EL SISTEMA QUIERE FORJAR INDIVIDUOS DÓCILES, SUMISOS, INSEGUROS, DISPUESTOS SIEMPRE A ACATAR ÓRDENES SIN CUESTIONAR SU LEGALIDAD

Mascarilla y maltrato infantil

Mascarilla y maltrato infantil

En el tiempo que llevamos de epidemia, hemos dicho en repetidas ocasiones que la mascarilla es todo un símbolo con variadas connotaciones y una influencia subliminal en la sociedad, incluso para aquellos que la aplauden y se sienten protegidos al llevarla. Una mascarilla significa peligro. De hecho es un elemento que se utiliza en quirófanos y en zonas especiales de contaminación. El barbijo, como dicen nuestros hermanos argentinos, tiene efectos físicos  indeseables, ya harto comentados por especialistas desde los primeros momentos de la imposición colectiva, como hipoxia, mareos, desmayos, estrés, ansiedad, pero también otros más sutiles como la tristeza o la desconfianza recíproca que provoca una cara tapada, sin expresión ni sonrisa. Estos síntomas son agravados por otras medidas restrictivas, tales como las reuniones limitadas, tanto en casa como en los lugares públicos, la distancia de seguridad, la imposibilidad del tacto y el abrazo. Todo esto genera pena, inseguridad y la incertidumbre de no ver luz al final del túnel, pues no parece que estén dispuestos a dan por finalizada esta escenificación de sesión continua hasta que no tengan dispuestas las vacunas experimentales. Pero los tapabocas tienen otros efectos a nivel psicológico, no tan fácilmente detectables. A mí me preocupan más estos impactos no visibles ni procesados que quedan almacenados en nuestro subconsciente, y que muy posiblemente van a condicionar nuestras vidas. Y aquí entro de lleno en el asunto de los niños, un tema que investigo desde hace años desde el ámbito del periodismo de investigación. El estáblisment quiere a los niños en propiedad, es decir, que sean controlados por los Estados desde edades tempranas; por eso, en las últimas décadas, han ido imponiendo leyes y normativas que cada vez invaden más las competencias de la patria potestad. Tal es el caso de las vacunas, la educación sexual –con determinadas  prácticas explícitas—, e incluso la educación religiosa y en valores. No es este el momento de profundizar, pero sí hay que decir que la International Planned Parenthood (IPPF), a través de las Conferencias de las Naciones Unidas sobre la mujer, ha tenido un papel preponderante en esta dinámica de intervencionismo del Estado en los asuntos de la infancia.

Volviendo al tema que nos ocupa, obligar a los niños a usar mascarilla, cuando se sabe que no es necesaria, es un acto grave de maltrato infantil. Solo desde la mala fe se puede imponer esto. A no ser que se persiga un entrenamiento precoz de los próximos súbditos del futuro, de la dictadura totalitaria mundial, que tienen en la agenda. ¿Se están aplicando técnicas de control mental con nuestros niños?  Este es un tema largo y complicado, pero muy importante a la hora de encajar las piezas del tablero.

Ayer recibí varias noticias de niños que se habían desmayado en la calle a causa de la mascarilla, así como tres niños muertos por la misma razón, a las que hay que añadir el vídeo del doctor alemán que cuenta entre lágrimas uno de los casos. También me llegaron unas fotos de un país oriental y me dieron ganas de llorar. Se veía a niños de cinco o seis años con su mascarilla, jugando con unas piezas de colores, cada uno en su jaula, solos, completamente aislados unos de otros. Otras fotografías mostraban a adolescentes, también con mascarilla, en cabinas del tipo de las clases de las escuelas de idiomas de hace años. Aislados también y con ojos profundamente tristes. Era fácil adivinar que después de la clase, se iría cada uno a su casa, sin una broma, un empujón, un abrazo ni otro signo de comunicación. En España, aún no se ha llegado a esto, pero sabemos que nuestros niños están siendo maltratados, que tienen comportamientos obsesivos con el lavado de manos, miedo a contagiar al abuelo, o de morirse ellos mismos.

Ante esto cabe preguntarse si el “sistema” no sabe que esto perjudica la salud física y mental de los niños y, por consiguiente, su desarrollo como personas íntegras y equilibradas. Hay que preguntarse también si al sistema le interesan adultos sanos, creativos, con una alta autoestima y capaces de pensar por sí mismos, o si, por el contrario, como expresé más arriba, quiere forjar individuos dóciles, sumisos, inseguros, dispuestos siempre a acatar órdenes sin cuestionarse su legalidad. Hablo, claro está, del derecho natural y no del derecho positivo y, mucho menos, del derecho alternativo, basado en los conceptos más cínicos del relativismo moral.

Yo no trabajo con niños, pero sí trato a adultos que tienen un niño interior muy herido, como la mayoría de los seres humanos. En no pocas  ocasiones vemos en consulta a hombres y mujeres de rompe y rasga en sus actividades cotidianas, exitosas muchas veces, que rompen a llorar cuando tocamos la herida del niño interior. Un niño interior que no se ve si no se busca, pero que se manifiesta continuamente en muchas de nuestras facetas de la vida adulta, dándonos pistas para que le prestemos atención y lo sanemos. Un problema de desvalorización, de abandono, de pérdida de territorio, de tristeza profunda, de inseguridad, de miedo o de fobia, muchas veces tiene su origen en una situación no gestionada de la infancia, incluso de la etapa prenatal. Por eso es tan importante ahondar en estas memorias del periodo vital para localizar el momento conflictual, lo que denominamos la emoción fundante. Cuando abordamos esto con éxito y somos capaces de producir la catarsis y de sanar esas heridas, es como un reseteo mental que renueva a la persona.

Basándonos en la evidencia, podemos augurar que si seguimos con estos parámetros, estos niños 2020, serán inseguros, desconfiados y con baja autoestima. Es lo que desean las élites globalistas, pero no podemos permitir que esto se lleve a término. Políticamente estamos solos. Ni un solo partido político en el mundo se ha atrevido a decir “basta”. La sociedad civil tiene un desafío importante: tomar las riendas del cambio. Una serie de colectivos, Médicos por la Verdad, Psicólogos por la Verdad, Abogados por la Verdad, Docentes por la Verdad, y otros muchos grupos están trabajando para que la VERDAD con mayúsculas salga a la luz y podamos despertar de esta pesadilla que parece no tener fin. Animo a los jueces a que tomen parte en esto. Ellos no pueden depender de ningún otro poder que no sea su conciencia. Animo al público en general a este despertar necesario que ya tiene germen en todo el mundo, aunque aún no sea muy visible. Somos muchos y trabajamos por el bien y lo justo. Únete a la lucha. Posiblemente sea la acción más noble de tu vida. No la desaproveches. El mundo te necesita.

NOTA. Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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