Laureano Benitez Grande-Caballero: «La España asesinada (2ª parte): pidiendo el gran milagro»

Laureano Benitez Grande-Caballero: "La España asesinada (2ª parte): pidiendo el gran milagro"

Por José Arasco Pérez

España, cuando Felipe González nos gobernaba, entró en la Unión Europea prometiendo el oro y el moro, pero la realidad ha sido otra, y más si hablamos de las zonas rurales, donde nos obligaron a adaptarnos a la normativa europea, sin que nuestros representantes luchasen para que en España se respetasen la cultura y costumbres de estas zonas, llegando al punto de prohibir a nuestras carnicerías rurales sacrificar los animales o producir los productos derivados de los mismos, con la excusa de la sanidad.

Con esta normativa, los carniceros tenían que desplazar los animales a mataderos autorizados y, en cuanto a los productos derivados de la carne, no les era rentable el seguir todos los pasos de la reglamentación, pues era producción a pequeña escala. Resultado de esto fue el consumir carne de peor calidad y productos con más conservantes que carne. Creo que esto lo hizo la envidia de los politicastros que, ni con todos sus macro sueldos, podían consumir productos de la calidad que tenían esas zonas rurales, donde hasta los más mayores no recordaban una sola intoxicación.

Bueno, para terminar con las puñaladas que, aunque hay muchas más, han asesinado a nuestros pueblos, solo faltan los ecologistas, verdes o como se les quiera llamar. Estos niñatos vagos sin oficio ni beneficio que quieren vivir sin trabajar y a base de hacer ruido, que los gobernantes, ―mayoritariamente de izquierdas, cómo no―, les provean de subvenciones con las que poder bienvivir, desestabilizando el país y estas zonas rurales en especial, prohibiendo la caza y la pesca, entre otras cosas, actividades que, cuando dañan cultivos o la ganadería, es porque se han introducido especies no autóctonas, véase la trucha americana o arcoíris.

En el caso de la ganadería van como locos defendiendo al oso o al lobo sin pensar en los ganaderos que viven ya sea de la oveja o de la vaca. Estos majaderos piensan en todos los animales menos en el ser humano que vive en los pueblos, donde la caza y la pesca suponen dos de los pocos ingresos, fuera de los productos autóctonos. No hay que ir muy lejos para encontrar una panadería, un bar, u otros negocios que han tenido que cerrar por la disminución de las ventas al desaparecer un coto, ya sea de caza o de pesca.

Todo esto que aquí se cuenta es la realidad de lo que ha ocurrido, que está ocurriendo, mientras nuestros politicastros solo se preocupan de cobrar sus sueldazos. Muchos de los pueblos que han entrado en coma podrían recuperarse y mantener una forma de vida y una cultura, que en España es muy rica, aunque lo sería mucho más si durante los gobiernos republicanos ilegales de la izquierda, no se hubiesen destruido tantas obras y monumentos de los que España estaba llena.

Hemos llegado a la parte que más dolería leer ―y no leerán―, esos personajes repugnantes retratados a lo largo de estas líneas, culpables de todos los desaguisados que han sucedido en España y dentro de esta España lo que han hecho con los pueblos que hace 60 años tenían el médico en igualdad a todos los ciudadanos sin importar donde vivían. Donde había una escuela con maestros de los de antes, de los que enseñaban, y aunque pegasen a veces tomaban el magisterio como una religión donde lo más importante era que los niños aprendieran lo mismo que los de la capital, pero con menos medios. Venían unas señoras pertenecientes a la llamada Sección Femenina con la única misión de enseñarnos a bailar la jota, tocar la guitarra, practicar deportes desconocidos en el pueblo o labores tradicionales como el bolillo, ganchillo, etc.

Hoy el ayuntamiento se tiene que encargar de contratar algunos de estos servicios previo pago de un contrato que en parte subvenciona la Diputación Provincial, pero que antes era del Estado, no se pagaba nada excepto lo que los vecinos agradecidos regalaban a esas misioneras que dedicaban su trabajo a los olvidados.

Hoy en mi casa tengo 70 canales, con la incongruencia que es pasar muchos días sin poder ver un canal ni medio. Unos con las telenovelas, con actores que no lo son; concursos que debería darles vergüenza televisarlos, ya que, mientras hacen el gilipuertas todo va bien, pero cuando preguntan «¿Quién descubrió América?», el pinchazo es seguro. En resumen, una televisión digna de la izquierda, que para eso la tienen estos partidos llamados progres, para aburrir al ciudadano más o menos culto y para adoctrinar a los ciegos culturales que luego les votarán. Unos días hablarán mal de Franco y al día siguiente hablarán bien de Zapatero, por muy difícil que sea ese milagro. Harán lo imposible para colocar “periodistas” con la carrera terminada con enchufe, al igual que los doctorados de sus políticos.

Hace 55 años España tenía dos cadenas, explicado para los jóvenes que no distinguen un perro de un loro, la primera y la segunda, que, al contrario de las 70 cadenas de ahora, había discusiones familiares porque los niños querían ver al pato Donald y los mayores una película del oeste y sobre todo, todos los días había documentales instructivos casi siempre sobre animales. Lo fácil que era llenar las horas del día porque llegada la noche las películas podían ser de uno o dos rombos según la calificación y a los niños nos enviaban a la cama, quizás por eso salimos tan tontos.

De verdad, cada vez que recuerdo aquellos tiempos de la dictadura maltratadora más me apena que no la hayan podido conocer mis hijos. Cuando íbamos al cine de noche no pensábamos si nos asaltarían por la calle; jugábamos siempre en el campo o en la calle, vigilados por un pastor o un agricultor, y si te pasaba algo avisaban a tu padre, lo mismo que si hacías una trastada se lo decían al progenitor, que al llegar a casa te recibía con bombo y platillo, pero nunca se nos ha ocurrido destrozar nada.

Hemos avanzado tanto, que ya nos fuimos del pueblo y solo nos acordamos para un fin de semana o las vacaciones. Se empadronan en el pueblo para pagar menos impuesto de circulación, pero si salen ganando se empadronan en la capital para tener descuento en el autobús. Acabando ya este escrito, que solo intenta hacer reflexionar a las personas con sensibilidad, no me queda nada más que pedirle a Dios que haga un gran milagro, para no tener que ver, lo que nunca querría ver, y es el asesinato de los pueblos que ahora aún se mantienen en coma, aunque al mío solo le falte la inhumación.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído