En su participación en la campaña electoral para las próximas elecciones en Castilla y León, el presidente del gobierno ha anunciado muy recientemente en Zamora que llevará pronto al Consejo de Ministros la declaración de interés para la defensa nacional del cuartel de Montelarreina. Ello en un contexto en el que, según el presidente, la administración ha de acercarse al ciudadano siguiendo una “necesaria descentralización”, repartiendo el crecimiento y las oportunidades. Se trataría de un proyecto con un impacto en la provincia de 40 millones que atraería a 4.000 personas con sus familias, siempre según Sánchez, quien afirmó que ya están incluidos 20 millones de euros al respecto en los Presupuestos Generales del Estado.
Aunque el presidente no entró en detalles, quiero recordar que el asunto estuvo muy en boga el pasado otoño, con visita relámpago incluida a las instalaciones por parte de la ministra de defensa, aunque la cifra de militares que se barajaba entonces, más ajustada a la realidad, era de unos 1.300/1.400, pertenecientes a dos unidades tipo batallón y regimiento; estos sumarían con sus allegados unas 4.000 personas. También estimo bueno traer a consideración que el diputado nacional de Ciudadanos Miguel Gutiérrez tildaba a finales de octubre último a esta operación como de “absoluto disparate”, aunque enseguida matizaba sus palabras aduciendo que, en realidad, echaba en falta “un plan sensato contra la despoblación”. Por su parte, tras la alocución citada de Sánchez, el candidato de Ciudadanos por Zamora a las Cortes de Castilla y León, señor Martín Carretero, acusaba a Pedro Sánchez de incidir por enésima vez sobre el campamento militar de Montelarreina, afeando que los impuestos que pagan los ciudadanos sirvan para “hacer falsas promesas durante la campaña electoral”. Hasta aquí, lo más importante publicado sobre el asunto que hemos recogido de unos y otros.
Pero, hagamos de nuevo pié y fonda en la “bien cercada” Zamora, poesía sublime del Románico y de la gente de bien. Tomando la N-122 en dirección a Toro -otra joya inconmensurable en ambos aspectos-, a unos 20 kms de la primera, se encuentra el campamento militar de Montelarreina, entre la orilla norte del Duero y la carretera. Dispone de una zona para ejercicios y campos de tiro justo al norte de esta vía, y disfruta de la cercanía de un apeadero de Renfe con muelle, lo que le da grandes posibilidades para su uso por unidades militares. Su gran inconveniente es que, en su parte colindante con el rio, es susceptible de inundaciones, como ocurriera en 1961.
Hasta hace casi tres décadas, miles de jóvenes españoles pasaban por sus instalaciones para formarse como militares, o mejorar su instrucción. Se trataba de un campamento de uso discontinuo por parte de las unidades militares y academias, especialmente concurrido en época estival. Durante muchos días de su estancia, estos jóvenes visitaban las dos ciudades cercanas y dejaban allí su impronta cuasi juvenil, amén de aportar a la economía de la zona. Por supuesto, toda la manutención de los miles de alojados en las diversas fases de utilización servía también para esta finalidad.
Montelarreina está presidido ahora por la maleza y el olvido, encontrándose sus instalaciones prácticamente derruidas. Es un claro ejemplo de abandono por parte de Defensa, que sigue con su titularidad, según reza un cartel a su entrada. Claro que nada en comparación con la dejadez que ha llevado a la vandalización y ocupación en algunos casos de esplendores del neo mudéjar como los acuartelamientos de Daoíz y Velarde y Alfonso XIII en Sevilla, de casi un siglo de existencia; o las magníficas instalaciones del Marqués de la Ensenada en Medina, o el Cuartel de Almansa en León, solo parcialmente reutilizado, marchitándose ambos en su soledad no escogida. Solo son ejemplos. El lamentable espectáculo de ver cómo nadie en las diferentes administraciones pone un cierto orden en semejante despropósito, a un coste irrisorio, dilapidándose así un patrimonio que forma parte de la Historia de España, debería hacer ruborizar a algunos de los rostros más imperturbables que han sido y son en los diferentes niveles competentes al respecto.
Ahora, el gobierno quiere darle nueva vida a Montelarreina asignándole unidades que se destinen a ella de manera permanente. Ignoro si esto es parte de un plan más amplio en que otras zonas despobladas de España tendrían también sus regimientos. Si esto fuese así, no acabo de entender de dónde saldrían tantos de ellos. Si no es así, tampoco me llega el entendimiento para discernir porqué unas áreas serían repobladas con militares y otras no. Lo que sí entiendo de manera prístina es que no se va a producir la llegada de 1.400 militares a la zona -erradicados de los lugares en que desarrollan su vida normal- acompañados de sus familias, como si estas no desempeñaran trabajos, no se formaran en colegios y universidades, no tuviesen grupos de amistades, etc. Es decir, su modo de vida, al que tienen derecho como el resto de los españoles. ¿Qué sería así de la famosa conciliación familiar que tanto impregna la legislación de las Fuerzas Armadas?
Pero el daño no quedaría circunscrito a los militares como personas, por el trato como cosas que recibirían al no poder reclamar ante una orden tan lesiva para su modo cotidiano de vida. ¿Qué criterio propio de defensa se ha tenido en cuenta para trasladar de manera permanente a unidades que se encuentran a pleno rendimiento en otras localizaciones? ¿Dónde se establece que una de las misiones o de los cometidos de las FFAA. es la repoblación del país? Me atrevo a apuntar que esta “grafía de autoritarismo” habría tenido ya una contestación clara y contundente por parte de los afectados, de aplicarse la medida sobre funcionarios de la administración. Pero el presidente no solo parece confundir a la administración con los militares, sino que trata de comenzar primero por estos. Siempre por los que no pueden contradecir, es lo más sencillo.
¿Qué ocurrirá en realidad? Basémonos en el menos común de los sentidos para sugerir que en cuanto se conozcan las unidades que se trasladarán a Montelarreina, se producirá una avalancha de peticiones a otros destinos cercanos al de origen que dejarían a aquellas en cuadro. Incluso de bajas en las FFAA., al tener constatación de que la cosa iría para muy largo o para casi siempre. Si, por otro lado, no se les permitiera pedir otros destinos aunque esto fuese como medida transitoria, estaríamos rayando en la esclavitud que, como ya sabe el lector, fue eliminada en España definitivamente en 1886. A lo anterior se unirían las protestas de las ciudades o territorios que vayan a perder a las unidades. ¿Se trataría de un castigo político para estos territorios?
Las unidades concernidas se presentarían en su nueva ubicación prácticamente desnudas de personal y con el “saber hacer” casi perdido. Volver a completarlas costaría años o incluso no se podría cumplir con ello, precisamente por la escasa población de la zona. Porque, ¿qué ratio de jóvenes de Zamora y sus alrededores debería abrazar la milicia para que en pocos años las unidades estuviesen de nuevo al completo? Mucho me temo que la gran perdedora de toda esta absurda maniobra sea la defensa española. En el caso tan probable que estamos presentando, dos magníficas unidades quedarían languideciendo y proclives a desaparecer, aunque no sé si esto preocupa mucho al señor Sánchez. A mí y a millones de ciudadanos, sí. Este panorama que hemos presentado tiene un soporte empírico claro en la historia de un magnífico Regimiento, con nombre y apellidos, que fue amenazado de traslado a gran distancia durante algún tiempo, y que terminó esfumado en la Historia hace ya algo más de un lustro.
De verdad, que no estamos en materia de defensa para más mutilaciones de unidades. Precisamente, en Zamora existía un magnífico Regimiento de Infantería, el Toledo 35, que fue suprimido de un plumazo en 1987, con el ministro Serra, coincidiendo con el furor de reducciones que de manera incesante ha transcurrido desde esta época. Para los más jóvenes, Serra pertenecía a un gobierno del mismo partido que el que ahora se preocupa por la despoblación de Zamora. En aquel momento, la labor de arraigo a la tierra que podía hacer una unidad de unos 900 soldados importó menos que nada, y miles de jóvenes zamoranos tuvieron que hacer el servicio militar hasta el final del siglo alejado de sus lares. Estoy seguro de que este recuerdo hará comprender a zamoranos y toresanos que no es plato de buen gusto para nadie una erradicación traumática de su lugar de vida y de su familia para muchos años. En definitiva, no habrá una repoblación real de 1.400 militares foráneos con sus familias viviendo de forma permanente en la zona, y mucho menos de 4.000. Os están engañando.
Para concluir, permítanme acudir al famoso término medio aristotélico para tratar de aportar una solución. Vuelva Defensa al uso discontinuo que siempre tuvo Montelarreina, de forma que las unidades vayan rotando por sus instalaciones prácticamente sin solución de continuidad. Serviría para revitalizar la zona y no tendría los inconvenientes aquí expresados. Ni con mucho la rehabilitación del campamento y de los campos de tiro llegaría a los 20 millones presupuestados para obras faraónicas. De ninguna manera. Y no pondríamos en trance de supresión real o por la vía de hechos a dos magníficas unidades. Ni nos sobra el dinero, ni nos sobran las unidades. Carpe diem.
