utilizada para el bien, esta novísima ciencia puede tener múltiples aplicaciones muy positivas que suponen un avance para la humanidad, en la medicina, por ejemplo; pero ya el citado científico Drexler hablaba de sus riesgos si la ciencia no trabaja a la par con la ética.

Pues bien, los peligros que auguraba Drexler ya se han hecho presentes y los estamos sufriendo en carne propia. Todo apunta a que las fumigaciones secretas estarían relacionadas: 1) con la destrucción de la flora natural, 2) con la manipulación del comportamiento de las masas a través de los programas de control mental, y 3) con la modificación del ADN humano y la propagación de enfermedades.

Las sustancias que aspergen desde los aviones, aparte de llegar al suelo, son absorbidas por los seres humanos a través de las vías respiratorias. Se sospecha que estas partículas, cada vez más presentes en el aire, pudieran ser las causantes de algunas enfermedades, como el cáncer, las cada vez más comunes alergias y el terrible alzhéimer. Si el aluminio afecta negativamente a nuestro sistema nervioso —hablamos de un hecho probado—, relacionar el alzhéimer con las fumigaciones no parece descabellado.

Sabemos que esto es casi como hablar de apariciones fantasmales. La sociedad no está preparada para estas verdades. El control de manipulación al que estamos sometidos es tan grande, que somos incapaces de imaginar que personas cabales puedan idear semejantes planes de destrucción. ¿Cómo vamos a sospechar que nos estén fumigando? La sociedad, acostumbrada a confiar en el papá Estado no puede concebir que fumiguen con sustancias tóxicas, como tampoco imagina que una vacuna contra el tétanos pueda llevar un componente químico esterilizante; máxime si está de por medio la ONU, posiblemente la organización más corrupta del mundo.

¿En qué lugares están experimentando?

Aunque este proyecto de geoingeniería sea un programa a escala mundial, los países europeos y Estados Unidos están siendo los más afectados. En Estados Unidos, con frecuencia, se presentan en el Senado proyectos de ley sobre experimentación, modificación y mitigación del tiempo atmosférico. En Europa, se han hecho preguntas al Parlamento Europeo, pero nunca se ha admitido la realidad de estas prácticas.

Algunas zonas son mucho más castigadas que otras. Por ejemplo, en España, Castilla y León es un punto muy caliente. En concreto, el área de La Guareña, al sureste de la provincia de Zamora, está sufriendo los estragos de una gran sequía desde hace años. Los campesinos ven aparecer las nubes, creen que por fin van a tener lluvia, pero llegan los aviones y estas se diluyen [95].

En la zona de Levante también hay mucha actividad. En Madrid —incluida la Sierra— es frecuente ver aparecer los aviones a gran altura, a veces en grupo, y en un momento dejan el cielo lleno de cuadrículas.

¿Cómo es posible que la sociedad no vea algo tan evidente? La respuesta es muy sencilla, a la vez que penosa. Estamos atontados con la televisión, las redes sociales, los juegos digitales, y así vamos pasando la vida, en un estado de zombificación perpetua. La sociedad no se entera, pero opina, y eso sí es grave, porque la masa ha sido hábilmente programada para defender a los manipuladores y ejercer de alguacil frente a los disidentes, si fuera necesario. Es muy difícil despegarse de las anteojeras y mirar hacia adelante sin miedo. Es muy difícil salirse del rebaño. Por eso, la manada defiende al pastor, a pesar del ordeño continuo y del matadero como fin de fiesta. A los que se enfrentan al sistema, les queda el vacío, el descrédito o algo peor. (Continuaremos hablando de la Operación cambio climático)

 

[95] Entre las consecuencias más inmediatas, los expertos y “guardacielos”, que llevan años haciendo el seguimiento, constatan muchos frentes de lluvia deshechos. Estas son algunas de las consecuencias: El pinar de El Maderal desapareció en solo un año; los cultivos tardan en madurar debido a una menor radiación solar, porque las fumigaciones interfieren en la luz solar más de la mitad del año; los árboles y las viñas son parasitados por hongos; las plantas, incluso el maíz, tienen más necesidad de agua; el trigo se quema por las puntas y salen unas hierbas muy altas, desconocidas para los agricultores; se encuentran miles de hormigas muertas, y también gatos, conejos y águilas o milanos, tras llevar días de vuelo bajo. La salud de las personas se resiente: aumentan las alergias, afecciones pulmonares, virus extraños, sangrado de nariz, afecciones de piel, picor de ojos y en la garganta, dolor de pecho, dolor y pitidos en los oídos, vómitos y diarreas, cansancio extremo, estado depresivo, insomnio, pérdida de memoria; el número de personas con alzhéimer en la zona se dispara, y se registran casos de ictus, y personas fallecidas por paradas cardiacas en el campo o en casa, incluso entre la población más joven. Información tomada de www.guardacielos.org. Recomendamos la visita a esta web.

 

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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