A la yugular.
El cambio de rumbo de Pedro Sánchez con respecto al Sáhara Occidental sigue generando toda una riada de reacciones críticas.
El comunicador turolense tiene claro que el dirigente de La Moncloa ha conseguido con algo realmente inédito, haber cabreado a partes iguales tanto al reino alauí como ahora a Argelia.
Y es que al socialista le viene persiguiendo desde hace muchos meses el asunto del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, cuando de tapadillo se le introdujo en España y provocó el enfado lógico de Marruecos.
Ahora, para ‘compensar’ al rey Mohamed VI, Pedro Sánchez hace saltar por los aires casi cinco décadas de supuesta neutralidad de España con el Sáhara Occidental y pasa de defender una futura autodeterminación de ese pueblo a apoyar su integración en Marruecos.
Así lo analiza el también director de ‘Es la Mañana de Federico’ (esRadio):
Sánchez ha hecho dos cosas inexplicables, propias de un necio: indignar a Marruecos al acoger al cabecilla polisario Ghali, e indignar a Argelia al reconocer en una carta obscenamente obsequiosa la soberanía marroquí sobre el Sahara. Albares, el almuecín de Sánchez, quiere que creamos que Marruecos y Argelia nos comprenden y respetan. Es justo al revés.
Losantos es contundente a la hora de señalar que con Pedro Sánchez en el poder es imposible respetar ningún consenso en política exterior porque, evidentemente, tampoco se respetan dentro de nuestra propia nación:
Pero ¿cuántos años hace que no hay un debate serio sobre nuestra política de defensa? Feijóo, con ese brío inédito que despliega en los mítines, dice que Sánchez ha roto todos los consensos de Estado en política exterior. Cierto. Pero ¿cómo va a respetar los consensos en política exterior alguien que los ha roto todos en política interior? Nos situamos en un vacío que con Sánchez en el Poder se ha hecho tenebroso. Pero la oposición tiene casi la misma culpa, por camuflar como consenso la falta de ideas originales en materia de defensa. Y la opinión pública, igual.

No obstante, recuerda el periodista de Orihuela del Tremedal (Teruel), la cuestión saharaui siempre ha resultado espinosa para la diplomacia española:
La solución diplomática ha sido un hábil eufemismo mediante el que España se ha quitado de en medio y ha dejado que Marruecos y Argelia se maten por un desierto del que también el Polisario nos echaba por el terror. Los que defienden el deber moral de España con el Polisario olvidan los salvajes atentados de Ghali contra nuestros soldados y marineros canarios.
Pero, sobre todo, olvidan que, tras nuestra salida militar del Sahara, el eje de defensa es el Baleares-Estrecho-Canarias, y los problemas esenciales son el acceso al gas de Argelia y la inmigración ilegal por Marruecos. Todo lo sucedido en estos últimos años se reduce al forcejeo de las dos potencias del Magreb, embarcadas en un rearme militar espectacular, preludio de una guerra feroz que no se ha desatado por el actual equilibrio de fuerzas.
Asevera Jiménez Losantos que Marruecos da por hecho que acabará desatándose esa pugna argelino-marroquí:
Marruecos la cree segura, de ahí el reconocimiento de Israel a cambio de su mejor material, el apoyo USA a la absorción del Sahara, junto a Francia y Alemania. Putin también ha recuperado las alianzas soviéticas. De ahí el rearme de Argelia y la utilización del gas como herramienta militar de presión contra España.
Marruecos ha sabido resistir -treinta años gastando sumas enormes en el Muro del Desierto contra las incursiones del Polisario desde Argelia- y con el reconocimiento de Israel se ha colocado abiertamente en el bando occidental, que, a cambio, le ha apoyado diplomáticamente con el Sahara. Mientras, España, desde Zapatero, merodea los arrabales antioccidentales y juega a asegurarse el gas de Argelia sin dejar de pagar a Marruecos para que frene la inmigración ilegal.

