España estaba ya en recesión

El Gobierno Zapatero se despidió con una chapuza contable de aupa

La pifia de los socialistas complica todavía más el rescate financiero

Los avances reformistas en materia laboral y financiera no han servido para nada porque el Gobierno no ha tenido redaños para atajar el gasto público y afrontar la reforma del insostenible Estado de las Autonomías

La revisión de los datos de crecimiento de la economía española difundida este 27 de agosto de 2012 por el Instituto Nacional de Estadística (INE) evidencia que la recesión en la que está atrapada España arrancó en el tercer trimestre del año pasado y no en el cuarto, y que, cuatro años después de la caída de Lehman, España nunca ha llegado a atisbar la salida de la crisis, a pesar de los brotes verdes que tanto le gustaba anunciar al anterior Ejecutivo socialista y, en particular, al optimista patológico de su presidente.

El Gobierno socialista que mintió hasta la saciedad respecto al déficit público también lo hizo con el Producto Interior Bruto (PIB): en contra de los mejores augurios, la economía sólo creció un 0,4% el año pasado, frente al avance del 0,7% anunciado, y retrocedió un 0,3% en 2010, frente al 0,1% estimado.

Un dato tan sorprendente como negativo y que puede tener muy malas consecuencias agravando la ya de por sí desastrosa herencia socialista.

La revisión de los datos de Contabilidad Nacional ponen ahora de manifiesto lo que era un secreto a voces: el gasto de las Administraciones tampoco fue controlado el año pasado cuando pesaban sobre España todas las amenazas de Bruselas.

A pesar de las exigencias de austeridad, con evidente irresponsabilidad y cortoplacismo partidista, los dirigentes políticos no quisieron pinchar la burbuja del gasto público en dos años marcados por las elecciones.

La suma de las chapuzas contables y el despilfarro del sector público han colocado a las haciendas autonómicas y central en un callejón con una única salida: el rescate. Cataluña lo solicitó este 29 de agosto, y España está a punto de hacerlo.

Y, por desgracia, no queda otra. Este mismo miércoles, se conocía que la caída del consumo familiar y de la inversión pública habían hecho retroceder el crecimiento de la economía un 0,4% en el segundo trimestre del año.

Un mal dato que unido al ajuste contable impulsa la caída del PIB interanual al 1,3%, cuando el objetivo para 2012 recogido en los Presupuestos es del 1,5%, al tiempo que en los últimos 12 meses se perdían más de 800.000 puestos de trabajo.

Si a ello se suma la caída en los ingresos del Estado, el objetivo de déficit se hace poco menos que inalcanzable y el rescate, al que el ministro de Economía, Luis de Guindos, abría la puerta el lunes, resulta inevitable.

Por mucho que Mariano Rajoy quiera ganar tiempo y hablar de unión financiera, la realidad es que el rescate está cada día más cerca.

Los avances reformistas en materia laboral y financiera no han servido para nada porque el Gobierno no ha tenido redaños para atajar el gasto público y afrontar la reforma del insostenible Estado de las Autonomías.

Por contra, ha preferido dar la espalda a su electorado renunciando a sus principios programáticos.

Ahora, ya no queda tiempo y los expertos descuentan ya recortes en las pensiones, en los subsidios de desempleo e, incluso, una vuelta de turca más en el IVA.

Un precio demasiado caro para unos contribuyentes que ya no dan más de sí y, si Dios no lo remedia, del que sólo saldrán librados -cómo no- los políticos del coche oficial, la traducción simultánea, el iPad y los viajes en business class. Es lo que hay.

 

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