Las primarias del PSOE andaluz van a ser fratricidas

A Pedro Sánchez le crecen los enanos: el efecto 4-M se extiende por toda España

La apabullante derrota frente a la popular Ayuso en Madrid, pone en evidencia que el líder del PSOE no tiene otro proyecto que seguir en el cargo

A Pedro Sánchez le crecen los enanos: el efecto 4-M se extiende por toda España
Pedro Sánchez (PSOE), el circo y los enanos. PD

Por esa fascinación que los números redondos tienen sobre los humanos, da la impresión de que estamos obligados a hacer balance del 15-M.

Se acaban de cumplir exactamente 10 años del momento en que comenzó la mítica acampada de los ‘indignados’ en la Puerta del Sol de Madrid y además de recordar que gobernaba en España el inefable Zapatero, hay que subrayar, transcurrida una década, que es evidente su fracaso como proyecto político.

El 15-M ha dejado una enorme frustración en la inmensa mayoría de sus protagonistas y un gran éxito personal, económico y social para los ‘listos’ que aparecían como líderes.

Pablo Iglesias y compinches no asaltaron los ‘cielos’, aunque lograron colocarse en puestos oficiales de relumbrón y sobre todo han mejorado mucho sus cuentas corrientes y sus capitales inmobiliarios.

Del 4-M, que también forma ya parte de los mítico por el tremendo revolcón que el centroderecha pegó a la izquierda, sólo han pasado 12 días pero también hay que hacer balance y no puede ser más negativo para Pedro Sánchez.

Desde que termino el recuento y se hizo evidente que la popular Isabel Díaz Ayuso le había infligido una humillante derrota en todos los campos, edades y distritos de la principal región de España, Sánchez no levanta cabeza.

Corre el líder del PSOE como un pollo sin cabeza y todo le sale mal.

Como dirían los clásicos, si Sánchez montase hoy un circo, le crecían los enanos.

Aconsejando por el gurú Iván Redondo, el presidente del Gobierno PSOE-Podemos ha convertido la vacunación en monotema de sus intervenciones públicas, porque no tiene otro mensaje que le sirva ante la opinión pública.

El resultado de las urnas madrileñas ha tenido el efecto clarificador de dejar al descubierto que Sánchez carece de proyecto político para España y que su único objetivo, al precio que sea, es seguir durmiendo en el colchón de La Moncloa que compró cuando proetarras vascos, golpistas catalanes y los zarrapastrosos de Podemos le ayudaron a sacar adelante su moción de censura contra mariano Rajoy.

Sánchez formó un Gobierno Frankenstein como la única opción que tenía para llegar a La Moncloa.

En la actualidad esa coalición está vacía políticamente y sólo es un consorcio de poder, no de gobierno.

La salida de Pablo Iglesias deja en precario a Podemos, cuyo pronóstico a escala nacional no es mejor que el resultado obtenido en las elecciones madrileñas.

El partido morado carece de liderazgo hasta junio, pero nada asegura que las disputas entre facciones se zanjen con un voto de lealtad a Yolanda Díaz o Ione Belarra, factores de una alternativa que debe temer más a la amenaza de Más País que a la de la derecha.

La cuestión catalana empeora por días, pese a que Sánchez apostó por el exministro de Sanidad para un pacto de izquierdas que nunca ha estado en la agenda de ERC.

La realidad de Cataluña enmienda la plana de los discursos buenistas de Sánchez para atraerse a los nacionalistas, centrados en cómo copar el poder autonómico, no en cómo devolver la normalidad institucional a Cataluña, que hoy representa otro fracaso de Sánchez. No es tampoco el único quebradero de cabeza territorial que tiene el presidente del Gobierno.

Además de la conmoción madrileña, en la que siguen instalados algunos ministros, Andalucía es un doble problema para Sánchez.

Por un lado, porque el Gobierno de Juan Manuel Moreno parece seguir, a su estilo, los pasos de Ayuso en cuanto a confianza ciudadana y valoración de su gestión.

Como pronostica ABC este 16 de mayo de 2021, las primarias del PSOE andaluz van a ser fratricidas.

No hay un choque ideológico o diferencias de fondo entre entre Juan Espadas y Susana Díaz. Ninguno critica los pactos con Bidu de su jefe en Madrid, los apaños con los independentistas o los priviklegios que se concenden a los terroristas asesinos.

Todo es una pugna por puestos, por presupuesto, poder local y la posibilidad de colocar enchufados y eso despierta tantas pasiones como frustraciones, lo que puede mandar a mucho votante socialista a la abstención, a otros partidos de izquierda o al PP.

Mirando el escenario internacional, Sánchez se encuentra con la indiferencia de Joe Biden, un conflicto creciente con Marruecos y la preocupación de Bruselas por los supuestos planes de recuperación que tiene que financiar con fondos europeos.

Son los principales campos de actuación de la diplomacia española, y el Gobierno está perdiendo fuelle.

La ausencia de consenso con el PP para renovar el CGPJ y el Tribunal Constitucional va más allá de la negativa de los populares a pactar con el Gobierno y demuestra la incapacidad de Sánchez para liderar propuestas capaces de atraer a la oposición. Esta es una de las principales responsabilidades de un dirigente democrático, y Sánchez no la cumple.

Por el contrario, ha querido soslayar los acuerdos con la oposición a golpe de real decreto, y el abuso de este mecanismo legal ha sido señalado ya por el TC en dos sentencias sucesivas.

La más relevante ha sido la que anula la reforma que Sánchez urdió para meter a Pablo Iglesias en la comisión de control del CNI.

Aquella fue una maniobra política temeraria y una argucia jurídica chapucera.

No debe extrañar que las encuestas estén siendo receptivas a la onda expansiva de las elecciones en Madrid, que han actuado como un revulsivo crítico de la opinión pública sobre el Gobierno de Sánchez, como si los ciudadanos hubieran caído en la cuenta de que el rey está desnudo y no puede ser aplaudido.

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