Saludos. Este documento que ha llegado a sus manos o pantalla, posiblemente no sea el primero de este tipo.
Aún así acudo a usted sin la intención de que me regale poco más que su atención y por favor consiga que este documento sea reproducido en algún lugar, ya sea en un
blog, en su periódico o simplemente sea enviado a otros mails que usted crea puedan estar interesados en este mensaje.
Gracias por adelantado.
Relataré mi situación personal, no con propósito de despertar sentimientos de lástima o pena, solo tal vez, empatía o meramente informar, aunque no sea noticia.
Soy un estudiante universitario, de una carrera con cierto futuro y salida profesional, siempre que se busque, es decir, esforzándose por encontrar ese puesto y no esperando sentado a que toquen en la puerta.
Mi expediente no es malo y se acerca a una puntuación de 8 de media, lo cual puede resultar baja dependiendo de la carrera pero que en mi caso no está nada mal. Sin embargo, el próximo año, deberé de dejar mi carrera y posiblemente algo más.
Durante los años de bienaventuranza (porque en algún momento la fé tuvo algo que ver) económica de este país, fuí un obrero, trabajé ganando mucho más dinero que algunos profesionales que necesitaban de más estudios que yo para desempeñar mi puesto.
En esos años, mi familia y yo, tuvimos una buena vida. ¿Excesiva? Depende de lo que sea el exceso, teníamos
una casa pagada, un coche nuevo, dos vehículos dedicados al trabajo y otro familiar, estos con unos cuantos años a sus espaldas.
Mi vida de trabajador, jamás llego a llenarme, y por mucho dinero que tuve y gasté, llegué a la conclusión que mucho dinero no te hace feliz, pero tampoco debería faltar.
Así, dejé mi trabajo y tomé lo ahorrado para irme a estudiar fuera de mi casa, mientras algunos seguían ganando muy buenos sueldos, pero empezaban a mirar a un lado y a otro, pensando que algo debía de sobrevenir. Mientras estudié, me dediqué a compaginar ciertos trabajos de los llamados basura.
Traté de ser el más competente dentro de un trabajo en el que se valoraba no calentarse mucho la cabeza, realizar el trabajo mínimo, pasar el día.
Recuerdo aquellos días con ciertos problemas para llevar a cabo mis objetivos académicos, lo cual desembocó en tener que dedicar un año más para llevar a cabo y finalizar mis estudios de Bachillerato.
Al año siguiente, volví a casa, pues no podía seguir estudiando fuera de ella y aunque me costaría desplazarme todos los días desde mi casa a la universidad, era la única opción que me quedaba.
En este momento, la palabra crisis llevaba 2 años en boca de todos. Mi familia comenzaba a acusar la falta de trabajo.
La construcción ya no era un medio de vida. Mi hermano
decidió seguir probando suerte con la fontanería, a día de hoy sobrevive con un trabajo de vez en cuando, aquí y allá.
Yo pensé que mi única salida, era el sistema de becas y tratar también de ser el mejor.
Recibí el año anterior una beca que me pagaba las tasas, con la cual, haciendo un esfuerzo económico por parte de mi familia, conseguí terminar el año anterior con la media anteriormente citada.
El verano lo dediqué a trabajar, y no precisamente a estar de vacaciones, no había nada que celebrar.
Finalmente, con la llegada de Septiembre comenzaba de nuevo el curso, y esta vez, haciendo cuentas era mucho más rentable vivir de alquiler que desplazarme todos los días desde haciendo cuentas era mucho más rentable vivir de alquiler que desplazarme todos los días desde mi domicilio familiar, por la subida de los carburantes y por ende, del transporte.
Después de esperar varios meses, y habiendo terminado la primera mitad de este curso académico, aún no conocía nada sobre mi beca, tenía que pagar las tasas en pocas semanas, y sin ese dinero, tendría que abandonar la carrera.
Mi familia no podía ayudarme, los trabajos sueltos que había realizado a lo largo de la primera mitad del curso, junto con mis ahorros, no daban mucho más que para pagar comida, luz y alquiler.
En Marzo llegó la respuesta, recibí el suplemento de 150€ por productividad y las tasas, un soplo de aire, ahora las cuentas salían y puedo terminar este año.
No he salido «de fiesta», ni he viajado este año, no he vivido por encima de mis posibilidades y austeridad es poco comparado con como vivo.
El premio a tal esfuerzo, e intentar cambiar un poco mi vida, es que la educación, sufre más recortes.
Y estos recortes, las historias personales no tienen cabida. He contado la mía, porque no creo que sea el único que está así.
Cuando hablo con compañeros, somos muchos los que vivimos esta situación, y quien no la vive nos contempla y asiente, dicen comprender lo que está pasando, comprenden que no es normal asfixiar tanto, llegar hasta tales límites.
Podrían mirar hacia otro lado, pues es cierto que todavía no parece tocar a todos, pero solo es en apariencia.
Todos conocemos a alguien que está pasándolo mal, pero nosotros podemos terminar también en ese lugar.
Podemos creer que no nos tocará nunca a nosotros, pero esto no es un cancer, no es azar.
Esto es algo que tiene un origen, y tiene un fin, y nosotros estamos en medio.
En algún momento, es posible que tal o cual medida, nos afecte.
Por favor, haced un leve ejercicio de introspección y pensad, solo 5 minutos, pensad a donde va esto, pensad si esta historia no tiene nada que ver con vosotros.
Si no sois el currante que quiere cambiar para tener un mejor trabajo, el que está en el trabajo basura, el que está estudiando al límite de sus posibilidades económicas, o el que ya sabe que va a tener que dejar de perseguir lo que le pareció un sueño cumplido, el que tiene un amigo sin trabajo.
Sois personas, tenéis que comer, beber, trabajar, vivir, soñar, crecer, aprender, disfrutar, sois todo eso.
Y no os llamo bajo ninguna bandera, símbolo, nombre, posición, o Dios. Me da igual tu creencia, tu equipo de fútbol, tu ideal político, tu posición social, la ciudad en la que vives, el idioma que hablas, el color de tu piel, tienes necesidades y deseos, y todas estas medidas están en contra de llevarlas a cabo.
Solo os pido, que leáis el BOE de medidas de emergencia en sanidad y educación. Solo me remito a los hechos, a lo escrito. Solo a eso, apelo a lo que sucede y no al futuro, sino al ahora. Gracias.
NOTA.- Si ha llegado a este punto de la lectura, el mensaje que deseaba comunicar termina arriba, así pues, periodista, editor, ministro, consejero, en fin, persona que lea estas lineas, comuníquelo, si fuera editado, por favor no cambie el contenido aunque remarque a su gusto los pasajes que le parezcan más esclarecedores o importantes.
No creo que falte comunicación pero recordar esto, y que a veces nos duela la cabeza del malestar. Ese malestar que nos genera es símbolo de algo, algo que debemos hacer.
Un anónimo.


