La historia universal , en la que está incluida también la historia hispánica, relata muchos hechos, ambienta muchas descripciones y potencia muchos relatos, dando objetivada explicitación de la existencia de ellos, su presencia y del porqué de los mismos, así como sus implicaciones y trascendencias. Algunos de tales acontecimientos han pasado al legado universal histórico, por su sobresaliente importancia, con nombre propio.
Hoy nos referimos a uno de ellos.
Estamos donde sí que estamos (en Zamora/Regionalidad Leonesa/España/Unión Europea), con lo que en derredor estamos (en una bolsa de subdesarrollo europeo, de arriba abajo y de abajo arriba, que hace franja junto a “La Raya de Portugal”) y orlados por los que estamos (nuestros convecinos [constitucionales ciudadanos regionales leoneses, amén de ciudadanos españoles y ciudadanos europeos] de todo orden/nivel/tipo/condición/posibilidad).
Estamos a, en fecha, 12 de julio, y es, a lo que se ve, un día más, pudiera ser que, sin explicaciones aducentes, seguramente es un día más, incluso tendría, dentro de la regularidad secuencial temporalizada, que ser un día más, como han sido, en la pretérita anterioridad mensual, los otros días, sí, los días aquellos que, con la cadencia constatable, ya pasaron, e incluso, podría ser, en avanzando futuro, de los días que podrán venir.
Pero este día resulta, el propio día en sí, nos parece intuitivamente que es otro día, incluso posiblemente sea otro día, de hecho, calendario en mano, es otro día, tal vez no es, por lo que lo zarandeamos, un día cualquiera, lo cual, y en principio haría sobresalir el día, sería un destacado día con proyección, que tiene un originario día pretérito, que viene, en nuestros ancestros familiares, de una saga/estirpe/raíz de días cimeros, de enjundiosos días encumbrados, como días de especificación y magnificencia singularizada.
Estamos hacia el origen de un «encuadre/momento día» que los globaliza a todos ellos, sacándolos del montón de los días anónimos, focalizando per se el día, con luz propia en sí mismo, enalteciendo sobremanera la jornada del día concreto, describiendo pinceladamente el hacer de tal día, nominando escénicamente a quienes sí estaban ese día, concretando los aconteceres todos, singulares y plurales, del día mismo, situándolo en la modular vectorización del día, dibujándolo armónicamente como tal día, describiéndolo, por su propio ser, como día entre los días, singularizándolo, en su individualización, como día mayestático, conceptuándolo como preponderante día excepcional y ubicándolo preponderantemente como día cimero.
Ciertamente este día, como ocurre con otros, podía ser otro día, pero estamos, ahora y aquí, en el día 12 de julio, y este es, por y para él, un solo día, un escueto único día, un día extraordinario a situar, un día para integralmente enaltecer y, sobre todo y a mayores, un día para recordar siempre. Es como, a través del proceloso hacer del proceso histórico, nuestro día, nos llega esta ocasión , para decir sobre este día, que es «El Día de Zamora”.
En este acompañado nuestro de “El Día de Zamora”, damos gracias a quienes, en el arcano pasado, protagonizaron el día, en aquel que fue el 12 de julio del año 901, ya que de la estirpe de ese día somos los de aquí, a la memoria de tal día fraternalmente nos debemos todos, por los esforzados de aquel día aún estamos, en nuestra libre voluntad presente de hoy día, con la memoria integral de nuestro ya milenario día, proseguidamente, codo con codo, seguiremos.
Sea “Gloria y Honor”, excelso y permanente, a quienes de nuestros antepasados hicieron mancomunadamente posible, efectivo y real: «El Día de Zamora”.
Fue un 12 de julio del año 901, un día sobradamente milenario, fue «El Día de Zamora”.
