Alto y claro y también fuerte,
Es lo de “Cafés la Estrella,”
Escuchar … ¡al tostadero!,
Pues suena a que la suerte
De la Maroto, sin que ella
Lo sepa, es ¡al matadero!,
Tal como una oveja,
Cuando el amo necesita
Que le alaguen la oreja,
Porque ya ni anda ni pita;
Si Paríos valió una Misa,
Madrid vale al menos tres,
Como el Día de Difuntos;
Y la Maroto, sumisa,
Ajena a sufrir estrés,
Obviando otros asuntos,
A oírlas está dispuesta,
Ignorando que al mismo tiem-
po son las tres, no de fiesta,
Sino Misas de Requiem;
Haber comprado la moto,
Siendo del vagón de cola
La última, es un alegato
De que tal vez la Maroto,
Tampoco da pie con bola,
Puesto que ha comprado gato
Por liebre … Si para un roto
Vale como para un descosido,
Mejor que juegue a la Loto,
Y a ver si pone en nido
El Sánchez, a la de diez,
Los huevos, que ésta han sido
Sin yema y, ya tal vez
La próxima, con sentido
Ya de su escasa prez.

