José Luis Palacios: «Insolidario con “sangre de kétchup”»

José Luis Palacios: "Insolidario con “sangre de kétchup”"

Pablo Echenique Robba, portavoz de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados, “aborigen” de Rosario, Santa Fe, Argentina, doctorado “cum fraude” en el Programa de Física Teórica de la Universidad de Zaragoza y el responsable, como “metre mayor de Podemos”, de planificar y gestionar los “pucherazos podemitas”; estas, son reseñas de “retrete” para aquellos que no conozcan la verdadera fotografía de la desvergüenza humana. Robba, con dos “b” de burro, en su fascinación por la figura del señor Amancio Ortega, ha manifestado recientemente: «Creo que si el señor Ortega es solidario, y hay mucha gente que dice que lo es destinando dinero de su bolsillo, seguramente esté de acuerdo con que haya un impuesto a la riqueza, porque eso es solidaridad con la gente más humilde»…

Que el señor Ortega es solidario con el pueblo español lo ponen en duda el “metre” y tres o cuatro tarados más. En las declaraciones obtusas del “monstruo de Rosario” se evidencia que la dinámica cerebral de los neurotransmisores que regulan sus emociones no le funcionan…, o que nos quiere embaucar.

Pensemos que se trata de la disyuntiva. Su argucia es simple: Establecer una correlación directa entre solidaridad e impuestos.

El “dulce Eche”, como figura política y mediática, no debería tirarse a la “pisci sin flota” con sus credos infantiles sobre el señor Ortega y la solidaridad, sobre todo, si utiliza el argumentario político del podemismo populista/comunista en la creencia que fidelizará a sus votantes; por cierto, cada día son menos y más analfabetos de puchero. Al grano: ¿La aplicación de los impuestos se debe realizar con criterios solidarios? La respuesta, a bote pronto, es un sí con la boquita pequeña, y un sí “deben ser justos” con la boca grande. Sin embargo, si los gestores políticos de los impuestos no comprenden qué es la “justicia” ni la “solidaridad”, difícilmente podrán exigirla y/o aplicarla.

Es apremiante que el político de Rosario solicite audiencia a “La Jefa Podemita”, la Ministra de Igual-da, “Irenita”, la mujer del eurodiputado que en 2014/15 contrató a Dina Bousselham como “asesora muy personal” en el Parlamento Europeo. Aceptada la audiencia, la ministra, con carácter oficial, le aclarará a “Eche” el término “solidaridad”. Y, sin duda, la cultivada, politóloga y cuasi doctora en psicología-tía se lo dilucidará en un periquete; lo remitirá a la RAE y, a otra cosa de más feminismo.

Allí, en la RAE, el “metre” leerá que solidaridad es la “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Evidentemente, el “aborigen de Rosario” no es sociólogo ni nada que se le parezca; él es “doctor, maestro plagiador, en física”, un idiota que cuando se siente agobiado o carece de evidencias recurre a condicionantes y/o a afirmaciones pueriles para construir “significante vacíos” y presentarlos al pueblo podemita. “Si el señor Ortega es solidario, estará de acuerdo con que haya un impuesto a la riqueza”. “Un impuesto a la riqueza es solidaridad con la gente más humilde”.

El cerebro perturbado del carismático político podemita nos arrastra sin remisión a un axioma: “Echenique, un gran excremento de hombre”. El “monstruo de Rosario” nunca asumirá que la solidaridad es un sentimiento que nos une a metas o necesidades de otras personas sin esperar nada a cambio; un sentimiento que es el corolario de las emociones de algunos seres y que él, el verdadero enemigo del género humano, hasta la fecha, nunca ha disfrutado.

Muchos contribuyentes, cuando pagamos los impuestos, no pretendemos ser solidarios, tan solo esperamos que quienes gestionan “las perras” lo hagan como “buenos padres de familia” para que las necesidades perentorias de nuestros semejantes, y algunas de las nuestras, sean atendidas con justicia. El sentimiento de solidaridad es individual, y no es la aptitud de un Gobierno que, presumiendo de solidario, derrocha el dinero de las imposiciones tributarias. Sobre todo, si, a priori, sabemos que los ingresos tributarios los mercadearan políticos incapaces de comprender la función de “servicio público”, pero que sí dominan el arte de dilapidar en su beneficio, comprando votos y llenándose los bolsillos, y en retorcer la realidad con dádivas a quienes consideran “los suyos”; y “los otros” que se jodan.

Las personas que ganan el dinero dignamente están en su derecho de ser solidarios con aquellos que consideren o con las ideas que les plazca, sin necesidad de estar conformes con los impuestos que les obligan a pagar ni con las ideas de los “políticos solidarios” que gestionen “la manteca” en su nombre.
Las ocurrencias del “monstruo plagiador”, sobre la solidaridad demostrada del señor Ortega, tan solo evidencian impotencia y cobardía del “guapete Eche”. A tenor de los históricos de su vida pública, afirmo que, en un porcentaje próximo al ciento por ciento, las frases diarreicas que Echenique balbucea del señor Ortega no son de “producción neuronal propia”. Se trata de conceptos construidos por “otros colegas” que él ha entendido oír, o por algunos renglones que ha leído en cualquier “papelote podemita plagiado”.

En el análisis que nos ocupa, la solidaridad, el bufón y viceberzas, del “coleccionista de muñecas” y de su actual compañera “Irenita”, nos ha regalado brochazos de egoísmo y de una gran falta de empatía que resaltan por su excelsa belleza. ¡Veamos algunas! El viceberzas, en su día, fue ese señorito que con tanto garbo y salero nos deleitó con la jota “Chúpame la minga, Dominga, que tiene sustancia”; el mismo susodicho que, ejerciendo su trabajo de parlamentario europeo en 2015, se fumigó, con independencia de su salario, 1.225 euros/día del erario público europeo; la misma hiena que “paga en negro” a su asistente, a esa persona que cuida de ti y te ayuda en aquello que no puedes hacer por tus propios medios. ¿He dicho negro? Perdón, lo reemplazaré por “cuando no das de alta a tu asistente en la Seguridad Social y le robas parte de la potencial pensión, a pesar de mantener una relación laboral entre ambos que manosea la insolidaridad”; y fue poco “solidario” cuando, agazapado en las mentiras, afirmó con “su jeta tuitera” que “En el mundo real, el coronavirus está absolutamente controlado en España”. Éste es mi retorcido y egoísta bufón del alma; ¡no lo cambiéis!

Echenique, el irradiador de repulsa hacia su persona, no pretende molestar a los demás con sus declaraciones, él es “bueniño”, tan solo trata de mantenerse en el candelero, ganarse el sueldo lanzando carnaza al aire para que no atendamos a las “faldas pagadas” de su Jefe y, de pasada, “tocarnos las narices y algo más”. Y ni tan siquiera quiere fastidiarnos cuando desde su poltrona móvil, la real y la imaginaria, nos mira con repugnancia lujuriante, prometiendo venganza con sus ojazos teñidos de odio morado, un desquite que no nos percatamos a cuento de qué viene; y, tras esa mirada que mata, antepone un silencio ensayado que da ganas de endiñarle un guantazo en la espalda, por si se ha atragantado de cólera, para que pueda expectorar su “frasecita sutil” que tan solo comprenden unos cuantos privilegiados.

Echenique, un pobre inmisericorde, un ejemplo vivo de «ética podemita comunista»; quien, hasta la fecha, ha demostrado que él «solito» tan solo sabe contar chistes… ¡muy malos!; que sabe pegarse tiros en los pies con sus desacertadas declaraciones; y su simple presencia nos confirma que la «solidaridad» que ha recibido de los españoles fue ingente, y la que él ha “regalado” tan solo fue cuestión del azar, bien poca; y que…, su sangre es tan «espesa y maléfica» que la confunde con el kétchup…, y su bilis con la mostaza caducada.

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